Antonia Muñoz / Opinión

4.Feb.2015 / 03:01 pm / Haga un comentario

En la década de los 80 y 90, a muchos nos producía gran frustración saber que los méritos servían de bien poco para ascender profesionalmente. En ocasiones nos invadía una mezcla de rabia e impotencia al ver como individuos sin méritos académicos, llegaban a dirigir universidades amparados sólo en el carnet del partido de gobierno. ¡Cuánta impotencia ante la indolencia e ineficiencia para tramitar las cédulas y pasaportes, que forzaba a las y los venezolanos a esperar horas en colas. ¡Cuánto malestar cada vez que salían a la luz pública los caso de corrupción, uno más descarado que el otro. ¡Cuánta desolación ante las versiones que nos ofrecían para explicar las diferentes masacres. Ante tantas cosas mal hecha, muchos nos preguntábamos una y otra vez ¿Será que en este país no existe un hombre capaz de parar este estado de cosas? Por eso sentimos una gran alegría, cuando en la mañana del 4 de febrero de 1992 supimos de la insurrección de los militares, encabezados por Hugo Chávez Frías. No éramos ni somos golpistas, estábamos cansados de tantos despropósitos; por ejemplo, estábamos cansados de ver tantos niños pidiendo en la calle, en vez de estar en la escuela o jugando como correspondía a su edad.

Después del fracaso militar del 4 de febrero, la esperanza de buena parte del pueblo venezolano se mantuvo gracias al “por ahora”. Por un poco más de dos años, muchos esperamos ansiosamente; ansiedad que a partir del 26 de marzo de 1994, comenzó a convertirse en una potenciada esperanza. A medida que el Comandante Chávez recorría el país y comunicaba personalmente el plan del Movimiento Bolivariano Revolucionario 200, se fue agigantando la esperanza de los venezolanos que anhelábamos cambios. Fue como un enamoramiento que fue tomando cuerpo colectivamente, pasando por el “por ahora por ninguno”, que la mayoría de los seguidores acatamos para las elecciones regionales de 1995; hasta llegar al triunfo del Comandante Chávez el 6 de diciembre de 1998, lo cual, sin ninguna duda, fue la concreción del triunfo político del 4 de febrero de 1992.

Desde el 2 de febrero de 1999 se han hecho muchos esfuerzos para mejorar la calidad de vida de las y los venezolanos. La disminución de la pobreza extrema de casi una cuarta parte de la población a 5.5% es algo innegable, el aumento del índice de desarrollo humano y la disminución del grado de desigualdad entre los venezolanos está perfectamente documentado y reconocido internacionalmente. Probablemente todo lo anterior, debido al incremento de: el empleo entre los venezolanos (el desempleo bajó de 16 a 5%), al mayor acceso a la educación a todos los niveles (desde el inicial hasta el universitario), al mayor acceso al servicio de agua potable y a la recolección y tratamiento de agua servidas, al incremento anual de los salarios para compensar cualquier incremento de la inflación. En este sentido, nos permitimos recordar que desde el año 99 hasta el 2012, el promedio de la inflación estuvo alrededor de 22%, a pesar del pico que se produjo entre 2002 y 2003, gracias a la arremetida de la derecha contra la Revolución Bolivariana durante el golpe de Estado y el paro petrolero. Sin embargo, nada comparable con la inflación observada en los gobiernos de CAP II y Caldera II, que llegó a 101%. Durante la Revolución Bolivariana, ya los adultos mayores no tienen que protestar ni ser reprimidos por la ballena, porque paulatinamente se les ha ido garantizando su pensión homologada al sueldo mínimo.

A pesar de las campañas maliciosas del imperio y de sus ayudantes de la derecha venezolana, durante la Revolución Bolivariana se han respetado los derechos humanos en forma rigurosa. Aunque nunca falta uno que otro funcionario que infringe los principios, son casos aislados y nunca una política de Estado. Ciertamente hay políticos presos por violentar las leyes de la República, pero en Venezuela nadie está preso, desaparecido o exiliado por sus ideas políticas, sino porque ha cometido delitos. Debe resaltarse el rango constitucional de la participación y protagonismo del pueblo en los asuntos públicos; así como las conquistas laborales de los trabajadores.

Quienes son capaces de analizar los hechos con objetividad, reconocen los logros políticos y sociales de la Revolución Bolivariana. Asimismo, siendo objetivos y sinceros, tenemos que reconocer que debemos revisar, hacer rectificaciones y reimpulsar el área económica. Algo no anda bien en ese sector, a lo que se le suma la guerra económica que desde hace bastante declaró el imperio y sus acólitos. Igualmente, a pesar de los esfuerzos realizados, la inseguridad heredada sigue siendo un gran dolor de cabeza. Finalmente, debemos ser más en castigar la corrupción, sobre todo la practicada por gente que se autodenomina revolucionaria. Esa sería una excelente prueba de la lealtad a Chávez y la defensa de su legado. No debemos permitir que el amor se enfríe debido a la impunidad de los delitos. A pesar de cualquier pesar, mirar hacia la derecha NUNCA será una alternativa. ¡Cuarenta años de despropósitos fueron suficientes! CHÁVEZ VIVE. LA LUCHA POR LA PATRIA SIGUE.

Guanare, miércoles 4 de febrero de 2014.

 

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