Noticias / Opinión / Richard Canan

22.Mar.2018 / 02:35 pm / Haga un comentario

Trump and Tillerson

Como es su costumbre, ser eruptivo, soez, y actuando en modo furioso, el presidente del decadente Imperio Norteamericano, Donald Trump, ha despachado (You’re fired) mediante un mísero tuit a su Secretario de Estado, el inefable y brevísimo Rex Tillerson.

Tan solo 13 meses aguantó este personaje en el cargo. Vendido inicialmente como la octava maravilla del mundo, la “verga de Triana” pues, llegó sin ninguna experiencia diplomática y solo relucía su “esplendoroso” perfil de inescrupuloso empresario petrolero, genuino integrante de las corporaciones de donde proviene el propio magnate Trump.

Cuando se habla de Trump y su alocado temperamento, todo es posible. Así, el pobre Tillerson fue despedido abruptamente sin una palmadita en el hombro y según señalaron los llorosos empleados de su antiguo despacho “no habló con el presidente esta mañana y desconoce el motivo” del oprobioso y vergonzoso despido.

Durante la efímera gestión del ángel caído solo le dio tiempo de salir a conspirar contra otros países, Venezuela entre ellos. Todos recordaremos con mucha pena su bravucona gira donde se explayó en delinear los mecanismos para tumbar al Gobierno Bolivariano mediante la profundización del bloqueo económico y financiero, y hasta blandió el hacha de la muerte con su tenebrosa “opción militar”. Los cachorritos del imperio (dixit el verbo sumiso de Kuczynski) provenientes de la Alianza del Pacífico, tomaron nota emocionados de las instrucciones que les daba su jefe gringo. Solo que la levedad de la gestión de Tillerson, impedirá a sus adeptos Macri, Santos, Kuczynski y compañía, cumplir con las promesas empeñadas.

Tillerson en vez de tumbar al Gobierno Bolivariano, quedó tumbado él. Se va sin pena y sin gloria. Seco como una momia egipcia (como todos los que se meten con Venezuela). Algún día se sabrán las causas del intempestivo despido. Pudiera ser que sus amenazas y posturas fueron muy conservadoras y tomadas como pusilánimes por los radicales fascistas de la extrema derecha norteamericana, los cuales gustan de arreglar todas las diferencias con otros países a punta de bombardeos y el saqueo indiscriminado de sus riquezas naturales (el petróleo pues).

En todo caso, el presidente Trump no ha revelado qué generó la desilusión y desconfianza repentina sobre su antiguo socio, el pobre Tillerson. En el ambiente quedaron varios elementos pendientes que pudieron ser del desagrado de los Halcones Gringos: en primer lugar, toda la supuesta trama Rusa, que evidencia que todo el gobierno de Trump está lleno de mentirosos y poco confiables burócratas; en segundo lugar, haber puesto en la agenda la posibilidad de lograr conversaciones directas de paz con Corea del Norte (todo un fiasco para el guerrerista Trump); y en tercer lugar, no haber concretado los apoyos necesarios para la “misión humanitaria” en Venezuela, a punta de misiles inteligentes y una coalición militar liderada por los angelicales miembros del US Marine Corps (el mayor sueño del apátrida Borges).

Pero cuidado, el peligro y la amenaza contra el país aún persisten. El nuevo Secretario de Estado, Mike Pompeo, tampoco viene del mundo diplomático. Es otro miembro de la cúpula empresarial norteamericana, que había sido previamente nombrado nada menos que como jefe de la CIA, y ahora ha sido reciclado al máximo puesto diplomático del Imperio Norteamericano. Tremendo mensaje para el mundo.

Así que podemos imaginar que el estilo diplomático del garrote continuará siendo utilizado contra todos los países del mundo. Este personaje ya se había afincado en contra de Venezuela, revelando la pequeñísima infidencia de que la agencia de espionaje se afanaba en presentar informes minuciosos sobre la situación política del país, catalogándonos como una “prioridad” y reiterando que somos una temible amenaza y un gran “riesgo para Estados Unidos”, principalmente por nuestros lazos de amistad y cooperación con Cuba, Rusia e Irán. Cuando Pompeo, siendo aún jefe de la CIA, habló de “restaurar la democracia”, no pudimos menos que recordar el martirio de Salvador Allende y del pueblo chileno, cuando le tocó su dosis de democracia a la norteamericana, aplicada por el sanguinario consejero de Seguridad Nacional Henry Kissinger, con su lapidaria y tenebrosa orden para la CIA: “Es hora de pegarle a Chile en el culo”. Vade retro Satanás dice la oración del exorcismo. Que Dios nos proteja.

Queda bien claro que el gabinete del presidente Trump presenta una alta rotación de personal. Una elevadísima rotación. Parece un empleo de baja calidad (tipo maquila), con un ambiente tóxico, coercitivo y de alto riesgo. Nadie aguanta la mecha de la furia del patrono de la Casa Blanca. Muchos intereses en juego, para este inestable personaje, que lleva siempre consigo el enorme peso del deseo de sus adversarios políticos que rezan para que no termine su mandato: Trump, You’re fired.

En una tragicomedia similar a la del show Tillerson-Trump está el empresario-presidente del Perú, Pedro Pablo Kuczynski, quien sigue guindando en el ejercicio de sus funciones como presidente. Las fuerzas opositoras en el Congreso Nacional han presentado “su segundo pedido de destitución en tres meses”, por múltiples cargos de corrupción y en clara represalia al indulto otorgado al convicto criminal y genocida Alberto Fujimori. Kuczynski como que no logrará llegar a la VIII Cumbre de las Américas en abril, que centrará su temática, por cierto, en la “Gobernabilidad democrática frente a la corrupción”. Estos fascistas de la Alianza del Pacífico son todos unos inmorales. La historia los pondrá en su justo lugar.

Richard Canan

Sociólogo

@richardcanan

 

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