Opinión

2.Jun.2016 / 11:59 am / Haga un comentario

Foto: Archivo

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Por: Eduardo Pérez Viloria

“Los hombres de luces y honrados son los que debieran fijar la opinión pública. El talento sin probidad es un azote. Los intrigantes corrompen los pueblos, desprestigiando la autoridad. Ellos buscan la anarquía, la confusión, el caos y se gozan en hacer perder a los pueblos la inocencia de sus costumbres honestas y pacíficas”.

El Libertador Simón Bolívar. Bogotá, 8 de Octubre de 1828.

I

La Revolución Bolivariana nació como un huracán de esperanzas para librarnos de las cadenas de la opresión; de la esclavitud espiritual a que nos tenían sometidos los gobiernos burgueses dueños de estas tierras sagradas.

Y entendiendo que “la historia de todas las sociedades existentes hasta ahora es la historia de la lucha de clases” -es decir, el antagonismo entre explotadores y explotados- la revolución bolivariana ha intentado, sacar del abismo a los oprimidos de todos los tiempos.

II

Gracias a la revolución de Chávez, Venezuela es otra. Pudiera escribir miles de líneas detallando todos los logros materializados en solo 17 años de revolución, pero ese no es el tema a tocarse en el presente texto. Me dedicaré exclusivamente a responder, de la manera más light posible, la interrogante planteada en el título del presente artículo.

Y esto que viene a continuación, no es acto para cardíacos. No crean tampoco que me volví un opinador pajúo de esos de aporrea. ¡NO! es un análisis de lo que considero falta profundizar para seguir avanzando.

III

El primer elemento es la impunidad. Esta condición terrible ha venido instalándose como “cotidiana” entre los venezolanos. Ya no existe respeto a los órganos que ejercen la ley; y cuando una que otra vez, se pretende aplicar Justicia, la mano con billete corrompe a quien ejerce la autoridad. Esta privatización de la justicia se manifiesta en otro fenómeno mortal para cualquier sociedad: la corrupción, realidad que conocemos cada uno de nosotros. Es importante aclarar a aquellos puritanos, que no sólo es corrupto el funcionario que recibe el billete, delincuente es también quien lo ofrece.

Nosotros, que somos parte de este proceso revolucionario, no podemos permitir que se sigan desarrollando tan abismales males. Debemos exigir que se cumpla cada letra establecida en nuestras normas jurídicas; y debemos denunciar de la manera que sea todo acto de corrupción. ¡Son ellos, o somos todos nosotros!

IV

Otro componente tóxico para la revolución es la no concreción de nuestro sistema económico.

El Comandante Chávez fue un profundo conocedor y cumplidor de las leyes que rigen la economía política. Concebía que la economía no era un elemento abstracto de la historia. Al contrario, entendía que la economía era una ciencia histórica. La ciencia de la lucha de clases.

Pero nos faltó y faltan bolas todavía para destruir de una vez por todas los aparatos de dominación económica instaurados por la burguesía en nuestra patria. O vamos hacia una economía socialista, o le dejamos los medios de producción en manos de privados. Pero no podemos seguir guabineando, ¡o somos monos o somos ardillas!

V

En cuanto a la comunicación se refiere, estamos raspados, en lo más profundo del mar estamos naufragando. Mientras nosotros los chavistas todavía estamos organizando talleres sobre ¿qué es el twitter?; la oposición sigue alienando a todos los actores sociales de nuestra patria mediante el uso perversamente magistral de las Nuevas Tecnologías de Información y Comunicación (NTICs).

Entendamos que con una nota de prensa elaborada por un periodista gubernamental, que en su vida -y de vaina- sólo ha leído “La culpa es de la vaca”, jamás llegaremos a obtener el efecto deseado en cuanto a la comunicación se refiere.

Hay que avanzar, comprender que la comunicación es la acumulación de fuerzas intelectuales y materiales, pero no para los medios de comunicación; sino para el chamo y la chama creativos, para el comunicador de a pie. La comunicación es tarea de todos, pero arte de pocos.

VI

Pero el mal de los males, la causa general de las noches de amarguras, son esos que llamamos infiltrados. Vienen de todas las presentaciones y colores: hay fariseos, jalabolas, chismosos, arrastrados, -alejado de ser un hombre misógino-, y las putas que juegan un papel fundamental.  Porque el problema no es que lo sean, cada quien usa su cuerpo como mejor le parezca. El problema es que el pendejo que las apadrina les pone la revolución en bandeja de plata para que la acaben.

Así que a limpiar los entornos de la revolución de todos esos pequeños seres, individuos del mal. Ojala exista el infierno, para que todos juntos lleguen por allá y pasen toda la eternidad.

VII

Y para finalizar, solo queda decir… Maduro, seguimos contigo, hasta la victoria. Eres el hombre, quien tiene en sus manos el futuro de Venezuela. El camino es el correcto, solo falta apretar una que otras tuercas -antes mencionadas- y te aseguro que obtendremos la plenitud que falta.

¡Seguimos en lucha, por la Patria de Chávez!

eduardoperezviloria@gmail.com

@eperezviloria

 

 

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