Francisco Arias Cárdenas / Opinión

30.May.2017 / 10:35 am / Haga un comentario

Foto: Archivo

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Por: Francisco Arias Cárdenas

Independientemente de la posición política, una persona en su sano juicio es incapaz de fomentar el odio como estrategia para acceder al poder; lo verdaderamente humano es que la lucha la hagamos por amor a la justicia y por solidaridad, por aspiraciones individuales y colectivas de prosperidad, en armonía y respeto por la biodiversidad.

El odio destruye tanto al objeto del mismo como a quien lo proyecta; el amor y la tolerancia unen, construyen y crean vida. Cierto es que los valores internalizados en nuestros hogares y escuelas, en la infancia, deben protegernos de los manipuladores de mentes desde los medios de comunicación para incitar a la violencia; pero nuestros niños, niñas y adolescentes son vulnerables a dicha embestida en esta época, en la cual las redes de telecomunicación penetran todos los espacios, casi sin control.

Y no es que el problema sea el medio, sino los contenidos. El vertiginoso avance tecnológico y científico es admirable y es bueno; la diferencia estriba en el uso y los objetivos de su aplicación.

Esta realidad es un problema a considerar; hasta organizaciones que adversan nuestro proceso bolivariano como el Centro S. Wiesenthal, se pronunció en el 2012: Uno no puede legislar para que no exista el odio, pero sí trabajar para que el mismo sea marginado dentro del terreno de la Internet.

Ante esta arremetida de la ultraderecha contra nuestro país, que incita a la destrucción del otro, del que piensa diferente, la gente sana –sea o no revolucionaria– optamos por lo racional, lo lúcido, que es dialogar, proponer vías de entendimiento y reglas para la superación de los obstáculos. Eso es la Constituyente, convocada por el Presidente Maduro.

Los escenarios cambian, y más en casi dos décadas. Un ejemplo: hasta 1999, apenas 390 mil adultos mayores recibían pensiones miserables, inferiores al salario más bajo. Actualmente, el 10% de la población  –más de 3 millones de personas– recibe una pensión digna. Tenemos que seguir evolucionando. Como humanos lúcidos, construyendo, amando y trabajando.

 

 

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