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6.Feb.2015 / 08:33 am / Haga un comentario

Foto: Archivo

Hablar de dignidad, gallardía y entrega por la justicia social y la democracia verdadera, es hablar de Fabricio Ojeda, el luchador revolucionario nacido en las montañas andinas, en Boconó, estado Trujillo, el 6 de febrero de 1929, hace 86 años.

Su vida transcurrió entre la política, el periodismo y la lucha revolucionaria. Como joven comunista emprendió el combate popular contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez siendo jefe de la Junta Patriótica (conformada por el PCV, URD y jóvenes revolucionarios de AD y Copei), movimiento que el 23 de enero de 1958 —junto al pueblo— logró derrocar la dictadura pero que fue traicionado por el Pacto de Punto Fijo, con el que se desplazó al Partido Comunista y se instauró el bipartidismo adeco-copeyano profundizando la represión, el saqueo de las riquezas venezolanas por el capital trasnacional, la violencia del hambre y la exclusión social al pueblo.

Ojeda fue férreo opositor del Pacto de Punto Fijo, por lo que tras cuatro años de los hechos de 1958 renunció a su cargo de diputado del Congreso Nacional para irse a la lucha armada, al considerar que la vía electoral, en ese momento, era una farsa.

“Venezuela, en fin, necesita un cambio profundo para que los derechos democráticos del pueblo no sean letra muerta en el texto de las leyes; para que la libertad exista y la justicia impere; para que el derecho a la educación, al trabajo, a la salud y al bienestar sean verdaderos derechos para las mayorías populares y no privilegios de escasas minorías”, reclamaba Fabricio en su carta de renuncia en 1962.

Con su renuncia al Congreso, el joven dirigente se sumó a la lucha armada, en las montañas andinas, como comandante del Frente de Liberación Nacional. Por ello fue perseguido hasta ser asesinado por las fuerzas represivas del gobierno adeco de Raúl Leoni en 1966, que simularon un suicidio, quedando impune el hecho.

“A Fabricio Ojeda lo mataron, vilmente asesinado…. Rindamos tributo a aquel gran revolucionario, mártir de nuestro pueblo… Gran pensador que cambió su diputación por la montaña”, denunciaría años después el presidente Hugo Chávez, líder de la Revolución Bolivariana, proceso que —desde 1998— rompió con el Pacto de Punto Fijo y recuperó el ideal del Libertador Simón Bolívar de la construcción de una sociedad justa, a través de un proceso de transformación que da prioridad al bienestar del ser humano.

“Si muero, no importa, otros vendrán detrás que recogerán nuestro fusil y nuestra bandera para continuar con dignidad, lo que es ideal y deber de todo nuestro pueblo”, manifestaría Fabricio en su carta de renuncia a la falsa democracia. Hoy su rostro, como bandera de lucha, se levanta en cada manifestación del pueblo venezolano para defender la democracia participativa y protagónica.

AVN

 

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