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11.Ene.2015 / 12:00 pm / Haga un comentario

Foto: Archivo

El 11 de enero de 1986, el entonces presidente de los Estados Unidos (EEUU), Ronald Reagan, se ufanó de haber logrado la caída de los precios del petróleo de los países pertenecientes a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (Opep), organismo que representaba un obstáculo a la política hegemónica del gobierno norteamericano.

En una alocución transmitida por radio y televisión, el mandatario republicano destacó en aquella oportunidad, que producto de su administración “la economía está en mejor forma en la actualidad porque hemos trabajado arduamente para sacar al gobierno federal fuera de los bolsillos de los ciudadanos, recortamos los impuestos, limitamos los controles, apoyamos el crecimiento económico y tomamos acciones de sentido común como la desregulación del precio del petróleo”.

El primer acto oficial de Reagan al asumir la presidencia en enero de 1981 fue eliminar el control de los mercados del crudo.

De este modo, se suprimieron los precios regulados del combustible en las gasolineras, así como los controles de precios a las empresas del sector petrolero, con el objetivo de aumentar la producción nacional y disminuir los precios del crudo.

A principios de la década de 1980, el precio del crudo promediaba los 25 dólares por barril, mientras que para 1986 la sobreproducción ocasionó que su cotización bajara hasta los 12,89 dólares por barril.

Esta situación coincide con el escenario actual del sector petrolero internacional, en el que las acciones promovidas por el gobierno norteamericano han generado que desde finales de junio de 2014 los precios del crudo hayan experimentado una baja de 40%, lo que ha afectado el equilibrio del mercado y las relaciones entre los países productores y consumidores de energía.

Estados Unidos ha incrementado desmesuradamente su producción de gas y petróleo de esquisto, con el objetivo de inundar de crudo en el mercado internacional y ocasionar el desplome de los precios ante una demanda que ha mermado como consecuencia de la crisis financiera y económica del capitalismo.

Para extraer este tipo de crudo no convencional, la nación norteamericana emplea el método del fracking o fracturación hidraúlica, que posibilita la extracción del gas y el petróleo del subsuelo, mediante la perforación de un pozo vertical y posteriormente uno horizontal, a fin de realizar la inyección de agua, arena y productos químicos en la roca madre, situada a gran profundidad, para provocar el flujo de gas y su salida al exterior.

Aunque Estados Unidos ha intentado justificar el uso de esta controversial técnica, que ocasiona un nocivo impacto ambiental, argumentando la necesidad de reducir su dependencia del petróleo extranjero, el fracking cumple un propósito político de inundar de crudo el mercado internacional de hidrocarburos para ocasionar la caída de los precios, y a la vez, afectar las economías de los países exportadores de hidrocarburos entre los que figuran Rusia, Irán y Venezuela, que adversan a sus propósitos hegemónicos.

Saqueo e invasión para obtener el oro negro

La historia del imperio yanqui revela el constante propósito de promover y emprender guerras, invasiones para saquear las riquezas de otros pueblos para facilitar su propio desarrollo.

En la actualidad el mundo consume diariamente 90 millones del llamado oro negro, de los cuales alrededor de 20 millones son demandados por los Estados Unidos para apalancar el funcionamiento de sus fábricas e industrias.

Solamente en 2013 esta nación gastó 18,9 millones de barriles por día, lo que representa un 20% del consumo global y casi el triple de los 7 millones que produce, tal y como revelan las estadísticas de la la Agencia Estadounidense de Información y Administración de Energía (AIE).

Si este ritmo de consumo continúa, las reservas probadas de esta nación, calculadas en 20 mil 680 millones de barriles, se agotarían en un lapso de 7 años.

Por este motivo, EEUU requiere de los recursos energéticos de otros países, por lo que promueve la caída del precio de los hidrocarburos, así como las intervenciones bélicas.

Por medio de las invasiones a naciones miembros de la Opep, como Iraq y Libia, Washington pretende incrementar sus niveles de producción hasta incumplir las cuotas acordadas en consenso por la organización, y así poder crear un escenario de sobre abastecimiento del mercado que derrumbe los precios del petróleo y afecte las economías de los países productores.

Venezuela con reservas superiores a 297 mil millones de barriles de petróleo, las mayores en el mundo, representa una de las naciones codiciadas por los poderes imperiales del mundo, incluyendo a los Estados Unidos.

Ante esta amenaza el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, informó que liderará una campaña nacional e internacional para defender a la Opep de los intentos de Estados Unidos para fragmentarla, debilitarla y colocarla de rodillas, tal y como hizo el gobierno de Reagan en 1986.

“Queremos llevar una campaña nacional y hasta donde se pueda, internacional, para restablecer, en primer lugar, el mercado de energía y petróleo. Restablecer el mercado natural y los precios naturales del petroleo”, indicó el Jefe de Estado, quien se encuentra en una gira internacional por países que integran esta organización, a fin de establecer políticas conjuntas que permitan hacer frente a la constante amenaza imperialista.

Leonardo Buitrago AVN

 

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