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10.Oct.2018 / 01:10 pm / Haga un comentario

Foto: Referencial

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Por: Richard Canan

Los ricos y poderosos siempre se han aprovechado de todos los resquicios y vericuetos creados por sus asesores financieros y legales con el único objetivo de mantener sus riquezas bien alejadas de las normas tributarias y evadir así el debido pago de los impuestos que establece la legislación vigente de cada país.

La noción de Paraíso Fiscal se relaciona directamente con esta práctica de “esconder” y alejar las masas monetarias y otros activos de cualquier pago o tributo. En los países donde operan, las normas tributarias permiten la exención total o parcial de impuestos, mediante rebajas impositivas sobre las ganancias que generen las empresas o los individuos registrados allí, incentivando el ingreso de grandes masas de capitales. Este sistema utiliza como esquema central el secreto bancario para ocultar las identidades de los cuentadantes o generar un entramado de velo corporativo sobre los verdaderos propietarios de empresas o cuentas bancarias que se crean para ocultar activos, dinero, bienes o acciones provenientes de actividades financieras o productivas de terceros países donde sí es obligatorio la cancelación de impuestos.

Nunca verán a un pobre abriendo una cuentica de ahorros en este tipo de bancos. Los pobres siempre pagan sus impuestos. Siempre son pechados al día. La evasión fiscal es para grandes ligas, para grandes empresas, corporaciones y grupos familiares que se aprovechan de la opacidad de estos territorios para ocultar dolosamente sus fortunas. Diversos organismos internacionales han creado normas contra la legitimación de capitales, imponiendo un freno al secreto bancario y a las prácticas ilegales. Pero los hampones corporativos siempre encuentran las formas de hacer trampas.

Los Panamá Papers, los casos de Andorra y Suiza, y otros más recientes han puesto al descubierto las debilidades en los sistemas de control, lo que ha permitido a diferentes mafias transnacionales, a corporaciones y hampones de cuello blanco movilizar y ocultar sus riquezas, muchas de ellas mal habidas.

Recientemente se ha descubierto que el inescrupuloso Donald Trump, junto a todo su grupo familiar y empresarial, han desarrollado “exitosas” prácticas, de dudosa legalidad, para evadir al máximo posible el pago de sus impuestos y sus deberes tributarios.

Trump, el presidente “ejemplar” de todos los norteamericanos, siempre se ha llenado la boca diciendo que es muy, pero muy rico. Y que su fortuna de alrededor de 10.000 millones de dólares se debe a que es un gerente visionario y por lo demás infinitamente eficiente. Incluso, señala con orgullo, que su imperio de bienes raíces se inició con un ínfimo empréstito de apenas 1.000.000 de dólares que le hizo su padre para arrancar.

La realidad es otra. Un verso acuñado por Trump señala: “Lucho como el infierno para pagar lo menos posible”. Así que podemos imaginar a esta gente avariciosa y sin escrúpulos esquilmando hasta el más mínimo centavo posible en todas sus operaciones comerciales.

Las investigaciones realizadas hasta la fecha, señalan que la corporación de la familia Trump ha utilizado por décadas todo tipo de artimañas para aprovecharse de sus conexiones políticas para ganar contratos ejecutados con financiamiento gubernamental. Que han exigido (y logrado) millones de dólares en rebajas y exenciones de impuestos en la ejecución de sus proyectos inmobiliarios, tanto en la ciudad de New York, como en otras ciudades.

También señalan que todo el clan familiar utilizó “corporaciones falsas” para evadir impuestos, mediante la transferencia de recursos (regalos en dinero, bienes inmuebles, acciones, etc.) que, en el caso de Trump, “el mandatario recibió el equivalente a US$413 millones en dinero de hoy del imperio de su padre”. Todo un decálogo de inmoralidad e insaciable voracidad por el dinero, por ocultar sus fuentes y para no pagar impuestos. Hay desprecio evidente hacia las leyes. Una vergüenza y un insulto hacia el pueblo humilde norteamericano que sí debe pagar al pelo sus impuestos.

Esta investigación es grave. Recordemos que, a otro gánster como Al Capone, lo enjuiciaron y condenaron no por sus crímenes violentos, sino por la evasión de impuestos. Este es otro frente de conflicto que se le abre a Trump, rumbo a un posible enjuiciamiento. Hacia el “impeachment” que lo saque de la Casa Blanca.

Volviendo a los Panamá Papers, allí aparecen retratadas una serie de familias y corporaciones latinoamericanas (ver a Macri por ejemplo), “ocultando” sus mal habidas fortunas, tras empresas de maletín en los tan mentados paraísos fiscales.

Sin embargo, en el caso de Venezuela, a los sesudos “periodistas e investigadores” a los cuales les asignaron la Big Data allí descubierta para el completo análisis de los personajes señalados, les dio por omitir dolosamente a la inmensa mayoría de nombres de corporaciones y grupos familiares de la rancia burguesía parasitaria de nuestro país.

Sacaron con pinzas (tapaboca en la nariz por favor), lo que políticamente les parecía que haría daño al gobierno y ocultaron bajo la alfombra el resto de la información sobre los evasores fiscales y sus cientos de empresas de maletín. Esto, evidentemente es inmoral y demuestra la baja calaña ética de estos personajes. El hecho es que la data está allí, con nombres y apellidos, docenas de familias, grandes “doctores” y sus empresas con cuentas en bancos Offshore. De seguro para mantener sus lochitas a buen resguardo de nuestras leyes tributarias. Hay carne suficiente allí para investigar el origen ilícito o no de todos esos fondos.

 

 

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