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16.Oct.2016 / 07:05 am / Haga un comentario

Foto: archivo

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“Nada quedaba que desear a un jefe que había obtenido los grados más eminentes de la milicia. La Segunda Autoridad de la República, que se hallaba vacante, de hecho, por la disidencia del General Mariño, iba a serle confiada, antes de su rebelión; pero este general que sólo aspiraba al mando supremo, formó un designio más atroz que puede concebir un alma perversa. No sólo la guerra, sino la anarquía y el sacrificio más inhumano de sus propios compañeros y hermanos, se había propuesto Piar”.

 Simón Bolívar, 18 de octubre de 1817.

Prensa PSUV.- El 16 de octubre de 1817 fue fusilado en la Plaza Mayor de Angostura, hoy Ciudad Bolívar, el General Manuel María Francisco Piar, en cumplimiento de la sentencia del Consejo de Guerra, confirmada por Simón Bolívar.

Parece ser que para el propio Libertador éste fue un día amargo. Al día siguiente de la ejecución, dijo: «Ayer ha sido un día de dolor para mi corazón. El General Piar fue ejecutado por sus crímenes de lesa patria, conspiración y deserción…»

Carlos Manuel Piar nació hacia 1780. No hay acuerdo en cuanto al lugar de nacimiento. Algunos historiadores señalan a Curazao; otros, a Caracas; unos pocos a Ciudad Bolívar (Bolívar), entonces Angostura. Al enterarse de los sucesos del19 de abril se trasladó inmediatamente a Caracas y se incorporó al ejército enviado por el Gobierno para someter la sedición realista en Valencia (Carabobo). Ya en el grado de teniente coronel, sirvió bajo las órdenes del generalísimo Francisco de Miranda hasta la capitulación de 1812. Piar no aceptó la rendición y se fue a Oriente para incorporarse al ejército de Santiago Mariño, en cuyas filas da ejemplo de inagotable valor en la campaña por salvar la República.

Después de las derrotas de 1814, participa en el motín de Carúpano (Sucre), desconoce al Libertador Simón Bolívar y a Mariño, y asume el mando supremo de los restos del ejército. Presenta batalla a José Tomás Boves en El Salado (Sucre), es derrotado y obligado a replegarse. Superadas las heridas dejadas por los agraviados en 1814, Piar es aceptado en la expedición de Los Cayos (Haití) bajo el mando de Bolívar, y vota a favor de designar al Libertador como jefe supremo en asamblea efectuada en 1816, en la Villa del Norte, Margarita (Nueva Esparta).

Designado jefe del Ejército del Norte, Piar llevó a cabo una victoriosa campaña, culminada con la derrota de los realistas en la batalla de El Juncal (Anzoátegui), el 29 de julio de 1816. Sus grandes éxitos afirmaron en el enérgico, audaz e intrépido general, la convicción de merecer ser reconocido como jefe supremo. Esta idea se hizo más arraigada y peligrosa cuando Piar obtuvo la histórica victoria de San Félix (Bolívar), el 11 de abril de 1817, y cambió el curso de la guerra en Venezuela, al dar a los patriotas el dominio sobre la estratégica Guayana. El Libertador lo comprendió así cuando dijo: “La batalla de San Félix es el más brillante suceso que hayan alcanzado nuestras armas en Venezuela”.

Una reunión entre Bolívar y Piar después de la victoria de San Félix, durante la cual se abrazaron y aseguraron la más firme amistad, pareció haber superado cualquier desacuerdo. No ocurrió así. Después de la entrevista, Piar no ocultó su aspiración al mando supremo, excluyendo al Libertador, y tuvo fuertes choques con jefes patriotas como Gregor Mac Gregor, Pedro Zaraza, José Tadeo Monagas y otros. Manifestó abiertamente su desagrado por Bolívar haber ocupado Angostura antes de él. Solicitó su separación del ejército y se marchó a Maturín (Monagas), donde intentó dividir al ejército y formar un centro de dirección paralelo y contrario al Libertador. Ordenado el arresto de Piar, fue conducido a Angostura y sometido a un consejo de guerra de oficiales generales, presidido por el almirante Luis Brión.

La condena, por unanimidad, fue a muerte y degradación por los delitos de desobediencia, sedición, conspiración y deserción. Bolívar aprobó la sentencia, menos la degradación.

El 16 de octubre de 1817 en la tarde, ante el ejército en formación, fue ejecutada la sentencia. Piar recibió la descarga de fusiles con la mayor serenidad y dominio de sí. El fusilamiento de un extraordinario soldado e intrépido jefe como Piar, fue un acto doloroso pero necesario para cuidar la disciplina del ejército y la autoridad del Jefe Supremo. De lo contrario no hubiera sido posible la victoria de la guerra por la Independencia. Bolívar no dejó de lamentarse por la muerte de Piar y en una ocasión le recordó diciendo: “Es necesario reconocerlo, sin las victorias de Piar en 1817 no tuviéramos República”.

 

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