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27.Nov.2012 / 04:30 pm / 3 Comentarios

 
Los Aguiluchos

Correo del Orinoco.- El 27 de noviembre de 1961, Hace 51 años, en plena guerra de liberación nacional contra el régimen represivo de Rómulo Betancourt, cinco liceístas caraqueños –a quienes luego se les conocería como Los Aguiluchos– secuestraron un avión DC-6 de Avensa que viajaba hacia Maracaibo con 41 pasajeros, y desde el cielo cubrieron a Caracas con una profusa lluvia de volantes con consignas de protesta. Se había consumado la Operación Livia Gouverneur, una de las acciones de propaganda más impactantes llevadas a cabo por las fuerzas revolucionarias.

La gente que veía caer aquellos papeles y los tomaba para leerlos, se encontraba con un mensaje que comenzaba con esta declaración:

“¡La suspensión indefinida de las garantías constitucionales es la dictadura personalista de Rómulo Betancourt!”. Esa era una audacia que les podía costar la vida a los jóvenes comunistas, pues además de estar prohibida toda manifestación contraria al régimen, había una política de persecución, desaparición y tortura, que con frecuencia terminaba en el asesinato.

Una acción directa

José Rafael Bosque Figueroa

 

A más de cinco décadas de distancia, el comandante de la operación, José Rafael Bosque Figueroa –a quien llamaban Alejandro– considera que no le corresponde un reconocimiento especial por ello, pues era una tarea que había que cumplir: “Sigo viendo la operación Livia Gouverneur –consistente en la toma de un avión DC-6 de Avensa con 41 pasajeros que iba rumbo a Maracaibo– como una actividad militar que se nos asignó y que nosotros cumplimos disciplinadamente. Para mí fue una actividad política, una acción revolucionaria directa contra el régimen de Rómulo Betancourt”.

Bosque recordó que dicha acción tuvo gran repercusión, y redundó positivamente para la causa. Pero advirtió que planificada por el Partido Comunista de Venezuela (PCV). Por lo tanto –señaló– “los méritos que de elle se deriven le corresponden a esa organización revolucionaria”.

Acompañado en esta entrevista por Girman Bracamonte, otro de los Aguiluchos, enfatizó que se debía hace mención también a Efraín León que aún mantiene la misma posición que lo llevó a unirse a aquella acción. El otro Aguilucho que conservó su visión política, fue Rubén Palma, fallecido en mayo de 2011. En este sentido, aseveró que están firmes en sus convicciones políticas e ideológicas y que apoyan total y decididamente la Revolución Bolivariana que lidera el presidente Hugo Chávez. El quinto del grupo es ahora opositor.

Girman Bracamonte destaca que la operación Livia Gouverneur se cumplió en forma limpia, sin saldo de muertos ni heridos. Eso reforzó la reacción favorable entre los sectores progresistas. Bosque, a su vez, enfatiza también como algo positivo que contribuyó a radicalizar políticamente a la gente, pues a raíz de aquella acción, muchos y muchas jóvenes se incorporaron a la lucha armada.

“Tuvimos manifestaciones de admiración, reconocimiento y solidaridad desde los primeros momentos de la operación. Conocí a varios guerrilleros y guerrilleras que subieron a las montañas y reconocían haber sido motivados e influenciados por la acción de Los Aguiluchos”.

Bosque y Bracamonte rememoran los tiempos en que decidieron jugarse su vida y su seguridad, y relatan que “éramos todos militantes de la Juventud Comunista, liceístas de extracción humilde que formábamos un grupo creado especialmente para esa operación. Lo integrábamos José Rafael Bosque Figueroa (Alejandro), comandante, Efraín León, segundo comandante; Rubén Palma, Girman Bracamonte y Antonio Paiva”.

Los Aguiluchos no se conocían entre sí, pero cuando se encontraron para realizar una primera reunión, que de hecho era previa a la acción, ya sabían para qué se les estaba convocando. Ninguno se había montado nunca en un avión.

“Sabíamos que teníamos que realizar una acción de gran impacto propagandístico, que tenía que ser algo extraordinario, realmente sorprendente e impresionante. La operación se llamaría Livia Gouverneur en homenaje a la joven estudiante, militante de la Juventud Comunista”, contó Bracamonte.

“Ella había sido asesinada el 1° de noviembre durante una acción de hostigamiento a un grupo de cubanos batisteros que era apoyado por el gobierno de Betancourt para agredir, provocar e injuriar a Cuba desde territorio venezolano”, agregó.

Bosque acotó que “el objetivo de la operación era que la población conociera lo que había pasado con Livia y, al mismo tiempo, denunciar la situación política, que era bastante difícil, porque comenzaban a incrementarse los muertos y torturados”. Eso era resultado “de la política de Rómulo Betancourt de defender los intereses de unos pocos reprimiendo y asesinando a la mayoría. Estamos hablando de ‘ el demócrata’ del dispare primero y averigüen después”, apuntó.

El comandante Alejandro aseveró que, al estar enmarcada en la lucha armada, la toma del avión “se justificaban plenamente, pues a la violencia contrarrevolucionaria estábamos oponiendo el derecho de los pueblos a ejercer la violencia revolucionaria. La lucha armada de los años 60 se desarrolló como respuesta a los asesinatos y las agresiones contra las clases populares y los militantes revolucionarios”.

Inexperiencia y convicciones

Girman Bracamonte y José Rafael Bosque

“Muchas cosas estaban ocurriendo por primera vez, entre otras las operaciones de comando”, recordó Bosque: “Nosotros éramos un grupo de cinco personas. Sobre la marcha, a los grupos de cinco se les bautizó como UTC, Unidad Táctica de Combate, con ese nombre se quería reforzar el esquema militar que se buscaba imprimirles a los cuerpos armados que estábamos creando”.

Bosque explicó que desde 1960 ya había una dirección militar dentro del PCV y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria. “En el 61, cuando mataron a Livia, muchos muchachos ya habían recibido algún entrenamiento en las montañas, como preparación para los frentes guerrilleros que posteriormente se abrieron”.

Añadió que fue elegido por el organismo militar del PCV como comandante del grupo, y los responsables por parroquias seleccionaron a Girman Bracamonte, Efraín León y Rubén Palma. A Antonio Paiva lo eligieron los organismos de la UCV.

Les entregaron la propaganda y el arma a cada uno la noche anterior a la acción. El traslado se hizo en carros por puesto y autobús, según pudo cada uno por cuenta.

En el transcurso de esas horas previas se puso de manifiesto la inexperiencia y la improvisación de los dirigentes y de los combatientes, pero pudo más su convicción, señaló Bosque: “Igual que en estas áreas, en lo ideológico estábamos comenzando a tener una formación, que era mayor en unos que en otros, adquirida sobre todo por iniciativa personal, pues los jóvenes comunistas y revolucionarios experimentaban en ese período una gran avidez de lectura. Podemos afirmar que aunque nuestra formación no era sistemática, sí era muy sólida”.

“Estábamos bien ganados para la idea de alcanzar una sociedad socialista justa donde no hubiese desigualdad, era una visión del mundo que se trasladaba a la parte política y social”, recalcó.

Se cumple la operación

Girman Bracamonte

“Con los maletines de propaganda en mano, llegamos a Maiquetía, compramos los pasajes y abordamos el avión. Apenas despegó, le comunicamos al piloto quiénes éramos, y, poniéndole la pistola en la cabeza le ordenamos que llevara el avión a Caracas para lanzar al aire los volantes. El avión entró a Caracas por el abra de Catia y dio tres vueltas de allí a Petare. Pasando por el centro nos pusimos a 500 metros de altura: se veía la gente asombrada mirando el avión”, contó Bosque.

“Le ordenamos al piloto despresurizar el avión para equilibrar la presión interna y externa y así poder abrir las ventanillas. Si no les hubiéramos explicado eso, los tripulantes no lo hubieran hecho. Con la entrada de aire la propaganda se dispersó e inundó la cabina. Era tanto papel que el piloto Juan Knoll Cárdenas tuvo que ponerse con nosotros a lanzar propaganda”, agregó Bracamonte.

Bracamonte relató que entre otras instrucciones que recibieron en la reunión directamente de parte de Teodoro Petkoff, estaba la advertencia de manifestar que eran jóvenes revolucionarios. También les dijo que si veían a un militar entrar al avión se le sentaran al lado.

“Pero no pasó nada. No hubo ningún incidente. Supimos más tarde que uno de los pasajeros era un conocido cubano batistero traído de Miami, que no se movió pese a que a su lado iba el comandante de la operación con su ametralladora Uzzi”, recordó.

No iban a Cuba

Después de que el avión fue liberado, “el piloto declaró a los medios que nosotros habíamos decidido ir para Cuba y que él nos había disuadido, pero eso fue falso”, aclaró Bosque: “No íbamos para cuba. Nunca se lo pedimos. Ni hablamos de eso allí. La decisión era ir a Curazao”.

Y así fue. Una vez en Curazao el ejército holandés rodeó el avión. Los hicieron bajar esposados y no les permitieron hablar con nadie. Ni siquiera entre ellos, relata Bosque:

“Vimos a unos cuantos periodistas que estaban cerca. Yo llevaba una declaración escrita y cuando pasé cerca, traté de sacarla para tirársela a un periodista, pero me dieron un culatazo muy fuerte y se me cayó el papel. A los otros 4 aguiluchos se los llevaron a una prisión en un castillo y a mí a una jefatura, donde estaba aislado. Estuvimos cinco días en Curazao”.

“Nos interrogaban sobre quién era el jefe del grupo, y yo me identifiqué. Me llevaban a la prisión donde los tenían a ellos, me sentaban en una oficina y de repente por la puerta aparecía un compañero y más tarde otro, para que me identificaran y yo a ellos. Efraín León entró con los pantalones sujetados con las manos, porque le habían quitado la correa. Respondió que no a la pregunta de si nos conocíamos. En el afán de negar lo obvio dijo: ‘No, no lo conozco’. ¿Cómo que no? ¿Y no venían en el avión?’. Hubo risas”.

“Esa fue la tónica de nuestro trato con ellos” -secunda Bracamonte. “No nos dejaban reunirnos a los cinco en ningún momento. Al interrogador lo llamábamos Papá Ramos y se ofendía, se ponía furioso, pero nos aguantaba. Nos preguntó de dónde salió el dinero para los pasajes y la propaganda, le dijimos que nosotros mismos lo conseguimos porque se lo pedíamos a la gente en la calle y la gente nos daba. ‘¿Y las armas?’ También las conseguimos en los cerros, le decíamos. Era una mamadera de gallo que le teníamos montada”.

Con humor, Bracamonte cuenta que “usábamos seudónimos, pero teníamos la cédula en la mano, eso nos provocaba la risa. Nos reíamos de forma espontánea. No era por nervios ni por desafiar”. Pero la cosa era realmente seria, recuerda: “Ahí estaba un hombre de la CIA. Dijo que era de Interpol. Estaba recortando los periódicos y decía que en Caracas había otro agente haciendo lo mismo”.

“El Jefe de la Digepol, Erasto Fernández, nos fue a buscar a Curazao y nos trajo esposados a la silla del avión. Llegamos a Barcelona y allí nos puso en calabozos, pero no sabíamos donde estábamos”, relata Bosque, y prosigue: “Recibimos un mensaje de solidaridad en un pescado en escabeche que traía un mensaje escrito dentro de un plástico. Nos alegramos mucho. Pensamos, como todo preso, que nos avisarían cuándo se realizaría la fuga, pero ese mensaje nunca llegó”.

Sus camaradas, sin embargo, no los abandonaron: “El partido nos puso 15 abogados de los más brillantes: Juan Rafael Perdomo, Ada Ramos, Roberto Hernández, Raúl Domínguez, Gloria Mata, y otros”, aclaró.

Finalmente, fueron excarcelados, en el año 1966, después de cumplir las penas que les impusieron. Recuerdan lo grande que era la sensación de libertad. Pero “nos liberaron en medio de una gran represión. Nuestros comandantes o estaban muertos o estaban en otras organizaciones. No pudimos retomar nuestras posiciones en el aparato armado”, apunta Bosque. Él y Girman comentan que, en parte, ese aislamiento se debió a que ante el recrudecimiento de la represión, las y los militantes revolucionarios, que estaban en la clandestinidad habían extremado los mecanismos de seguridad”.

“Hoy después de más de medio siglo, igual como cuando apenas pisábamos los 20 años, tenemos la satisfacción de haber actuado en ese momento histórico por una causa justa”, concluyó Bosque.

Lo que decían los volantes

¡La suspensión indefinida de las garantías constitucionales es la dictadura personalista de Rómulo Betancourt!

¡Un año de violación de los derechos humanos y de las libertades públicas, abolida la constitución y asesinando a los estudiantes es el balance de la nueva dictadura!

¡Todos los venezolanos en la protesta del 28 de noviembre!

¡Honor a los caídos en la lucha por la libertad!

Operación Livia Gouverneur”

 

 

Comentarios

28.Nov.2012 03:00 pm
Maikel (Zulia) dijo:

El quinto aguilucho se convirtió en un esclavo más del capitalismo y de la derecha capitalista. Vendió sus ideales y su amor a la patria y fue débil ante todo lo que él sufrió. Le envenenaron la mente para dejarlo vivir y a cambio entregó su militancia y se dejó lavar el cerebro. ¡Lástima por él! No importa, la vida está por encima de la ideología pero no por encima de la verdad. La búsqueda de la verdad cada vez es infinita si no descubrimos y estudiamos la filosofía.

28.Nov.2012 07:02 pm
Eleazar López Rivas (Carabobo) dijo:

Recuerdo muy bien lo que los Aguiluchos hicieron, levantar la esperanza de la Patria mancillada por la dictadura existente entonce honor siempre a los Aguiluchos…

5.Dic.2012 09:22 pm
Aura V (Carabobo) dijo:

La acción planificada por los Aguiluchos, la considero de gran envergadura porque en ese tiempo sólo se conocía el terror y lo macabro de las instituciones políticas. Gracias a Dios que están vivos y aún continúan con sentimientos revolucionarios, digno ejemplo para las nuevas generaciones.

 

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