Noticias / Opinión / Richard Canan

11.Jul.2018 / 10:27 am / Haga un comentario

Borges Alteza Real

De tanto esperar la llegada de los Marines, la disociada y apátrida derecha venezolana dejó pasar la oportunidad de demostrar su talante democrático, abandonando todos los espacios de poder político, es decir, los cargos de elección popular, siguiendo la senda pacífica que tanto desea la inmensa mayoría del pueblo venezolano.

Entre las contradicciones y los recovecos de su propio laberinto, sigue latente la pregunta de cómo un partido político se niega, por presiones externas (arrodillados ante el Tío Sam) a participar en elecciones, perdiéndole el gusto a la batalla electoral, a medirse. Más si se la pasa engañando a sus electores vociferando por todos los medios de que ellos suman más de 3 trillones de votantes. Puras mentiras y patrañas. Por allí viene el tema de la tremenda reculada y los respectivos lamentos de Ramos Allup y toda la procesión de adecos que andan alumbrando como alma en pena. En la tolda blanca son duchos en eso de copar y asaltar espacios. Ellos saben muy bien que fallaron garrafalmente al seguir (en la maltrecha MUD) a los sifrinos de la extrema derecha neofascista que nunca cesarán en sus intentos golpistas. Los adecos se anotaron dócilmente en la agenda del suicidio político.

Quien no ha esperado la llegada de los Marines es el Calígula criollo Don Julio Borges, Alteza Real, Duque de Transilvania. Intoxicado con su propio veneno de odio, miseria y ambiciones personales, se ha autodesignado como monarca, gracia divina, autoridad omnipotente y plenipotenciaria de todos los territorios correspondientes a la antigua Capitanía General de Venezuela. Dirigiendo personalísimamente desde el exterior, como un espurio usurpador, los ataques en contra del país.

En su delirio de grandeza, el usurpador cree que cuenta con poderes plenos y absolutos para comprometer todas las riquezas e instituciones de la República. Así, que en paralelo a su campaña planetaria procurando el bloqueo financiero, económico y comercial del país, además de azuzar la intervención militar, ahora en su descocada y desquiciada agenda conspiradora le dio por reunirse con los “futuros inversores” que van a salvar con sus dudosos capitales nuestro aparato productivo. Mayor timo.

Pues créanlo. El Duque Borges declaró con total impudicia que ya se estaba reuniendo, en el mismísimo seno del Imperio Norteamericano, con “empresarios del mundo para implementar un plan de reconstrucción del país”, confiando claro está en que el bloqueo y las marramucias que él mismo está impulsando generarán “El colapso del Gobierno”. Reveladora infidencia que demuestra que está negociando la “transición” y aspira meterle el diente a los generosos empréstitos que le darán sus amos del Departamento de Estado, los banqueros del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial y los buitres y zamuros de Wall Street. Pañuelo en la nariz ante los putrefactos socios del apátrida Borges.

El Duque Borges (como el jeque sin fondos) cree que va a poder engañar al pueblo venezolano. Se le ve la ambición y el alma negra a varios kilómetros. Este usurpador no es más que un lobista, un gestor de baja calaña. En sus cacareadas “negociaciones” debe estar comprometiendo, con su irrita palabra, la desaparición completa del Estado soberano, la privatización de todas las empresas públicas, y el canje con las transnacionales gringas de todo nuestro petróleo, oro y coltán a cambio de espejitos y gorritas de Mickey Mouse.

Cual Droopy (arrocero diríamos aquí) se aparece en cuanto convite hay por el planeta, pavoneándose alegremente como una Alteza Real, disfrutando la gracia de salir a hundir su propio país. Que pregunte a los líderes de los partidos opositores de todos esos países, hasta donde llegan los escrúpulos de la gente; y que existe una frontera ética y moral, donde hasta los más acérrimos adversarios políticos, se unen y cierran filas en defensa de su patria, para resolver juntos los problemas de su gente. Ni una propuesta escrita tiene el Duque Borges para solucionar los problemas de Venezuela. De su verbo solo salen frases que riman con golpismo, traición, intriga y coacción.

El problema grave no es que un orate como el Duque Borges, usurpe funciones y se embriague con los quiméricos montajes de sus inocuas gestiones como Alteza Real en el exilio. El problema es que los gringos y toda la Comunidad Europea han sido embaucados por este farsante que no representa ni siquiera a su propio partido, mucho menos a su país. Borges no tiene legitimidad ni moral alguna. Su único mérito es la cobardía, el rastrerismo, la cizaña, la maquinación. Es un cobarde apátrida que vive vilipendiando al país.

El Duque Borges solo es superado por la graciosísima puesta en escena (un melodrama macabro muy al estilo de Orson Welles) del Tribunal Supremo “en el Exilio”. Estos cómicos y contradictorios personajes (reconocidos como fatuos bufones) acaban de llamar a declarar en la mismísima Santa Fe de Bogotá (cuna de las facciones Santanderistas) al presidente de la República. Pero ¿a cuál están citando? Porque ellos mismos han destituido sopotocientas veces al presidente Maduro. Los colegas de Borges tienen problemas de amnesia. Solo hacen el ridículo estos “sabios” juristas, cuyo irrito ejercicio se realiza bajo el delincuencial auspicio y financiamiento de potencias extranjeras (Trump y la Alianza del Pacífico). Tienen suficiente mérito para ir a juicio por usurpación y traición a la patria. Por si alguien aún está despistado, el artículo 18 de nuestra Constitución Bolivariana reza textualmente que “La ciudad de Caracas es la capital de la República y el asiento de los órganos del Poder Nacional”. No en Miami, Washington o Bogotá.

Pendientes pues, para seguir desenmascarando a los payasos apátridas del circo de la conspiración continental. El Duque Borges es el líder.

Richard Canan

Sociólogo

@richardcanan

 

 

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