Noticias / Opinión / Roberto Malaver

22.Nov.2016 / 10:09 am / Haga un comentario

Foto: Archivo

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¡La tuya, que es mi comadre! Vamos a decirlo de una vez: la competencia de insultos que iniciamos en la Asamblea Nacional desde el 5 de enero de este año, cuando Espoleta Allup dio seis meses de vida al régimen, no se detiene. Insultamos de noche y de día, y no solo a mujeres y hombres, también a instituciones, y a lo que se nos ponga por delante. Ya nos importa un carajo el país, la política, entendida como lo que debe ser, nuestra filosofía es dime a quién debo insultar para mentarle la madre ya, que para luego es tarde, mi negrita no viene.

Descalificamos al TSJ, a las Fuerzas Armadas, al CNE, y no me echen más cartas. Y una vez que insultamos a las instituciones, le caemos encima a las mujeres que están al frente de esas instituciones. Y no insultamos a la Asamblea Nacional, pero insultamos a las diputadas del gobierno. Lo nuestro es un desabastecimiento de ideas y un exceso de producción de insultos. Tenemos los anaqueles llenos, full de insultos, y nosotros mismos los llevamos a domicilio.

Lo que mete miedo es que hay diputados que nadie conoce, ni siquiera la gente que votó por ellos, esos diputados, para darse a conocer, sueltan un insulto y listo. La gente pregunta: ¿de dónde salió ese Guzmán? ¿Y quién es él? En eso los chavistas nos han dado una clase del carajo, a Chávez lo recuerdan por su “por ahora”, y a Espoleta Allup lo van a recordar por sus “Comadronas y en otro tiempo “lechuguinos y petimetres”. Y a este Guzmán lo van a recordar por lo que acaba de decir, y es bien lamentable. El compañero Pérez decía: “Manos a la obra”, y listo, y nuestro padre protector de la democracia dijo: “Disparen primero y averigüen después”, pero también dijo: “We will come back”, o sea, hay comida para todos.

“El insulto es nuestra arma de lucha, compañero”, me dijo un diputado. Y siguió diciendo: “Olvídate de ideas y de soluciones, no hay nada como un buen insulto a tiempo, eso puede cambiar el rumbo de un país”. Así siguió diciendo el compañero. Lo malo es que allí hay un montón de diputados desconocidos que, para darse a conocer, seguramente van a seguir insultando porque quieren superar al maestro Espoleta Allup, pero eso va a ser bien difícil, ese hombre tiene un summa cum laude en insultos.

El papá de Margot llegó con la prensa en la mano, se paró delante del afiche de Embajada Radonski, y leyó en voz alta: “Como casa de citas calificó el diputado Rafael Guzmán al TSJ”, tiró el periódico contra la pared y se fue al cuarto, y agarró la puerta y la tiró tan fuerte que la sala parecía que temblaba del susto. “¿Hasta cuándo, muérgano?, –gritó un vecino.

—Ódiame por piedad, yo te lo pido, –me canta Margot.

 

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