Opinión

26.Mar.2015 / 04:56 pm / Haga un comentario

Foto: Archivo

El Presidente Obama dice que Venezuela es una amenaza para la seguridad nacional de los Estados Unidos de América. Algunos aseguran que esta alerta era necesaria, de modo que Obama, pudiera legalmente tomar acciones punitivas contra funcionarios venezolanos. Pero hagamos una pausa durante un momento y observemos que implica la frase “amenaza a la seguridad nacional”.

 A medida que dejamos “marinar” esta declaración en nuestra mente, consideremos la idea abstracta de remontarse en el tiempo hacia atrás para llegar a una conclusión. Un niño determina que las verduras son venenosas. Las verduras no son venenosas, pero debido a que el niño ha decidido que él o ella no quiere comer verduras, las declara como venenosas. Se necesita una razón para justificar una acción – en este caso, la idea ilógica que las verduras no deben ser comidas porque, bueno, no importa qué- Así, las verduras convenientemente se han convertido en venenos y el niño le grita a su madre que “ellas son veneno”, asegura entonces que enfermará e irá al hospital y que de comerlas: ¡Se volverá de color púrpura y naranja y verde! Está claro que nada de esto es exacto, pero se necesita un pretexto para justificar la acción de no comer las verduras¿Es esto racional?

 Así es con Venezuela. No hay ninguna amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos. Pero así como el niño afirma que las verduras son veneno, el presidente Obama decidió que la República Bolivariana es una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos, para justificar una escalada más, de lo que se ha convertido en una guerra perpetua contra la revolución socialista que comenzó hace más de una década.

 El régimen de Estados Unidos – apoyando a su misión contra Venezuela representada en la oposición nacional- ha reclamado varios asuntos en contra de Venezuela, entre ellos: “No nos gusta que la Revolución haya sido elegida democráticamente durante 15 años” hecho que curiosamente no constituye la razón más políticamente sostenible para alegar una amenaza a la seguridad nacional.

 Los principales reclamos que esgrime EEUU, son que Venezuela ha tomado medidas enérgicas contra los disidentes, los líderes de la oposición que permanecen encarcelados, así como haber permitido la impunidad de la policía nacional, acusada de cometer asesinatos, además que estar incursa en casos de corrupción.

 Mientras que estos argumentos han sido refutados (por el Gobierno venezolano), debe tenerse en cuenta, una vez más, por qué no son sólo acusaciones incorrectas, sino que, son irremediablemente hipócritas – de ser correctas – a la luz de la política de Estados Unidos en relación con los vecinos de Venezuela.

 En primer lugar, la lucha de la disidencia es una queja de larga data asumida por EEUU contra Venezuela, que se remonta a mediados del año 2000, cuando Venezuela no renovó la concesión del uso del espectro radio eléctrico a ciertos medios televisivos, por difundir imágenes racistas y ofensivas, este hecho posicionó a Venezuela en el escenario internacional como una nación censuradora de los medios de comunicación opositores al Gobierno.

 Sin embargo, los medios privados de comunicación venezolanos no mencionaron que las señales radio eléctricas de estas mismas estaciones – plenas de programación violenta y racista- nunca fueron vetadas o censuradas en Venezuela (a pesar de la opinión de algunos que consideran que deberían haber sido cerradas), igualmente ninguno de los directivos, ejecutivos o asesores legales de estos canales fue encarcelado.

 La cuestión es simple, se les prohibió la concesión de gozar de un espectro radio eléctrico público y en su lugar, el Gobierno de Venezuela optó por otorgar esa señal televisiva a medios comunitarios. Esto, en la lógica retorcida del imperialismo estadounidense se traduce en “medidas enérgicas contra el disenso”.

 En consonancia con la idea de “reprimir a la disidencia” surge la afirmación de “encarcelamiento de dirigentes de la oposición”, en teoría esta afirmación es correcta, más sin embargo, deja de lado el punto más sobresaliente que es el hecho de que existen presos que son líderes de la oposición… que estuvieron involucrados en la planificación de protestas violentas que llevaron a la muerte de más de 40 personas – la mayoría de los cuales eran o civiles a favor del gobierno o integrantes de la policía nacional que fueron asesinados, en parte, por francotiradores. Entonces es objetivamente correcto que ciertas figuras de la oposición estén en prisión, pero es falsamente ingenuo dejar de lado en esta discusión el hecho que cualquier país puede encarcelar a un ciudadano que provocó, planeo, conspiró y llevó a cabo numerosos actos de violencia, incluidos bombardeos, planes de un golpe violento que incluían ataques contra periodistas. Igualmente resulta irónico observar cómo la oposición apoyada por la propaganda y el dinero estadounidense dice estar reprimida usando los medios de comunicación y luego procede a conspirar para atacar violentamente a los medios de comunicación. Cabe señalar también que entre los encarcelados existen instigadores del golpe de 2002 contra el presidente Hugo Chávez, un hecho particular es que durante las 48 horas que duró el golpe de estado de la derecha, las señales de los medios de comunicación fueron suspendidas.

 En cuanto al reclamo por la impunidad de la policía responsable de las muertes de civiles durante las protestas del año pasado, sólo se tendría que ir a las cárceles de Venezuela, donde los miembros de la policía permanecen actualmente encarcelados bajo sospecha de asesinato. Por supuesto, esto también ha sido eliminado de la discusión de los medios de comunicación de Venezuela. No hay señalamientos que indiquen que estos policías sean presos políticos encarcelados por sus creencias ideológicas.

 A diferencia de la oposición, responsable de crímenes contra la democracia y el pueblo, así como de la violencia y la muerte de civiles, estos funcionarios de la policía – que, cabe señalar, fueron sometidos a abusos por parte de “manifestantes” y la violencia – son totalmente desconocidos para la opinión pública.

 En cuanto a la última acusación sobre los casos de corrupción, la hay, sin duda, dentro del Estado venezolano – pero a diferencia de los regímenes anteriores que duplicaron la corrupción, el actual presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ha admitido la existencia de prácticas burocráticas que conducen a la corrupción, al tiempo que ha alertado sobre las acciones para erradicarla.

 Hay que tener en cuenta también que las medidas necesarias para acabar con la corrupción en Venezuela – fuertemente ligada a los restos del capitalismo burgués – implicarían acciones que podrían generar nuevos ataques contra Venezuela por “la represión contra la oposición”, “coacción a la libertad de expresión” y “cerco a las empresas privadas”, que ello implicaría.

 Para Estados Unidos – y de hecho el Occidente en general – el fantasma de la “corrupción” es un garrote contra sus oponentes políticos para justificar ataques retóricos y físicos. Sin embargo, ¿qué Estado en el mundo esta libre de “corrupción”?. “La corrupción” es un término vagamente definido y presente en todas partes en diversos grados, es un hecho que precisa existir para hacer de oposición, no obstante nunca será derrotada por completo. Una analogía válida sería llamar a una guerra para erradicar el “pecado”.

 Todo esto nos lleva a considerar la realidad de la hipocresía occidental, un tema que podría llenar tomos de enciclopedias. Pero para no aburrir al lector con tomos, sólo se necesita preguntar cómo Venezuela es castigada internacionalmente por ser un país corrupto y represor de las libertades -ambas acusaciones evidentemente falsas- cuando sus vecinos como Colombia, que cuenta con un “pequeño” problema de asesinatos y México (norte) sacudido por unas masacres impunes que se suceden unas tras otras. Pero de alguna manera Colombia y México son considerados aliados, a pesar de sus problemas evidentes – problemas que han sido exacerbados directamente por los respectivos gobiernos. Sin embargo la “amenaza a la seguridad nacional” es Venezuela.

 Tal vez Venezuela es una amenaza, sin embargo… tal vez… y de hecho… Venezuela es una amenaza, pero no para Estados Unidos, sino para la influencia y hegemonía que Estados Unidos buscan imponer. Venezuela es una amenaza cuando los residentes del sur del Bronx reciben calefacción asequible y no de su propio gobierno, sino de la ayuda humanitaria de Venezuela ¿Cuando un pequeño niño negro en el Bronx se va a dormir abrigado con calor en pleno invierno y no está temblando de frío en su apartamento, podemos entonces agradecerle a la Revolución Bolivariana, Presidente Obama? No, gracias.

 Esta es la amenaza que Venezuela representa para Estados Unidos. Es una amenaza que la gente pueda ver a un Estado que se basa en el valor del socialismo que los provee cuando sus propios líderes fallan. Es una amenaza que la gente vea el socialismo transformar la vida de las personas en Venezuela y el levantamiento de las masas de la pobreza. Cuando las personas son forzadas a vivir en las calles por el incremento de los alquileres en la ciudad de Nueva York, la amenaza es que Venezuela ofrece casas gratuitas para su pueblo. Una revolución es transformadora y socialista porque el socialismo revolucionario no dobla sus rodillas ante los gringos imperialistas ¿Qué es el capitalismo y la supremacía estadounidense para un niño que llora en un refugio para desamparados?, en Venezuela se construyen nuevas viviendas para sus pobres. Y esta es la amenaza.

 La amenaza en Venezuela es la ruptura del dominio de la élite privada que dicta a las masas el libreto de lo que será su dignidad. Las élites, con sus aliados en Miami y Washington dicta a las masas que: “Su dignidad…no existe”. Los pobres no se ven, están fuera de la vista, lejos de la atención de la gente, fuera de los medios de comunicación. Pero la Revolución cambió eso. Esta es la amenaza de Venezuela – la amenaza de la exposición de la injusticia-, pero no la mera exposición, es la muestra del castigo en el contexto de la Revolución. Un verdadero cambio de poder.

 Un hombre pobre llamado Hugo Chávez, de ascendencia africana e indígena, subvirtió a América Latina y transformó la región a través de la dignidad y empoderamiento del pueblo. Fue una revolución condenable por los poderosos de Washington, porque fue profundamente democrática, con altísimos índices de participación en los procesos electorales. Los venezolanos votaron con buen agrado por la Revolución y la defendieron con las armas.

 Washington no podía decir “no votaron por él, exigimos elecciones”. Los venezolanos han votado durante 15 años por la revolución, este hecho es considerado por las élites como una imprudencia, sin embargo ahora un conductor de autobuses se convirtió en presidente y conduce al pueblo venezolano. La amenaza de la desfachatez – o el triunfo de una revolución del amor y la justicia.

 Pero esta revolución no es meramente como un personaje hippie, en donde la gente espera sentada por la llegada de la justicia mientras se toma un café americano. Esta Revolución está condicionada por una coalición entre la sociedad civil y el componente militar -con cada integrante complementando al otro, aunado a esto encontramos la dignidad social del ciudadano como la fuerza motriz – por ende la Revolución no se concibe como una reforma o un intento pacifista a moderar los excesos del capitalismo. Aunque impulsada por un firme sentido de amor al prójimo y de respeto y consideración a la mujer, se reconoce la importancia del poder. El poder nunca concede nada sin una lucha. Así como hubo una lucha inicial para arrebatar el poder a la clase capitalista tradicional, la lucha continúa – tanto para seguir expandiendo el rango de acción poder, como para la defensa de aquello que ha sido incautado al capitalismo- .

 Las clases liberales y pacifistas tienen miedo de un cambio de poder liderado por las masas – especialmente uno en el que los militares y el pueblo en perfecta alineación eleven las demandas de la gente-. Porque es la clase liberal – que tradicionalmente no ha dirigido al ejército – que no puede aceptar que una fuerza armada vaya a defender las conquistas de la clase obrera contra el poder tradicional de esa misma clase liberal, para la clase conservadora, los militares han tenido un legado mixto en América Latina – a veces han sido la fuerza de control de la clase obrera, en otras ocasiones han sido la fuerza que ha garantizado los derechos de la clase trabajadora-. Recordemos que el camarada Hugo Chávez fue de los militares y encabezó un fallido golpe de Estado que acabó llevándole a un reconocimiento nacional y la presidencia a través del voto democrático.

Y tal vez esto también es la amenaza de Venezuela – el establecimiento concreto de una sociedad socialista que declara audazmente su independencia y no se acobarda para defender a través de medios legítimos la voluntad del pueblo.

 Occidente permite el reformismo a sus “hermanos menores” – siempre y cuando esté dentro del contexto de las normas aceptadas por occidente. Los reformistas son entonces guiados por la sabia mano de pensadores progresistas de Occidente que imparten el conocimiento dogmáticamente en las aulas de clases y en conferencias internacionales.

 ¿Pero la revolución? ¿Y la revolución de abajo hacia arriba? ¿Y la revolución cuando el fondo declara su poder?.. ¿Revolución donde la gente de la parte inferior – la “desechable” – no simplemente pide derechos, sino que toman el poder? Esta es la amenaza.

 Como lo fue en Cuba, la ideología mental de la revolución es tan grande, si no mayor, que la revolución misma. Una vez que un pueblo ha descolonizado su mente, todo lo demás caerá en su lugar en el tiempo. El poder puede ser retomado, pero la gente, una vez liberados, no volverán a la subyugación bajo la escora de imperialistas o el paternalismo de los progresistas occidentales.

 El fuego de la libertad seguirá ardiendo.

Tal vez entonces, en cierto modo, Venezuela es una amenaza.

La amenaza vive. La amenaza de la libertad y la justicia.

 Andrew Kahn AVN

 

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