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13.Sep.2016 / 11:14 am / Haga un comentario

Simón Bolívar

Foto: Archivo

Con su Proclama de Guayaquil del 13 de septiembre de 1826, el Libertador Simón Bolívar conjuró por varios años la desintegración de la Gran Colombia, República brotada de su genio, conteniendo las tendencias regionales de los sectores terratenientes, así como la sostenida trama conspirativa que involucraba a generales localistas, funcionarios consulares de Estados Unidos en las capitales de Departamentos y grupos de comerciantes y letrados que adversaban el proyecto anfictiónico del Padre de la Patria.

El arribo 

El Libertador arribó al puerto de Guayaquil, procedente del Perú, la madrugada del 12 de septiembre de ese año. Inmediatamente comenzó a examinar con hombres de su confianza que le aguardaban desde días atrás la grave situación planteada por la decisión del general José Antonio Páez de separar a Venezuela de la Gran Colombia. Páez procedió de este modo ante la amenaza de un juicio en el Congreso promovido por el partido santanderista en Bogotá. La primera actuación de Bolívar, propia de un alma elevada, es dictar al día siguiente de su llegada una proclama de perdón en la cual se ofrece como único culpable, en la que dice: “No he venido a tiempo”.

La situación

Recuerda Indalecio Liévano Aguirre, que Bolívar, al informarse de la situación calamitosa de los tres Departamentos de la Gran Colombia se sorprende, al percatarse del malestar contra las autoridades de Bogotá y especialmente el vicepresidente Francisco de Paula Santander, resolviendo detenerse a escuchar la voz de los pueblos en las localidades a su paso. En la correspondencia de esos días mostró inconformidad con el Vicepresidente. De otra parte, estaba la desobediencia de Páez al orden institucional, cuando este, citado a un juicio parlamentario en Bogotá, resuelve declararse en rebeldía, desligando a Venezuela de la Gran Colombia. Bolívar en el camino hacia la capital, Bogotá, se encuentra con Santander en la localidad de Tocaima, donde este último negocia como salida de la crisis el apoyo del Libertador en el juicio a Páez. La situación era altamente delicada, pues las élites que generaban opinión en Venezuela rodeaban al general Páez. Finalmente Bolívar con su prestigio y gloria sortearía la coyuntura y salvaría la unión hasta 1830 cuando, con él, sucumba la Gran Colombia.

Lecciones 

La Gran Colombia hizo palpable la posibilidad de que pueblos que vivieron enclaustrados en sus propias fronteras, podían construir una gran República que verificase las potencialidades de la Suramérica de habla hispana como interlocutor válido ante los viejos y nuevos imperios, y con el magno propósito de la suprema felicidad posible a que se refirió el Libertador en su Discurso de Angostura. Este sueño integracionista con su primer ensayo en tiempos de Bolívar, hoy recobra ímpetu con el surgimiento del ALBA-TCP, PetroCaribe, Unasur y Mercosur social, bajo el impulso de la generación de mandatarios antiimperialistas de la primera década del siglo XX y lo que va de la presente.

“No he querido saber quien ha faltado…”

“Grancolombianos: El grito de vuestras aflicciones penetró mis oídos…y he venido a traeros una rama de oliva. Aceptadla como el arca de la salud ¡Qué; no faltan ya enemigos a la Gran Colombia! ¿No hay más españoles en el mundo? (…) Yo no he querido saber quién ha faltado, no he olvidado jamás que sois mis hermanos y mis compañeros de armas. Os llevo…dos brazos para uniros en mi seno; en él entrarán…granadinos y venezolanos, justos e injustos. Todos del Ejército Libertador, todos ciudadanos de la gran República. En vuestra contienda no hay más que un culpable: yo lo soy. No he venido a tiempo (…) todos somos grancolombianos.- Bolívar.- (Proclama), Guayaquil, Septiembre 13 de 1826”.

Correo del Orinoco

 

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