Luis Britto García / Noticias / Opinión

14.Jun.2016 / 11:28 am / Haga un comentario

Foto: Cortesía Luis Britto García

Foto: Cortesía Luis Britto García

Le habla uno a los políticos de salvar  soberanía,  socialismo o integración latinoamericana, y es como si oyeran llover.

Hay que hablarles de votos, el único lenguaje que entienden, pero que quizá no terminan de comprender.

¿Cuántos votos cuesta cada producto subsidiado que el gobierno con gran sacrificio pone en el mercado a precio solidario y el bachaco caníbal  revende o exporta a diez o veinte veces su valor?

Supongamos que un voto, aunque un envase de leche regulado a 70 bolívares y revendido a 2.000 bien pudiera costar todos los de una familia extensa.

¿Cuántos productos acapara diariamente un bachaquero, impidiendo que puedan llegar al pueblo, al cual están destinados?

Digamos conservadoramente que diez, aunque hay bachacos artesanales que salen de cada cola con paquetes más grandes que ellos.

¿Cuántos son los bachacos?

Ninguna cifra oficial los cuantifica: sabemos que  hay megabachacos que  desaparecen 60.000 millones de dólares preferenciales, bachacos medios con gandolas que exportan gasolina y galpones donde se pudren millones de huevos, y bachaquera de hormiguero que expulsa a golpes a cuanto ciudadano intenta entrar en las colas que ellos fabrican. Una encuesta informal nos lleva a redondear una cifra de 300.000.

¿Cuál es su calendario laboral?

Con márgenes de beneficio que superan de lejos los del narcotráfico, bachaco no descansa:   destruye al país 365 días al año.

¿Y qué?

-Si cada producto bachaqueado cuesta un voto, 3.000.000  de productos bachaqueados por día durante 365 días matan 1.095.000.000 votos al año.

Pero, ¿no vale la pena conservar el voto bachaco?

-Perdón, ni un solo bachaco votará jamás a favor del socialismo que le permite destruirlo. Digamos que son 1.098.000.000 votos difuntos.

¿Qué se hace contra los bachacos?

Nada. Hasta ahora sólo tres gremios ejercían  solidaridad automática, se consideraban por encima de toda ley y podían contar con la impunidad: millonarios,  comunicadores y motorizados. Ahora a los bachacos no sólo no se los castiga: se los premia.

¿Pero no satisfacen una necesidad?

Desde luego. La cadena que va desde el megabachaco que devora dólares preferenciales al galponero y al montacolas no debe ser interrumpida: es la soga que debe ponerse al cuello todo aquél que desee perder el poder.

Bueno, pero  eso será por un ratico.

Pescuezo no retoña, y país devorado por bachacos menos.

 

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