Opinión / Richard Canan

18.Mar.2015 / 10:34 am / Haga un comentario

Richard Canan

Sociólogo

@richardcanan

Nuevamente Estados Unidos aplica contra Venezuela su implacable política de acoso y amedrentamiento. Cuando el imperio más poderoso y criminal que ha existido sobre la faz de la tierra agita su garrote, hay que prepararse para el ataque violento. No es juego. Los países que han recibido su Orden Ejecutiva, han padecido luego el escalamiento de las agresiones, con ataques directos, bombardeos e invasiones.

La sanguinaria lógica imperial, y toda su soberbia, se sustenta en el principio del Destino Manifiesto, una especie de predisposición divina que otorga una “superioridad moral” a los norteamericanos y que ha justificado todos sus actos de expansionismo y colonialismo. Alimenta también sus ansias intervencionistas, como mecanismo para ejercer su dominio territorial, económico y comercial sobre todo el planeta. El mundo entero ha sufrido las consecuencias de sus prácticas intervencionistas y de su intento por imponer un mundo unipolar subordinado exclusivamente a su modelo económico y político. Sobre la sangre de los pueblos están escritas la Doctrina Monroe, la política del Gran Garrote, la Doctrina de la Seguridad Nacional y muchos otros justificativos para hacer la guerra. La doble moral y el doble rasero son utilizados sin escrúpulos como parte de su política imperial.

Su vergonzoso historial de agresiones e invasiones contra países de América Latina es extenso y está lleno de barbarie. Solo en el siglo XX se ejecutaron múltiples invasiones: en 1903 promovieron la segregación de Panamá separándola de Colombia para quedarse con el Canal; en 1912 invadieron Nicaragua con 2.700 marines; en 1914 la marina norteamericana atacó Veracruz durante la Revolución Mexicana; en 1926 desembarcaron 5.000 marines en Nicaragua “para proteger los intereses de Estados Unidos” y de paso perseguir a Sandino; en 1954 la CIA orquestó el derrocamiento de Jacobo Arbenz en Guatemala; en 1961 Estados Unidos preparó y financió la invasión de Bahía de Cochinos; en 1965 envió 42.000 marines a República Dominicana a luchar contra el movimiento del presidente Juan Bosch; en 1973 la CIA apoyó el golpe de Estado contra el presidente Salvador Allende; en 1989 invadió Panamá para capturar a su exaliado Manuel Antonio Noriega; en 1994 más de 24.000 soldados norteamericanos invadieron Haití.

El rastro de sangre norteamericano por el mundo también incluye infinidad de “toques” con el garrote, bayoneta y misiles a Corea, Vietnam, Líbano, Libia, Irak, Somalia, Sudán, Afganistán y Siria, entre otros.

Este largo historial criminal de Estados Unidos contra los pueblos del mundo es macabro y sangriento. No tienen miramientos a la hora de tumbar presidentes, invadir, bombardear, bloquear o acosar países. El colmo de Estados Unidos es que tras su “firma” está el financiamiento, entrenamiento, armado y patrocinio de grupos terroristas como Al Qaeda en Afganistán, iniciado cuando su enemigo era la Unión Soviética durante la Guerra Fría, y más recientemente al mismo Estado Islámico (EI), con la intención dedesestabilizar a los grupos insurgentes de Irak y luego al gobierno Sirio. Los monstruos creados por Estados Unidos han generado las mayores atrocidades y crímenes contra la humanidad en la última década. La práctica más común aplicada por Estados Unidos es “captar” grupos o personas, llamados activos de inteligencia, para utilizarlos en la generación de acciones de violencia, desestabilización y conflictos internos (cualquier parecido con la oposición venezolana, no es coincidencia).

El desatino norteamericano no tiene precedentes, solo que el peso de sus erradas “estrategias” ha generado cientos de miles de muertes en Medio Oriente, África, Europa y Latinoamérica.

Para vergüenza del mundo, el “Premio Nobel de la Paz” Barack Obama ha seguido inalterable la línea violenta de los Halcones. El Destino Manifiesto ha envenenado la sangre de Obama hasta niveles de insólita crueldad y cinismo. Por eso sus declaraciones contra Venezuela no son una amenaza lejana e inocua. Estados Unidos es el país más armado, peligroso y sanguinario del mundo y el Presidente Obama ha decidido escalar y expandir sus acciones de acoso y amedrentamiento. En su Orden Ejecutiva, firmada el 09 de marzo de 2015, declara que Venezuela (cuyo ejército únicamente ha salido de sus fronteras a liberar a otros países del colonialismo español) “constituye una amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y a la política externa de Estados Unidos, y yo por la presente declaro emergencia nacional para abordar esa amenaza”.

Se le fue la mano a Obama. Esto es indudable. Venezuela nunca ha sido una amenaza para ningún otro país. La burda justificación de que la Orden Ejecutiva es por la “violación de derechos humanos en Venezuela”, omite groseramente que las 43 muertes, docenas de heridos y la gran cantidad de acciones terroristas ocurridas entre febrero y mayo del año 2014, fueron planificadas y dirigidas por la extrema derecha venezolana. Estados Unidos no nombra ni por casualidad el plan golpista y supraconstitucional denominado la Salida, ni a su incitador principal, el monstruo de Ramo Verde Leopoldo López. Tampoco nombra a sus ejecutores materiales, las hordas violentas del partido neofascista Voluntad Popular. Con sus terroristas que nadie se meta, esa es la doble moral gringa.

Tampoco pasó desapercibido que en la Orden Ejecutiva existan medidas de coacción e intimidación contra miembros del sistema de justicia venezolano (parece como si el abogado de López le hubiera escrito la Orden Ejecutiva a Obama). Incluir a un fiscal del Ministerio Público en una sanción extraterritorial genera un precedente peligroso y nefasto. Estado Unidos funge como juez supremo que “decide” por encima de los sistemas de justicia de los países del mundo. ¿Dónde quedó el derecho a la defensa de la fiscal? Bueno, otra vez Estados Unidos impone su Destino Manifiesto. Ellos creen que están por encima del bien y el mal, que son la justicia, expedita y sumarial, cuando les conviene.

El país más intervencionista, sanguinario y asesino en toda la historia de la humanidad dice con desfachatez “Estamos comprometidos por hacer avanzar el respeto por los derechos humanos”. Parece una burla. Humor negro. Pero no, Obama ha dicho claramente y sin pudor, Halcones mediante, que “a veces torcemos el brazo a otros países para que hagan lo que queremos”. Blandiendo el Garrote. No hay dudas. Lo que sus lacayos criollos no han podido lograr por la vía electoral, la agenda golpista o la Guerra Económica, ahora lo hará Obama por la vía de la injerencia directa.

Ante la paupérrima y vergonzosa actuación de la oposición venezolana, a Obama no le ha quedado otra que actuar directamente. Sus agentes, lacayos y demás empleados no han podido doblegar a Venezuela, por eso él mismo se puso al frente de su proyecto de “transición”.

Contrario a lo esperado por los gringos y sus activos de inteligencia criollos, la Orden Ejecutiva de Obama ha generado una contundente y masiva unión de fuerzas y cierre de filas de todo el pueblo venezolano, en defensa de nuestro presidente constitucional Nicolás Maduro. El repudio es total y generalizado. Solo los disociados de la derecha histérica sueñan con una invasión gringa. Piensan ellos que las bombas inteligentes “Made in USA”, solo exterminarán por número de cédula al pueblo chavista. El odio les impide ver el horror que le ha tocado vivir a docenas de países víctimas del “estilo” de libertad y democracia que impone Estados Unidos bajo el poder de sus bombas. Solo los que han vivido el horror de la guerra, pueden explicarnos sobre el supremo valor de mantener la paz.

El Premio Nobel Obama y su viaje a Marte

Ha pasado debajo de la mesa, ocultado por los grandes medios, la destitución del responsable de “regalar” el Premio Nobel de la Paz a Barack Obama. Thorbjoern Jagland, exprimer ministro noruego, quien presidía el comité del Nobel desde 2009, fue cesado de su cargo luego de la indignación mundial “por otorgar la premiación a personas poco comprometidas con la paz en el mundo”.

Qué méritos tenía Obama para ganar el respetado Nobel de la Paz en 2009, pues ninguno. Pero no solo eso, las acciones posteriores de este peculiar Nobel han sido atroces, sanguinarias y criminales. Ha sido el único en la historia (con el premio puesto en un estante como pisapapeles) que ha autorizado y dirigido guerras, bombardeos y ataques como los ejecutados contra la población civil en Irak o Afganistán. De paso, se le olvidó su fervorosa promesa de cerrar el Campo de Concentración de Guantánamo. Del “Change, We Can Believe In” no queda nada, solo decepción. Obama, prisionero de los Halcones, pasó de ser un tipo con buenas intenciones a convertirse en el más bravo guapetón de barrio del planeta. Ya no duda en hacerle “bullying” (maltratar, humillar y agredir física o psíquicamente) a todos sus vecinos, conocidos, amigos o enemigos. Lástima que no exista forma de revocarle el Premio Nobel.

Pero siempre hay esperanzas. Ahora que se anuncian expediciones al planeta Marte, la humanidad estaría un pelín mejor si mandáramos de primero a los que ponen en mayor peligro a la paz mundial. Deberíamos promover una resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas donde se expulse del planeta Tierra a los Halcones gringos por sus prácticas genocidas contra la raza humana. Bye bye Mr. Obama.

 

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