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11.Ago.2018 / 01:58 pm / Haga un comentario

Foto: Misión Verdad

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Según un informe difundido por el banco de inversiones Torino Capital, al cierre del primer cuatrimestre de 2018, Venezuela percibió un aumento del 200% en sus exportaciones no petroleras con relación al año pasado. La mayoría de estas provienen del oro, mineral que ha sido comercializado con Holanda, Portugal, España, Suecia, Suiza, Estados Unidos, Reino Unido, y sobre todo con Turquía.

El documento reporta que, en el reciente mes de marzo, 381 millones de dólares fueron obtenidos de la venta de minerales preciosos a este último país. Por su parte, el Instituto de Estadística turco registró que Venezuela ha exportado 20.15 toneladas de oro entre enero y mayo, lo que suma 779 millones de dólares.

Víctor Cano, ministro de Desarrollo Minero, declaró a mediados de julio que estas operaciones se deben a “un acuerdo establecido con Turquía y el banco central venezolano”, con el que se estaría refinando oro en Turquía, como parte de una estrategia para protegerse de posibles confiscaciones bajo sanciones y embargos estadounidenses.

El recurso, que es comprado por el Banco Central de Venezuela a pequeños mineros que trabajan en el Arco Minero, es catalogado como “oro no refinado no estándar” que no cumple con los criterios del 99.99% de pureza. El envío a Ankara garantizaría la refinación y certificación como “oro monetario” que pueda ser utilizado para futuras operaciones financieras.

Por otro lado, las 17.6 toneladas de oro adquiridas de la minería nacional a través del BCV este año, descartaría que estén siendo agotadas las reservas nacionales de oro, ubicadas en 150 toneladas.

Recientemente, el gobierno suizo, sitio donde Venezuela realizaba la certificación de una parte del oro nacional como garantía a bancos que le otorgaban préstamos, adoptó sanciones financieras contra el país, justificadas en la ya manida narrativa de supuestas violaciones de derechos humanos por parte del presidente Nicolás Maduro y disfrazada en sanciones individuales a funcionarios públicos del Estado venezolano.

Este escenario de acoso económico occidental acompaña a la orden ejecutiva firmada en agosto del año pasado por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, que prohíbe a cualquier persona la negociación, en ese país, de bonos de deuda emitidos por instancias del Gobierno venezolano, afectando fuertemente el ingreso de divisas extranjeras.

Descomposición en las relaciones turco-estadounidenses y el vínculo con Venezuela

En este contexto se desarrollan las presentes alianzas geopolíticas que surgen con el gobierno de Erdogan para socavar las intenciones estadounidenses. Además, Venezuela aprovecha el deterioro en las relaciones que han sufrido Turquía con su socio americano.

Aunque Turquía forma parte de la Organización del Tratado Atlántico Norte (OTAN) y mantiene su candidatura para adhesionarse a la Unión Europea (UE), desde el intento de golpe de Estado ocurrido en 2016 en el que estuvo involucrada la CIA y a medida que se expande la brecha en los objetivos políticos dentro de la guerra siria, su acercamiento con las potencias euroasiáticas, especialmente con Rusia, se van consolidando.

Ankara, que rechaza categóricamente el apoyo de Estados Unidos a fuerzas kurdas en el conflicto sirio, tomando como argumento el daño a la estabilidad fronteriza de la región, ha pactado acuerdos en el área militar con Moscú que incluyen la compra de sistemas de misiles tierra-aire S-400.

Disparadas las alarmas en las oficinas de Washington, se notan los intentos tenues por solucionar los desacuerdos con Turquía, entendiendo que es un espacio estratégico por ser la “puerta de entrada” de Europa hacia los países árabes, y que, sin embargo, concluyen en la misma lógica de presión a través de sanciones que se ha aplicado contra Rusia, Irán y Venezuela, por nombrar algunos.

El más actual fue la reunión entre el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, y el ministro turco de Asuntos Exteriores, Mevlut Cavusoglu, y que seguía el caso del pastor estadounidense, Andrew Brunson, juzgado en Turquía por apoyar el terrorismo a lo interno de ese país.

Instrumentos multipolares para desafiar las sanciones y la urgencia del mangnicidio

Que la frágil situación diplomática con su aliado otanista ocurra paralelamente al fortalecimiento de las relaciones y acuerdos entre los gobiernos de Caracas y Ankara, preocupa a la élite burocrática estadounidense. De allí, el desprestigio mediático de los actores de siempre a las operaciones transatlánticas que estos países periféricos realizan alejados de las vías financieras tradicionales.

Ejemplo de esa cohesión bilateral fue presenciado en la toma presidencial de Recep Tayyip Erdogan, a la que Nicolás Maduro asistió, mientras que el gobierno de Trump no emitió siquiera felicitación alguna por la victoria electoral.

El viraje geopolítico de Turquía, que apunta a participar en el surgimiento de fuerzas multipolares, con el anuncio hecho por China de incluirlo en una ampliación del BRICS al BRICS Plus, está siendo capitalizado por el Estado venezolano, que ve en la construcción de estas iniciativas de cooperación inter-regional financiera una herramienta para superar las agresiones dirigidas desde Estados Unidos, que ataca a los actores que están habilitados para hacerle contrapeso político y económico a nivel global.

Pero los mecanismos financieros no son las únicas armas que tiene el enemigo para intentar neutralizarlos. Se demostró el sábado 4 de agosto con el magnicidio frustrado contra el presidente Nicolás Maduro.

Misión Verdad

 

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