Héctor Agüero / Opinión

13.Abr.2015 / 07:13 am / Haga un comentario

Decía el general prusiano Karl von Clausewitz, que la guerra era la continuación de la política por otros medios y no se equivocó. Luego de los cañonazos y de la carnicería humana, las partes en conflicto vuelven a las palabras y a los tratados pero, con la diferencia de que esta vez, priva una sola opinión: la del vencedor. Lo sabe muy bien la nación germana, eje de dos contiendas en el siglo XX que, no supo ganar ni evitar. Lo sabe también el gobierno francés en Indochina y el norteamericano en Vietnam, entrampados con sus fuerzas ocupantes en esa jungla del Sureste asiático, al tiempo que se aferraban y maniobraban en las mesas de negociaciones en Paris, para maquillar una derrota en honrosa retirada. Indudablemente no salieron airosos de esas contiendas, porque pensaron que el poderío bélico lo hacía todo. Afortunadamente, es indispensable valorar la historia para no caer en los mismos errores.

Viene esta reflexión a propósito de las medidas tomadas por la administración Obama, que señala a nuestro país como peligroso para la nación norteña. Decisión que a los ojos de personalidades y organismos internacionales, tanto afines al proceso revolucionario como críticos al mismo, consideran que el Primer Mandatario estadounidense se excedió. Es importante recalcar que la reacción solidaria de la mayoría de naciones del continente americano, se reflejó en las decisiones de apoyo diáfano que asumieron los organismos regionales.

La respuesta del Pueblo venezolano, de su Presidente Nicolás Maduro Moros, del Gran Polo Patriótico, de la FANB, fue una sola, enérgica y contundente: defensa de la soberanía patria y rechazo a la postura imperial. Vimos con qué rapidez se sucedieron las movilizaciones de diversos sectores de la vida pública, actividades que han adquirido un carácter permanente y que demuestran que la República Bolivariana de Venezuela, no está sola. Ni en el plano interno ni en las instancias internacionales. Fue un termómetro que midió el grado de madurez y conciencia de un pueblo que, sabe defender sus conquistas sociales.

Al mismo tiempo que nuestro Presidente Nicolás Maduro, enarboló la firme defensa histórica de nuestro suelo patrio, giró instrucciones a nuestra cancillería para que denunciaran ante el mundo este acto insólito. Delcy Rodríguez, nuestra compañera canciller le explicó al mundo que Venezuela es, una nación de esperanza, que tiene el legítimo derecho de vivir en paz y armonía, en el conglomerado de naciones que pueblan el planeta. Defensa enérgica de la patria pero, también dispuestos al diálogo franco y respetuoso en condiciones de equidad. Así lo afirma la frase que recorre las redes desde hace días: Obama, deroga el decreto Ya. Es importante que no se confunda nuestra voluntad de entendimiento con un asomo de debilidad. Somos diáfanos como revolucionarios y creemos que, la lucha política debe prevalecer sin menoscabo de nuestras tareas en defensa de la patria. En estas circunstancias nuestra posición en una mesa de negociaciones debe ser vertical y férrea, en lo que atañe a nuestra integridad como nación. Saber explorar los puntos débiles del adversario a sabiendas que éste dispone de recursos poderosos e ilimitados. En este caso la paciencia, la habilidad y la prudencia requieren el ir de la mano, para llegar a buen puerto. En las actuales circunstancias, se hace indispensable recurrir al apoyo y a la concertación con los gobiernos amigos y con los organismos de la Región, para crear y propiciar una salida política a esta reacción inusual.

Si no hay sorpresas de aquí al 10 de abril, la Séptima Cumbre de las Américas, que tendrá lugar en la ciudad de Panamá y que sesionará durante un par de días, podrá ser un escenario propicio para intentar un acercamiento que pueda conducir a un diálogo entre las partes. Nuestro inquebrantable ideario revolucionario nos acompaña en esta tarea ardua y difícil, pero no imposible. En defensa de la patria bolivariana.

 

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