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20.Oct.2016 / 09:43 am / Haga un comentario

Foto: Misión Verdad

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En varias ocasiones he escrito sobre los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas y el Pentágono, aportando datos, citando autores, documentos, testimonios, que evidencian sin ningún género de dudas que los mismos fueron fríamente planificados desde mucho antes de que ocurrieran por siniestros personajes vinculados al gobierno norteamericano, a la OTAN, a las mafias petroleras, al nazi-sionismo -¡ahora operando en Venezuela para imponer la agenda de la extrema derecha!-, y a los sicarios financieros del FMI y el Banco Mundial.

Hoy aportaré nuevas pruebas que avalan lo que piensa mucha gente, en el sentido de que se trató de una conspiración que tenía -y tiene- como finalidad el control, no solamente del petróleo y otros recursos naturales que escasean dramáticamente en el norte depredador, sino también ¡la ocupación militar total del planeta!

Pruebas, repito, que en esta ocasión tomo del libro de Daniel Estulin, Los secretos del Club Bilderberg, que ahonda en las diabólicas maquinaciones de un reducido grupo de sicópatas con mucho poder político, económico y mediático, fundamentalmente, que trabaja desde hace años en las sombras con el propósito de establecer definitivamente una especie de “gobierno mundial”, desde el cual se han ordenado muchas de las más espantosas carnicerías de que se tenga memoria.

“Los atentados del 11-S -apunta Estulin- han eliminado para siempre los últimos vestigios de humanidad de este sitiado planeta, y son obra de un grupo de individuos de los que nadie había oído hablar nunca. A menos que podamos desentrañar la raíz de este fenómeno, los cambios fundamentales que han originado se volverán permanentes, y eso significaría el fin de la democracia y la libertad”.

Michael C. Ruppert -citado por Estulin-, ex miembro de la división de narcóticos de la policía de Los Ángeles, en su extensa obra Crossing the Rubicon (en inglés,Cruzando el Rubicón) escribe: “Dick Cheney y los neoconservadores urdieron un plan. Evidentemente, su primer objetivo había sido garantizar el control de la Casa Blanca en las elecciones del año 2000 para que el resto del plan pudiera ponerse en práctica.

“Su siguiente tarea era averiguar cuánto tiempo quedaba hasta que todo empezara a desmoronarse tras la subida de los precios de la energía y la reducción de las reservas. ¿La situación era realmente mala? ¿Cuánto petróleo había en realidad? ¿De quién era? ¿Cuánto tiempo quedaba para que se empezaran a parar las perforadoras? Había llegado el momento de averiguarlo todo con precisión y rapidez, pero en secreto.

“Cuando pasaron las elecciones del año 2000, los resultados obtenidos en el mar Caspio fueron cada vez más desalentadores. Esto explicaría la urgencia con la que la Administración Bush reunió al Grupo para el Desarrollo de la Política Energética Nacional (Nepdg) -dirigido por el vicepresidente Dick Cheney- inmediatamente después de tomar posesión del gobierno en enero de 2001.

“¿Qué hacemos ahora? Ése era el tema central. Creo que aquí fue donde se articuló, comprendió y aceptó la razón de ser del 11-S. Aunque los preparativos para el atentado llevaban años gestándose, el momento de la verdad no llegó hasta que el grupo de Cheney analizó en serio las cifras. Esto explicaría por qué la Administración trató por todos los medios, hasta llegar al Tribunal Supremo, de ocultar esos informes, y por qué Cheney creyó necesario llevarse al juez del Tribunal Supremo Antonin Scalia -recientemente fallecido- a cazar patos en un intento desesperado de mantener en secreto los documentos.

“Cuando el Nepdg concluyó su trabajo a finales de abril de 2001, creo que se había tomado la decisión irrevocable de pasar el Rubicón, la sangrienta línea entre una república enfermiza y el imperio que sobrevino irreversiblemente. En mayo de 2001, el presidente Bush puso a Cheney a cargo de toda la planificación de un atentado terrorista, dándole el control total de la Fema (Agencia Federal de Gestión de Emergencias).

“En junio de 2001, la maraña de protocolos Norad (Comando de Defensa Aeroespacial de Norteamérica), que había funcionado con eficiencia desde 1976, se volvieron a redactar para quitar de las manos de los Comandantes de las Fuerzas Aéreas la mayoría del poder para tomar decisiones”.

“Dick Cheney -sigue Estulin-, ejecutivo del sector petrolífero, ex presidente de una de las corporaciones más parásitas del planeta -la odiada Halliburton-, era ahora el responsable”. ¡Y fue cuando finalmente se tomó la decisión!

“Desde su punto de vista -vuelve Ruppert-, los neoconservadores republicanos se enfrentaban al posible pánico y derrumbamiento espectacular de los mercados financieros -como ahora se repite, y de ahí Irak, Libia, Siria e Irán en la mira, digo-, la pérdida de fe de la población en el sistema político y la pérdida de su propio poder y riqueza si se sabía la verdad.

“Dentro de su propia mente y de los parámetros de un sistema económico y gubernamental, es lo que creían que era su única opción lógica; al fin y al cabo, sólo se trataba de unas pocas miles de vidas. La inminente crisis energética iba a ser tanto apocalíptica como inevitable, e iba a llegar antes de lo previsto.

“Tal como Zbigniew Brzezinski había escrito en 1977, la tarea ‘inmediata’ era desarrollar y a la vez controlar una ‘amenaza exterior directa’ para crear un ataque ‘como si fuera un nuevo Pearl Harbor’. Eso requería de un enemigo creíble -al menos en la mente de la población- y bien argumentado. Entonces, este ataque sería un pretexto para llevar a cabo una intervención militar secuencial a gran escala que permitiera garantizar el suministro energético de Oriente Medio y otras regiones -¿Venezuela, Rusia?-.

“El elemento fundamental sería que los terroristas debían aparecer convenientemente en todas las áreas donde fuera necesario, puntualmente”.

(No me cansaré de repetirlo: “pretextos” como éste han sido “fabricados” en muchas otras ocasiones por los gobiernos yanquis: la voladura, por ellos mismos, de una fragata -el Maine- en la bahía de La Habana en 1898 para culpar a España y declararle la guerra, apoderándose de Cuba, Puerto Rico, las Filipinas, que eran colonias españolas; el “incidente” del golfo de Tonkín -1964- y arrasaron con Vietnam; las armas de “destrucción masiva” de Saddam (2003), etc., etc. ¿Debemos sorprendernos por esto? ¡Es su naturaleza, como en la fábula de la rana y el alacrán!)

Ruppert y varios expertos de renombre como el ex ministro de Defensa alemán Andreas von Buelow, el profesor de economía de la Ottawa University Economics Michel Chossudovsky, el investigador Paul Thompson (www.cooperativeresearch.org) y el ex miembro de la Agencia de Seguridad Nacional Wayne Madsen (uno de los tres únicos interrogadores expertos en el “Informe 11-S”), han determinado de forma más que convincente que la afirmación del gobierno sobre “el hecho de que 19 secuestradores, financiados desde cuevas en Afganistán fueran capaces de llevar a cabo lo que sucedió el 11 de septiembre, es totalmente absurdo”.

“La crisis energética cada vez más grave -prosigue Estulin- y la escasez inminente de petróleo y gas natural en todo el mundo fueron el telón de fondo del atentado terrorista del 11-S, patrocinado por el gobierno de Estados Unidos, que se cobró la vida de 3 mil personas inocentes.

“Tanto el diario británico The Guardian como la CNN, Fox, The Observer y el profesor de Derecho Internacional de la universidad de Illinois, Francis Boyle, afirman que entre el 1º y el 10 de septiembre de 2001 -ojo, el autoatentado fue el 11-, en unas maniobras -la operación ‘Espada Rápida’, planeada desde hacía 4 años-, 23 mil soldados británicos se dirigieron hacia Omán.

“Simultáneamente, dos navíos estadounidenses se estacionaron en el golfo de Arabia, justo frente a la costa pakistaní. También al mismo tiempo, 17 mil soldados estadounidenses se unieron a los más de 23 mil soldados en Egipto para la operación ‘Estrella Brillante’. Todas estas fuerzas estaban situadas en sus puestos antes de que el primer avión se estrellara contra el World Trade Center. Un gran operativo de preparación de una guerra clandestina estaba en marcha.

“La guerra de Afganistán no fue planeada después del 11S, ¡sino que fue diseñada y puesta en práctica mucho, mucho antes!”, concluyo con Daniel Estulin, cuyo libro trae muchísima información sobre la responsabilidad de EEUU en tales crímenes y en muchos otros.

Ahora, ¿hasta dónde pensarán llegar los gobiernos de Estados Unidos? ¡Hasta donde su misma población se lo permita! Últimamente han dejado de utilizar su propio ejército por el “costo político interno” que ello implica, y han optado por armar y financiar -y llevan años en eso- a diversos grupos terroristas como el Daesh y el frente Al-Nusra, una rama de Al-Qaeda, que actúan en Siria e Irak, con la finalidad no solamente de derrocar al gobierno legítimo de Bashar Al-Assad, utilizando a sus “aliados” -perros de presa, resulta más apropiado llamarlos- de la OTAN, Arabia Saudita, Turquía, Qatar, etc., sino también llevarse por delante a la Federación Rusa, lo que puede desencadenar, como ya lo advierten algunas voces autorizadas, ¡hasta una Tercera Guerra Mundial!

Pero, ¿cómo puede hacerlo un pueblo narcotizado, no sólo por las drogas que tienen puerta franca en Estados Unidos, sino también por las empresas de comunicación que, aparte de embrutecerlo y mantenerlo en la más supina ignorancia, lo bombardea sistemáticamente con ridículos espacios de “entretenimiento” -¿suena familiar?-, sumándose a ello una clase política de pigmeos arrogantes, ignorantes y sin escrúpulos -¡ahí tienen a Trump y a la Clinton como muestra, dando un espectáculo bochornoso, lo cual explica el rechazo que ambos tienen de más del 60% de los votantes estadounidenses!-, en buena parte financiada por el narcotráfico, grandes corporaciones petroleras, militares, farmacéuticas y, ¡cómo no!, por el Estado terrorista de Israel que lo ha manipulado por décadas? No sé hasta dónde se atreverán a llegar.

Pero sí sé que “consumen” ¡entre 150 y 160 millones de kilogramos anuales de drogas de distintas “marcas”, a pesar de toda la tecnología que disponen para impedirlo! ¿Por qué no lo hacen? La respuesta es obvia: un pueblo drogado e idiotizado no tiene conciencia de su propia tragedia ni de las aventuras genocidas de sus gobiernos, sin contar los pingües beneficios que ellas dejan a sus cuestionados bancos.

“Somos el pueblo más entretenido y más ignorante del planeta”, dijo Robert Kennedy Jr.

Por: Raúl López Guédez

Misión Verdad

 

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