Eduardo Piñate / Opinión

14.Sep.2015 / 08:05 am / Haga un comentario

Por Eduardo Piñate R.

I.- Vivimos uno de esos momentos en los que las relaciones entre Venezuela y Colombia se salen de los cánones normales de las relaciones entre las naciones y adquieren ribetes conflictivos agudos. No es la primera vez que esto pasa y muy probablemente no será la última –a pesar de nuestra voluntad por unas relaciones de respeto que preserven la paz-, debido a que tal situación tiene que ver con la lucha de clases que hoy se desarrolla en nuestro continente y el centro de esa contradicción lo constituye sin duda alguna, la Revolución Bolivariana.

Para decirlo de una vez, en la actualidad Venezuela se encuentra en la vanguardia de las luchas por la Independencia en el continente latinoamericano y caribeño y la influencia del ejemplo de la Revolución Bolivariana llega a todos los rincones del planeta donde los pueblos luchan contra el imperialismo y el capitalismo. Por el contrario, la oligarquía y los gobiernos oligarcas de Colombia se constituyen en la punta de lanza del imperialismo para destruir nuestra revolución y detener el proceso de emancipación de Nuestra América. Veamos esto en contexto.

II.- El capitalismo pasa por una crisis de carácter estructural y global, la más global de todas las crisis que el sistema del capital ha sufrido desde que se hizo hegemónico en el mundo. No se trata de una crisis cíclica más del sistema, tal como fueron estudiadas por Carlos Marx en el siglo XIX, cuando afirmaba que el capitalismo superaba una crisis creando condiciones para nuevas y más profundas crisis. En este caso, la contradicción ya señalada por Marx entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción ha llegado a un nivel tal que pone en peligro la existencia de la especie humana y la vida en el planeta. La contradicción fundamental del capitalismo entre el capital y el trabajo, que en términos de clases se expresa entre burguesía y proletariado y en términos programáticos entre socialismo y capitalismo, ha derivado, por la propia evolución del sistema, en la contradicción vida-muerte. No hay ninguna dimensión de la vida social, política, económica o cultural, no hay ninguna región del mundo actual, que escape a la lógica de esta contradicción y de sus determinaciones. El capitalismo llegó a un nivel de senilidad del cual no podrá recuperarse, aunque tiene margen de maniobra todavía para lograr reacomodos parciales que le permitan sostenerse; por eso es un error ponerse a esperar que se derrumbe solo por virtud de sus contradicciones intrínsecas. El capitalismo para derrumbarse necesita una fuerza material que lo destruya, esa fuerza es la clase obrera y los pueblos del mundo y hoy por hoy, esa fuerza tiene por vanguardia –y lo decimos con mucha humildad- a la Revolución Bolivariana, Socialista y Chavista que estamos haciendo en Venezuela.

En el marco de esta crisis se resquebraja la hegemonía del imperialismo estadounidense en el capitalismo mundial. La hegemonía yanqui en el mundo que se mantuvo indiscutida desde la finalización de la Segunda Guerra Mundial, hoy viene siendo cuestionada junto con todo el orden mundial que se estableció como consecuencia de esa gran conflagración. Hoy el imperio estadounidense en alianza estrecha con la Unión Europea y más específicamente con Alemania, Francia e Inglaterra, se encuentra con un conjunto de países y bloques que le disputan la posición hegemónica que hasta hace unas pocas décadas detentó.

Fundamentalmente la República Popular China y la Federación de Rusia encabezan el grupo de países de economía emergente que están desplazando a los yanquis de diversos mercados en el mundo, uno de los más significativos el mercado latinoamericano y caribeño donde se han incrementado las inversiones de estos países y de otros como Irán y la India en detrimento de las inversiones estadounidenses y europeas. Algunos de estos países conforman el BRICS que se puede fortalecer aún más con la adhesión de Argentina que ya solicitó su incorporación al grupo y el Acuerdo de Cooperación de Shangai. Un golpe hasta ahora psicológico, que se puede convertir en un golpe material en el corto y mediano plazo lo constituye el anuncio de creación del Banco del BRICS acordado en su última Cumbre de presidentes y la decisión de Rusia y China de realizar parte de su comercio con el yuan y el rublo, golpeando de esa manera al dólar.

Una nueva situación geopolítica, de carácter multipolar, se va configurando en el mundo y de la mano de ella también se cuestiona toda la arquitectura institucional mundial que se estableció en la segunda post guerra, comenzando por la propia Organización de Naciones Unidas (ONU) con todos sus órganos e instancias, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, entre otros.

En este mismo período América Latina y el Caribe, o sea Nuestra América, pasó de ser el patio trasero de los Estados Unidos de Norteamérica a cabeza de las luchas contra el imperialismo en el mundo.

El siglo XX fue de indiscutible hegemonía mundial del imperialismo yanqui y en nuestro continente también fue así. Utilizando mecanismos de dominación políticos, económicos, ideológicos, y cuando fue necesario, militares, los diversos gobiernos de EEUU y su burguesía, con el apoyo de las burguesías de nuestros países pusieron a nuestros países, nuestros pueblos, nuestra fuerza de trabajo y nuestras riquezas naturales al servicio de la acumulación de capital de la burguesía transnacional y la reproducción –material e ideológica- del sistema capitalista.

El siglo XXI es el de la pérdida de esa hegemonía del imperialismo yanqui en el continente y en el mundo. Como vimos anteriormente, ese proceso ya comenzó a nivel mundial y en nuestro continente latinoamericano y caribeño el imperialismo ya perdió hace rato la iniciativa política. Hay muchos ejemplos que pudiéramos colocar, pero solamente comparemos que en la década de los 60 del siglo pasado, la ofensiva del imperialismo contra la Revolución Cubana condujo a la expulsión de Cuba de la OEA con el acuerdo de todos los gobiernos, salvo el de Méjico. En el 2007 nuestros pueblos y gobiernos democráticos, progresistas y revolucionarios derrotamos el ALCA bajo la dirección de Lula, Kirchner y nuestro Comandante Supremo Hugo Chávez. Quince años antes eso habría sido imposible; así como habrían sido imposibles nuestras victorias como pueblos en las últimas Cumbres de las Américas, en las que hemos derrotado la arrogancia de los yanquis y sus aliados en un espacio que siempre les ha sido funcional a sus intereses, tanto que el gran Canciller Cubano Raúl Roa la definió como el Ministerio de Colonias de los Estados Unidos: la OEA.

III.- Una nueva situación geopolítica se va configurando también en nuestro continente como consecuencia de un cambio en la correlación de fuerzas entre el imperialismo y nuestros pueblos en el marco de la contradicción imperio-nación. Estos cambios no se pueden entender sin tomar en cuenta la relevancia que nuestro Comandante Supremo Hugo Chávez, el pueblo venezolano y la Revolución Bolivariana, han tenido en lo que va del siglo XXI.

El Comandante Hugo Chávez llegó a la presidencia de la República en febrero de 1999 y a partir de aquel momento se desató –empujada por la fortaleza de su liderazgo y su claridad de objetivos- una dinámica transformadora, guiada desde el punto de vista programático por el Proyecto Nacional Simón Bolívar, que no se ha detenido hasta el día de hoy. La refundación de la República como horizonte histórico de la revolución nos va conduciendo hacia el Socialismo Bolivariano.

En este período, jalonado por el desarrollo de la conciencia antiimperialista de nuestros pueblos y por la lucha y las realizaciones de la Revolución Bolivariana, se desataron en el continente las fuerzas de la transformación que tienen como resultado un grupo de países gobernados por fuerzas revolucionarias y progresistas con distinto grado de radicalidad, pero todos con objetivas contradicciones con el imperialismo estadounidense y sus intereses. En este momento, en el marco de la contradicción imperio-nación, tenemos una situación en Nuestra América de ofensiva de las fuerzas nacionalistas, progresistas y revolucionarias socialistas y de contraofensiva imperialista que hace todos los esfuerzos por recuperar la iniciativa política que perdió.

Al imperialismo hoy por hoy le quedan tres fortalezas fundamentales con las que arremete contra los pueblos y los gobiernos que se le oponen, ellas son la fuerza militar, la hegemonía del dólar y el predominio mediático. Todas ellas en condiciones de relativa debilidad, si las comparamos con la segunda mitad del siglo pasado. No hay duda que EEUU concentra el poderío militar más gigantesco de toda la historia humana y su política hoy está transversalmente cruzada por la visión guerrerista y agresiva de la tesis de la guerra preventiva; pero también es cierto que si bien su capacidad destructiva es muy grande, la humanidad por la vía de los pueblos revolucionarios ya descubrió la forma de lucha para enfrentarlo y derrotarlo: la guerra de todo el pueblo. Con esta doctrina ya fueron derrotados en Vietnam y la Doctrina Militar Bolivariana que nos legó el Comandante Chávez contempla la guerra de todo el pueblo para vencer a un enemigo tecnológica y militarmente superior, de allí que la unión cívico militar es concreción de esta doctrina para enfrentar y vencer en una guerra irregular y asimétrica al poderío militar imperialista.

En párrafos anteriores demostramos los problemas que hoy confronta la hegemonía del dólar en el mundo con los pasos que vienen dando los países del BRICS, traccionados por la Federación de Rusia y la República Popular China. En nuestro continente ya se ha planteado (desde Venezuela, Ecuador y Bolivia entre otros) la necesidad de ir sustituyendo al dólar como moneda que rija el intercambio comercial entre nuestros países, de hecho ya se han hecho transacciones con el SUCRE, aunque su implantación ha sido más bien lenta, dada la presencia de sectores conservadores que de alguna manera la obstaculizan.

En Venezuela y en general en el continente, demostramos que el predominio mediático que a través de las grandes agencias de la información ejerce el imperialismo en el mundo se desmorona cuando se le enfrenta con la verdad y una política comunicacional revolucionaria que emplee argumentos, instrumentos, técnicas, lenguaje y símbolos que desenmascaren las mentiras imperiales y burguesas y al mismo tiempo sean capaces de generar conciencia y movilización alrededor de los intereses y objetivos de los pueblos. Telesur es una magnifica demostración de que eso es posible, pero en Venezuela y en casi todo nuestro continente existe una red de medios comunitarios y alternativos de todo tipo que se han encargado de desmontar la desinformación de la canalla mediática.

Sintetizando, podemos afirmar que en Latinoamérica y el Caribe existen dos bloques de países que se ubican de manera diferenciada en la contradicción entre el imperialismo y nuestras naciones. Por un lado, el bloque progresista y revolucionario encabezado por Cuba y Venezuela y de cual forman parte Ecuador, Bolivia, Brasil, Argentina, Nicaragua, Uruguay y El Salvador, con algunas islas del Caribe Oriental. Este es un bloque que se ha fortalecido en lo que va del siglo XXI y es la expresión del cambio en la correlación de fuerzas en el continente a favor de los pueblos y por ende ha creado la nueva situación geopolítica favorable a los intereses de la independencia y la unidad de nuestras naciones. El bloque reaccionario, que avanza hacia la llamada “Alianza del Pacífico” lo conforman principalmente Colombia, Méjico, Panamá, Perú y Costa Rica, con alguna gravitación de los gobiernos de Honduras, Paraguay y el gobierno actual de la República Cooperativa de Guyana.

La política profundamente Bolivariana, latinoamericanista y solidaria de nuestra revolución, iniciada por el Comandante Supremo Hugo Chávez y continuada por el Presidente Obrero Nicolás Maduro, ha permitido crear instituciones y acuerdos donde estamos todos, independientemente de las diferencias políticas, ideológicas y de regímenes políticos; UNASUR, la CELAC y Petrocaribe son expresión de los avances de esta integración guiada por el pensamiento de nuestro Libertador Simón Bolívar y concretada por el genio de Hugo Chávez.

Pero no por esto han desaparecido las diferencias y cada quien lucha por imponerse, la revolución para seguir avanzando en las reivindicaciones históricas, políticas, económicas, sociales y culturales de nuestros pueblos, incluyendo avanzar hacia la unión latinoamericana y caribeña y la contrarrevolución para restaurar el viejo poder del imperialismo y las burguesías. Por supuesto, a este sector le interesa mantener y profundizar nuestra fragmentación.

IV.- A la cabeza de estos dos bloques están la Venezuela revolucionaria, Bolivariana, Socialista y Chavista, por una parte y la Colombia oligárquica y reaccionaria por el otro. El gobierno colombiano y su oligarquía es la punta de lanza de la reacción imperialista para destruir la Revolución Bolivariana, para ello cuenta con la dirección y el apoyo de todo tipo de todos los gobiernos de derecha del mundo, encabezados por el de los EEUU y de las oligarquías y burguesías de nuestro continente, incluyendo la venezolana.

Eso tiene que ser así porque Venezuela está a la vanguardia de las luchas por la independencia del continente y el imperialismo determinó que debe ser destruida. Esta es la raíz de clase de la contradicción actual entre los gobiernos de Juan Manuel Santos y Nicolás Maduro. Colombia se convirtió desde el gobierno de Andrés Pastrana en una base para atacar nuestra Patria, eso lo profundizó a niveles de locura el gobierno del asesino, narcotraficante y paramilitar Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos le dio continuidad.

En la guerra total que el imperialismo desató para destruir la Revolución Bolivariana, los gobiernos de la oligarquía colombiana avalaron el ataque a nuestra moneda para debilitarla, el contrabando de alimentos, medicamentos, combustible y otros bienes para desabastecernos y la invasión paramilitar. Es una guerra de clases contra la Revolución Bolivariana, guerra de las oligarquías herederas del odio contra Bolívar y el pueblo, hoy mutado en odio contra Chávez, Maduro, Evo, Correa, Ortega, Lula, Dilma y Cristina, entre otros. Odio racista y clasista contra el pueblo que se libera, en Colombia, en Venezuela y en todo el continente.

Por eso nos provocan, tratando que caigamos en la trampa belicista que nos tienden dentro y fuera del país para justificar la intervención militar contra nuestra Patria. Nuestra dirigencia revolucionaria, encabezada antes por el Comandante Chávez y ahora por el presidente Nicolás Maduro, nos señaló el camino siempre: Nuestra victoria es la paz, por ello toda nuestra labor está destinada a preservarla para mantener la revolución y seguir avanzando de manera victoriosa en nuestro proceso de edificación del Socialismo Bolivariano del Siglo XXI y de la América Latina y Caribeña potencia, soberana y libre de cadenas imperialistas y burguesas.

Caracas, 13 de septiembre de 2015

 

 

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