Opinión

6.Abr.2015 / 12:58 pm / Haga un comentario

Grito Llanero

Por: Pedro Gerardo Nieves

I

¿Cuántos viajes por el mundo en los Airforce llenos de lujo y comodidades? ¿Cuántos viajes gratos, apacibles y exitosos? ¿Cuántos gobernantes arrodillados diciendo amén a todo lo que se ordena? Pero, oh-oh, resulta que algo ha sucedido.

La subsecretaria de Estado de EE.UU. para Latinoamérica, Roberta Jacobson, ahora prepara su maleta a Panamá con desazón, incredulidad y furia. ¡No es posible que todos esos países “hispanos” se atrevan a contrariar las justas y convenientes medidas estadounidenses!

–¡James: vuelve a decirme qué países se oponen al executive order de Mr. President Obama! (Roberta está ciega por la rabia). ¿Rusia? ¿Grupo de los 77+China? ¿Celac? ¿Unasur? ¿Alba? ¡Oh mi God: sólo falta que los Boy Scouts también se opongan al decreto!

–Recuerde Mrs. Jacobson que el Grupo de los 77 no son 77 sino 134 países; más China, son 135 países, explica el inoportuno James, un muy erudito becario que acompaña a la dama a hacer su maleta.

–Creo que hemos logrado el prodigio de la unidad de los países de mundo…en contra de las políticas de los Estados Unidos, agrega el nerd totalmente sonrojado.

–Todos esos países están en contra de la democracia, dear. ¡No hacen nada para defenderla y se alinean en contra nuestra!, grita la añosa dama.

–Tengo la solución Mrs. Jacobson, si me permite: Es muy sencillo derogar el decreto de Presidente Obama, pedir una disculpa por el grave error y comenzar una nueva era de relacionamiento paritario con todo el mundo.

Así dijo James antes de recibir un soberbio taconazo en la cabeza documentado por el Servicio Secreto como “un accidente doméstico” luego de despedir al becario “quien vuelve a su universidad a continuar su formación”.

II

El decreto donde Obama acusa a Venezuela de ser una amenza inusual y extraordinaria para la seguridad estadounidense ha destapado una caja de Pandora antiimperialista de resonancia y efecto mundial donde la víctima, la República Bolivariana de Venezuela, ha obtenido la victoria moral, política y diplomática pero, aún más allá, supone la emergencia articulada de un poder ético internacional que en lo concreto se yergue contra un declinante imperio y le propina derrotas en un mundo menos crédulo que ha aprendido de la historia y hoy se muestra desafiante ante el complejo militar que integran los “halcones”.

No era para menos. La horrible tradición estadounidense prescribe invasiones a sangre y fuego como paso siguiente a la emisión de tales decretos ejecutivos. De hecho, la cancillera Delsy Rodríguez en la OEA denunció a Estados Unidos diciendo que “La aplicación de leyes de esta naturaleza suelen preceder a intervenciones militares“.

“…Hemos venido a esta organización a alertar no solamente de la sanción extrema, como una intervención militar (…) sino con agresiones de otro tipo como bloqueo financiero, comercial y económico”, explicó Rodríguez.

Ese día comenzó un calculado recule estadounidense que testimonia el craso error cometido al continuar la tradición de padrotear al mundo obviando el cambio de la realidad geopolítica.

El mundo civilizado peló los ojos cuando en ese mismo foro el representante estadounidense ante la OEA, Michael Fitzpatrick, señaló que el decreto de Obama ha sido “mal interpretado”.

“No estamos preparando una intervención militar (…) No estamos buscando desestabilizar o derrocar al gobierno de Maduro en un golpe de Estado” o perjudicar la economía venezolana, afirmó ante una escéptica concurrencia internacional.

Por eso aquellos polvos del recule gringo hoy se convierten en un lodazal de contradicciones cuya muestra fehaciente es la declaración decepcionada de Roberta Jacobson en tono atrabiliario: “Me decepcionó que no hubiera más países que defendieran que las sanciones no eran para dañar a los venezolanos o al Gobierno venezolano en su conjunto”, explicó seguramente iracunda por carecer el apoyo de países que usualmente lamen sus zapatos stilettos.

III

Ya nada será igual. Por eso Roberta Jacobson prepara su maleta a Panamá esperando una diplomática pela revolcada bien merecida no sólo por inmoral sino por una torpeza que denota el arrogante desprecio de EE.UU por el mundo. Tal vez apele a otra Roberta, a Roberta Flack, para pedir con Obama: “Killing me softly”.

 

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