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1.Ago.2016 / 10:00 am / Haga un comentario

Foto: Misión Verdad

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En 2002, en una especie de vuelta de hoja luego de mostrar el crucifijo para conjurar el terrible golpe de Estado que ejecutaron las élites eclesiásticas, sindicales empresariales y unas caricaturescas expresiones militares, Hugo Chávez salió a la escena con algo insólito que recorrió el mundo: convocó a crear las llamadas monedas comunales y crear el trueque con valor de uso y de cambio y dio un ejemplo. Un agricultor de Barlovento en el estado Miranda podría intercambiar plátanos por cachamas con un pescador del estado Bolívar, sin que tenga que recurrir al dinero para facilitar esa transacción. Las bóvedas del FMI debieron tambalearse, las del Banco Mundial, la de Rico McPato. “¡Viva Trucutú, exclamaron en las cavernas!”.

De nuevo, esta vez con la idea de crear piezas monetarias llamadas zambos que sustituirían o complementarían a las especies en circulación, estábamos ante un Chávez que no quería dejar nada intacto, mucho menos la lógica del capital. De esta manera en Venezuela se vería una proliferación de monedas locales, a niveles de estados o municipios circulando conjuntamente con el bolívar fuerte. Así, con ello se ayudaría a bajar la inflación y terminar de liquidar al sistema capitalista.

Cuando se reflexiona seriamente acerca de ésta o alguna otra idea de Hugo Chávez, pienso que muchos pudieron ver en él una ignorancia garrafal. Establecer un sistema de monedas comunitarias para facilitar el trueque equivale a regresar a una especie de economía de la Últimas Glaciaciones, donde los hombres primitivos asistían a su primer acto transaccional al cambiar un bien por otro, útil, por lo demás.

En la Venezuela petrolera, Emeterio Gómez o un economista más neoliberal pensarían que retornar a esta subterránea profundidad precolombina de “comercio” equivaldría a cambiar a la madre por un saco de papas. Cosas de tribus, claro. Sin pieza monetaria de circulación, ¿cómo vas a vender a tu madre? ¿Ni siquiera por una ficha de Ludo o un billetico de Monopolio? ¿Así pensaba Chávez del país que pocos meses antes quería arrebatarle Bush para apoderarse de las reservas petroleras? ¿Qué suerte de hemisferios cerebrales tenía este campesino que nació a la orilla de un río en un pueblo de Barinas comiendo verduras de la ribera y peces de agua dulce?

Luego en 2007, nuevamente habló del trueque. No quería dejar nada intacto. Filosofó sobre el trueque e hizo trueque y volvió a hablar del trueque, “la producción la convierten en mercancía”. dijo. Pidió romper esa maldición, un mercado que se base en el valor de cambio y el valor de uso, reinventar la relación internacional. Lo hizo, ya en el año 2000. Materializó la idea al dar inicio al intercambio de bienes y servicios por petróleo a través del convenio Cuba-Venezuela, tomó el petróleo y lo empezó a cambiar por bienes y servicios para el pueblo, para superar las inequidades. Chávez quedó sembrado de muchas formas, en muchas partes.

Gioiosa Ionica es una población ubicada en la región Calabria del Sur de Italia, con 7.181 habitantes en 36 kilómetros cuadrados, con una densidad de 199 habitantes por kilómetro cuadrado. Sería parecida a la relación entre territorio y población que tiene la Isla de Coche en Venezuela, por cierto único municipio de nuestro país que comprende la totalidad de una isla.

En 2013, fue electo el alcalde Salvatore Faldan, de formación comunista, quien ofreció durante su campaña llevar inmigrantes a su ciudad, a través del Sistema de Protección para Solicitantes de Asilo y Refugiados (SPRAR) entre otras medidas que lo han llevado a enfrentar distintas prácticas que amenazaban al bien común. Eso de meterse con intereses individuales le ha ganado serias amenazas a su vida y al mismo tiempo masivas manifestaciones de apoyo y expresiones de solidaridad del pueblo.

Frente a un mundo que no encuentra qué hacer con las consecuencias de impacto humanitario como producto de la guerra, desde donde la gente huye, donde el propio Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) la ubica en más de 70 millones de personas calificadas como refugiados, solicitantes de asilo o desplazadas. Este hecho creciente, dada la xenofobia, la violencia, la intolerancia, encuentra una respuesta solidaria y creativa en el sur de Italia, en este alcalde.

La ruta migratoria, común en la naturaleza a las mariposas, las tortugas, los peces, las aves, emplaza a un recorrido de sobrevivencia, que emigran por efectos de fenómenos naturales. Al primero de enero de 2016, 5,6% de la población de Gioiosa Ionica era de extranjeros. De estas, 49% provienen de Europa (45% de Europa del este), 29% de África (Marruecos, Gambia, Nigeria, Senegal, Mali, Somalia, suman 26%) y 22% de Asia (La India). “Un proyecto como el nuestro, con 75 refugiados, nos trae cerca de 1 millón de euros (US$ 1.1 millón) al año, en total”, dijo Fuda.

El alcalde asume los 35 euros diarios por solicitante de asilo que otorga el Ayuntamiento e incorpora a los solicitantes a la vida diaria de su localidad. La idea, más allá de lo monetario, es incorporar en la vida diaria los valores de la solidaridad, la integración social, y todo lo que implica el intercambio cultural con personas que no acuden con el respaldo de muchos ceros a la derecha de sus cuentas bancarias, estos últimos son atraídos a otras latitudes y reciben otras denominaciones.

Para paliar los tiempos burocráticos adversos y entendiendo que las necesidades son diarias y apremiantes, acudieron a una forma muy propia de hacer el trueque, bajo un pacto entre los comerciantes y la Alcaldía, unas formas de moneda, válidas para la localidad, que otorgan valor de cambio de comida, bienes y servicios, nuevos empleos, ocupación. Los billetes sólo sirven para ser usados localmente y en su emisión optaron por los rostros de Che Guevara, Karl Marx y Hugo Chávez.

¿Será que vale la pena ir al Sur de Italia a contagiarnos de este milagro de integración a los rechazados del mundo como lo habrían hecho Chávez, Marx o el Che, o nos quedamos que aparezcan los medicamentos?

Por: Federico Ruiz Tirado

Misión Verdad

 

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