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26.Abr.2026 / 04:13 pm / Haga un comentario

Foto: Cortesía

Por Irán Aguilera

Si hay una manifestación que genera un rechazo unánime en la población venezolana es, sin duda, el racismo. Históricamente, nuestra identidad nacional no se ha construido con muros de separación, sino sobre la base de un amplio mestizaje y de una integración cultural tan profunda que, en el día a día, actúa como un anticuerpo natural. Este mecanismo de defensa social nos protege contra seudoideologías basadas en la absurda segregación, o en que se acepte una supuesta superioridad racial, aberraciones que nunca tendrán cabida en nuestra tierra.

Sin embargo, recientemente hemos sido testigos de cómo estos prejuicios intentan ser reimportados. En un acto político en Madrid, orquestado por la maquinaria del derechista Partido Popular de la señora Ayuso —mezclada con la histérica de VOX para inflar la asistencia—, un cantante nacido en Venezuela, con mucho tiempo fuera, profirió expresiones cargadas de un desprecio racial, cargadas de misoginia, contra la presidenta encargada Delcy Rodríguez, lo cual encendió la indignación nacional. No es un hecho aislado; es el lógico accionar de ese archiconocido círculo de extrema derecha local, el cual tiene un largo historial con tal conducta antidemocrática, pero que además tozudamente se niega a aceptar que esa visión del mundo es ajena al pueblo venezolano.

Este rechazo al racismo es, quizás, una de las características más fuertes de nuestra sociedad. Esta realidad no la logran ver en su justo valor ciertos sectores minúsculos de las élites económicas y sociales. Estos grupos, que habitan en una burbuja hermética —generalmente en sectores privilegiados de Caracas—, son por esencia desnacionalizados. Se asumen como “blancos puros” y se autoadjudican una superioridad que solo existe en su imaginario, desconectados de la raíz que nos define con orgullo.

Lo ocurrido en el nefasto espectáculo montado por la señora Ayuso era de esperarse, pues, como siempre, estaba en el medio la señora María Machado, sempiterna promotora de ese tipo de políticas de corte fascista en nuestro país, y sin duda la ventrílocua del cantante de marras. Ella que encarna a esa vieja élite, movida por sus prejuicios de casta, no ha dudado en promover violencia, pedir sanciones, bloqueo, e incluso invasiones extranjeras, como la ocurrida el pasado 3 de enero. Su objetivo no es la democracia, sino asaltar el poder para restaurar su viejo régimen de privilegios, pretende recuperar el país para esa élite que cree que le pertenece por “derecho de cuna”.

Cuando figuras del espectáculo o actores políticos utilizan discursos cargados de términos despectivos y prejuicios raciales, chocan inevitablemente contra un muro formidable. Ese muro es cotidianidad en Venezuela, nuestra mezcla mestiza es la norma y no la excepción.

Esos discursos de odio evidencian la desesperación de quienes se saben minoría en su propia tierra. Venezuela es un crisol indomable. Frente al proyecto de segregación que proponen las élites y sus aliados internacionales, se alza la bandera de nuestra hermosa identidad.

 

palcarito3@gmail.com

Barcelona/Edo. Anzoátegui

 

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