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13.Jul.2016 / 10:02 am / Haga un comentario

Foto: Misión Verdad

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El correo electrónico enviado a medios internacionales por Citibank, división de consumo internacional del gigante financiero estadounidense Citigroup, replicadopor Bloomberg, cita específicamente la evaluación en curso del cese de las operaciones como banca corresponsal de Venezuela, es decir, de las cuentas por las cuales el país realiza sus pagos en el extranjero, apelando a una “evaluación de riesgos” opaca y sin datos fiables que pudieran ser contrastadas con la realidad.

Citibank confirma su deseo de bloquear a Venezuela e impedir que pueda realizar transacciones internacionales de diversa índole, aunque matice con “su compromiso por el país” y “seguir dialogando con el presidente Maduro”. La notificación de la que habló Maduro es real, y la maniobra de bloqueo financiero también.

Citigroup es uno de los seis grandes conglomerados financieros de Wall Street. Es un poderoso cartel de la economía global. No nos ataca cualquier poder económico, sino uno bastante pesado en los cinco continentes.

¿Quiénes dirigen Citibank en Latinoamérica?

El cluster gerencial, es decir, los tecnócratas de peso de Citibank, en la región está conformado por dos personajes ligados al negocio financiero de nacionalidad venezolana. Francisco Aristiguieta, actual presidente de Citibank para América Latina, trabajó antes de asumir dicho cargo en la división de Servicios de Transacciones Globales, encargada de tramitar y gestionar las cuentas que hoy buscan ser cerradas de forma abusiva y unilateral.

Se desempeñó, culminando la década de 1980 y empezando los años de 1990, como Analista Financiero Senior y Gerente de Proyectos en el área de Nuevos Negocios y Financiamiento Internacional de Proyectos de Pequiven, justo en la época cuando se amasaba su privatización por parte de grandes bancos y petroleras transnacionales. En 1994, ya con ese proceso consolidado, a Aristiguieta lo nombraron Gerente para el Sector Público de Citibank Venezuela.

Por su parte, el banquero venezolano Bernardo Chacín ocupa el más alto cargo dentro del cluster andino de Citibank: área y negocios que comprenden a Chile, Colombia, Perú, Ecuador y Venezuela. Antes de asumir varios cargos dentro del organigrama de Citibank, Chacín trabajó también para Pdvsa en el equipo de finanzas corporativas. Es hijo de Juan Chacín Guzmán, ex presidente de Pdvsa durante la Apertura Petrolera en sus inicios. Fue presidente en Ecuador de la poderosa corporación petrolera Gulf Oil Company.

La mencionada petrocorporación tiene intereses de vieja data en negocios petroleros venezolanos al asociarse de manera directa e indirecta con los beneficios privados, generados desde la privatización de Pdvsa durante la Apertura Petrolera.

Los intermediarios transnacionales que ayudaron a saquear el país en la década de 1990 son los mismos que hoy ocupan altos cargos de dirección en un banco estadounidense que busca bloquear financieramente el país y entorpecer los avances para mejorar su entorno macroeconómico. El petróleo venezolano, ayer como hoy, explica el posicionamiento de estos cuadros gerenciales y los intereses estratégicos de Citibank en el petróleo venezolano.

¿Qué razones justifican la acción de Citibank?

En parámetros financieros, ninguna. Si las razones obedecen al “riesgo” de las cuentas venezolanas, Citigroup, casa matriz de Citibank, lidia con cuentas de mucho mayor riesgo dentro de los mismos EEUU, aquellas que procesan “bonos basura” producto de la debacle de la burbuja financiera de 2008. Incluso, en Citibank son acreedores de financiamientos a empresas de fracking que hoy se van a pique en EEUU por la caída del precio petrolero.

Venezuela, por su parte, ha cumplido todos sus compromisos internacionales en moneda extranjera en años recientes. El país mantiene récord positivo en sus pagos de deuda. En abril pasado el presidente Maduro anunció que, en 17 meses, Venezuela había cancelado 30 mil millones de dólares por el servicio de la deuda.

Aunque todo banco del mundo puede, de hecho, “reservarse el derecho de admisión” y tomar acciones discrecionales de cancelarle cuantas a cualquier cliente, una medida de estas características que afecta de manera concreta al Banco Central de Venezuela (BCV) y al Banco de Venezuela (BDV) es sólo característica en situaciones de sanciones internacionales. Cuba, Siria, Irán, Libia y hasta Rusia han sido objeto de acciones similares, justamente en el marco de sanciones para bloquear o inhibir la actividad financiera de esos países.

Las medidas unilaterales y arteras que toma Citibank contra Venezuela son, de facto, una acción de bloqueo financiero. Y este no se encuentra enmarcado en ninguna medida facultativa de embargo o sanciones a nuestro país, a menos que, léase bien, se enmarquen en lo señalado en el Decreto Obama que tilda a Venezuela como una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad de EEUU y que reseña la situación de “riesgo económico” de Venezuela.

El banco, sin embargo, respondió señalando que valora “nuestro diálogo con el gobierno del presidente y esperamos atender sus preocupaciones en el interés de seguir sirviendo a nuestros clientes”.

Citibank es tenedor de bonos y petrobonos venezolanos. Podríamos presumir que podrían seguidamente deshacerse de ellos como “bonos chatarra”. Esta acción elemental que ha de suponerse tiene lugar en la misma acción de asedio financiero, tendría una consecuencia inmediata: dificultaría las posibilidades de financiamiento de Venezuela en una nueva probable emisión de bonos que efectúe la República o Pdvsa.

El relacionamiento externo venezolano y su solvencia demostrada permitirá que nuevo bancos asuman recibir a los clientes venezolanos. Probablemente bancos chinos o bancos rusos, actores emergentes en el tablero financiero global, puedan asumir negocios con Venezuela para sustituir el relacionamiento de vieja data que tenía la República con Citibank. También maneja las actividades de sus clientes concretos BCV y BDV con respecto al flujo de ingresos y egresos en divisas de la República. Prestan a Venezuela un servicio financiero. Nuestro relacionamiento financiero externo y cuestiones del comercio exterior operan desde esa firma. Al cancelarse la condición de los clientes venezolanos, la acción ejecutiva venezolana será la de acudir a otros bancos para que presten ese servicio a la República, al BCV y al BDV respectivamente como firmas nacionales.

Aumenta la intensidad de la guerra financiera

Venezuela ha cumplido con todos sus compromisos externos, pagando a tiempo todo instrumento que represente endeudamiento externo. Pese a eso, las calificadoras de riesgo han colocado a Venezuela en lugares peores que Ucrania en plena guerra en el este de ese país, o incluso peor que Somalia, en guerra civil desde la década de 1990. Para que nos hagamos una idea, al día de hoy el Deutsche Bank Group publica su tabla de calificación de riesgo “Credit default Swap”.

Venezuela es el país peor calificado de su lista en el mundo con 4.500 puntos. Un país como Turquía, en guerra con los kurdos, bajo tensión militar con Rusia y en guerra contra Siria tiene una calificación de 225 puntos. El aumento desproporcionado del “riesgo” implica para Venezuela acceder en condiciones de desventaja al financiamiento externo, sometiendo al país a pagos absurdos de intereses y capitales buitre. Segunda expresión del ataque.

He allí que colocar a Venezuela como probable “cliente indeseable” sea otra variante en la misma estrategia de guerra económica externa y seguramente estamos ante eso. Imposible es no reconocer estas cuestiones como expresiones concretas de una estrategia articulada de guerra no convencional contra nuestro país, que tiene 300 mil millones de barriles sobre sus pies (las reservas petroleras más grandes del mundo) y una reserva política, ética y moral llamada chavismo igual de gigantesca.

Misión Verdad

 

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