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En nuestro programa semanal, Abrebrecha Venezuela tuvimos el agrado de recibir a Ricardo Molina, ministro para el Ecosocialismo y integrante de la Dirección Nacional del Psuv. Un cuadro político de gran experiencia, que ha desempeñado muchos cargos importantes en la Revolución Bolivariana, entre ellos el de Ministro de Hábitat y Vivienda.
Ministro, ¿podría compartir la nueva política a largo plazo del Ministerio y cómo se alinea con la visión del Presidente Maduro de incorporar al pueblo organizado, particularmente en materia ambiental?
Estamos desarrollando una política innovadora y a largo plazo, que solo se puede lograr con la participación popular. La visión del Presidente Maduro de incorporar al pueblo organizado es la única vía. Nuestro compromiso actual es involucrar en la materia ambiental a las 5.336 Salas de Gobierno Comunal. Es decir, que la autoridad ambiental se ejerza en cada una de esas 5.336 sedes comunitarias. Esto no es sencillo, requiere organización, formación y fortalecer la conciencia, pero es la demostración de que el Poder Popular puede y debe gobernar su propio territorio. Podemos gobernar nosotros en nuestro territorio y lo podemos hacer mejor. Y lo hacemos con la participación de todos y todas, es una cosa demasiado gratificante. Uno se siente útil haciendo este trabajo para la revolución, que aunque no se vea el gran resultado, sabemos que vamos a tener en unos cuantos años un cambio significativo en materia ambiental.
Pero además, podemos demostrar de que se puede hacer en cualquier otro sector que pudiera lucir más complicado: como en el sector de Seguridad Ciudadana, donde el ministro Diosdado Cabello está haciendo tremendo trabajo con los cuadrantes de paz también desde las comunas; o en el tema económico, donde nuestra vicepresidenta Delcy Rodríguez está haciendo un trabajo excelente en el tema de la activación de las unidades productivas comunales. Y así en todos los sectores, que el Poder Popular de verdad gobierne. Y tiene que ser desde ahí, desde la Sala de Gobierno comunal. Esa es la directriz que tenemos del Presidente Maduro y es en lo que estamos trabajando.
En un mundo muy difícil, muy agresivo y con un avance del Imperio en todos los sectores: ¿Cómo defender mejor a la Tierra? Este es un tema que cruza transversalmente todo el continente. En este sentido, Venezuela está a punto de concretar en Caracas un encuentro internacional sobre el tema. ¿Por qué un Congreso Mundial por la Madre Tierra ahora y quiénes son los principales referentes que van a participar?
Bueno, fíjense, el presidente Maduro ha diseñado una política integral que tiene que ver con la concreción de acciones directas en defensa de los derechos de la Madre Tierra, de manera transversal, con la participación de todos los sectores sociales, políticos y económicos, en todo el territorio, con la diversidad cultural que nos caracteriza, cada quien a su manera, pero con unas políticas bien definidas. Esto tiene una larga historia que podemos decir que comenzó en 1825 con el decreto de El Libertador Simón Bolívar, conocido como el Decreto de Chuquisaca, cuando mandató una acción concreta de recuperación de la naturaleza que había sido devastada no solo por la guerra sino por la expoliación imperial española. Posteriormente, el comandante Chávez retoma esto y crea la Misión Árbol, dándole un enfoque a la importancia de la protección de la naturaleza y del ambiente en todas las acciones que llevemos a cabo. Pero el presidente Maduro concreta esta visión y hace realidad una propuesta que podemos decir que se inicia con el Comandante Hugo Chávez: una nueva visión, que es el Ecosocialismo.
¿Qué es el Ecosocialismo por usted?
Lo resumo de una manera muy sencilla, no simplista. Nosotros decimos: es la satisfacción de necesidades humanas con equidad y con un profundo respeto por la naturaleza. Es vincularnos cada vez mejor con la Madre Tierra. Venezuela desarrolla todas estas políticas partiendo de la organización popular y, luego, de todo lo que tiene que ver con educación. Queremos llegar a cien millones de plantas al año, algo que nunca se ha hecho, pero lo vamos a lograr. Queremos defender mejor las políticas de protección de la fauna silvestre, darle un enfoque integral y diferente al manejo de los residuos y los desechos, e involucrarnos en todas las actividades económicas para mejorar su vinculación con la naturaleza, tomando medidas que implican modificar lo que hacemos para generar menos CO2 en cada una de las actividades. Y lo podemos hacer, poco a poco, modestamente, sin mucha inversión, pero con mucho conocimiento.
El Presidente ha vinculado la tarea de relacionamiento con el ambiente de forma directa y profunda con el sector de ciencia y tecnología. El análisis científico y la innovación en materia ambiental tienen mucho que ver, y esto, de cara a la COP 30. Nosotros somos muy críticos con esas COP. Esta será la trigésima, y en las veintinueve anteriores, la verdad no ha pasado mucho, por no decir nada. Los países poderosos, que son los principales causantes de las emisiones de gases de efecto invernadero y del calentamiento global, asisten a estas COP, se comprometen a cosas y luego no las cumplen. Pretenden echarle la culpa al Sur Global y quieren condenar a pueblos a que no consuman carbón, por ejemplo, que si bien genera una emisión de CO2 importante, es su único recurso. No podemos condenar a pueblos pobres a no satisfacer sus necesidades. Ellos, en los inicios de lo que llamamos la Revolución Industrial, utilizaron el carbón de manera brutal y ahora pretenden que los pueblos del Sur Global no satisfagan sus necesidades con fuentes energéticas que, aunque sabemos que son contaminantes, son las únicas que tienen.
¿Cómo lograr allí un equilibrio?
El presidente Maduro ha dicho: de cara a la COP 30, vamos a llamarlos a todos y reunámonos en Caracas para fijar una posición y llevar la voz de los pueblos que asistan a este encuentro a Belén de Pará como una posición única. ¿Qué es lo que los pueblos aspiran que se lleve a la COP 30? ¿Qué es lo que los pueblos aspiran que allí se decida y cómo garantizamos que esas cosas se hagan realidad? Y entonces, en estos tres días, el ocho, nueve y diez de octubre, debatiremos sobre temas complejos pero necesarios. Por ejemplo, cómo nos relacionamos con la Madre Tierra para seguir satisfaciendo nuestras necesidades. Debatiremos abierta y descarnadamente la crisis climática y el modelo socioeconómico imperante. ¿Cómo ese modelo económico nos ha llevado a esa crisis y qué proponen los pueblos para mejorar esa situación? Debatiremos cuáles son los derechos del ser vivo como ser integral, del cual nosotros formamos parte.
Con el regreso de Trump al gobierno de los Estados Unidos, ha aumentado el peso de quienes niegan la existencia del cambio climático. ¿Cómo se abordará el tema en el Congreso Mundial por la Madre Tierra en Caracas?
Hay gente que no reconoce a la Madre Tierra como un sistema vivo; esos son parte de los negacionistas que dicen: «lo del calentamiento global es mentira, lo de los gases de efecto invernadero es falso». Y resulta que cada vez tenemos evidencias más palpables de que es cierto, y hay pueblos sufriendo por eso. Hay culturas que se han modificado completamente porque las condiciones ambientales han variado radicalmente. No es mentira que el nivel del mar está subiendo, y los expertos dicen que en 2100 cerca de trescientos millones de personas en el mundo habrán de desplazarse. Son cosas que están sucediendo y que debemos debatir. También debatiremos cómo afrontamos la defensa de quienes defienden los derechos de la Madre Tierra, pero que son agredidos, perseguidos, silenciados, y que se generan conflictos socioambientales en los que se ha asesinado o desplazado gente, como el caso de los mapuches en Chile y muchos otros. ¿Cómo hacemos para levantar la voz de esos pueblos que defienden los derechos de la Madre Tierra, pero que son perseguidos y criminalizados?
Todo eso queremos discutirlo en este Congreso. Queremos hablar sobre una cosa que casi nadie toca: los incendios forestales. Es que detrás de los incendios forestales hay otra vez un inmenso negocio del capitalismo, porque muchas de esas tierras están bajo protección de pólizas de seguro e incendian esas grandes extensiones para cobrarlo. Y además, como ya se quemaron, ahora las dedican a ganadería o agricultura extensiva. Es una trampa del capital. Los incendios forestales no se originan por casualidad, pero nadie lo discute. Tenemos que plantear esas cosas que le son incómodas al mundo capitalista, pero que los pueblos lo hablan a voces y tienen propuestas concretas. Queremos escucharlos y llevar una sola voz a la COP 30 en Belém do Pará en noviembre.
¿En qué punto se encuentra hoy la Revolución Bolivariana, que está haciendo propuestas hacia el Estado Comunal, pero al mismo tiempo tiene que responder a un ataque brutal imperialista?
Bueno, nosotros tenemos una posición muy firme. Estamos decididos a continuar con un proyecto que cada vez más vemos que no es nacional, es un proyecto de la humanidad, y que humildemente defendemos y llevamos adelante ante las amenazas del imperio estadounidense. Nunca hemos estado a la defensiva, siempre hemos estado a la ofensiva con una política de paz. No somos guerreristas, somos defensores de la paz. Pero lo decía el comandante Hugo Chávez: «Esta es una revolución pacífica, pero armada», y no solo desde el punto de vista bélico, sino armada desde el punto de vista de la conciencia. Es impresionante cuando uno anda en la calle y escucha al pueblo venezolano hablar de la situación actual de amenaza evidente, de insolencia, de estar al borde de nuestro mar territorial, ya no como un enemigo político, sino como un enemigo bélico. Y la posición de nuestro pueblo es: «Ajá, están ahí, ¿y qué? Denle, pues». Así reacciona nuestra gente. Solo que esa valentía, esa irreverencia, tiene un canal muy claro porque tenemos un Comandante en Jefe. El presidente Nicolás Maduro está comandando todas las acciones y el pueblo venezolano está pendiente de sus orientaciones. Aquí, todos somos unos «echao pa’ lante», pero todos somos disciplinados a la orden de nuestro Comandante en Jefe para cualquier acción.
¿Y cuál ha sido la respuesta del pueblo venezolano con la orientación del presidente Maduro? Más organización, más trabajo, más planificación en acciones. El Presidente nos ha dicho: estamos en una situación compleja, tal vez una de las más complejas en estos veintiséis años, pero eso no significa que nos vamos a parar. Tenemos que seguir produciendo, desarrollando la agricultura, impulsando la economía. Las fábricas tienen que estar abiertas, la gente se tiene que movilizar, las escuelas y universidades tienen que funcionar. Y así es como lo hemos asumido, con la convicción de que allá ellos con su visión. Pero nosotros sabemos lo que tenemos que hacer y estamos desarrollando nuestro plan. Venezuela es un país de un millón cien mil kilómetros cuadrados y treinta millones de personas, realmente un país pequeño, pero con una moral que se pierde de vista. Y así, chiquiticos como somos, no nos vamos a dejar. Es una decisión histórica que tenemos y ahí nos vamos a mantener.
Entonces, ¿qué es lo que yo veo? Independientemente de lo que el imperio estadounidense decida hacer, el pueblo venezolano con su líder seguiremos adelante. Tenemos una tremenda ventaja: pueblo organizado con un líder que no traiciona ni traicionará, con un partido sólido que orienta en todo el territorio nacional, con un plan clarito construido entre todos y dispuestos a llevarlo a cabo, y con nuestra arma secreta, la relación popular militar policial que cada vez se fortalece más. Estas son las cinco bases que tiene nuestra revolución, desde mi punto de vista, y por las que estamos seguros que vamos a seguir adelante. Estas cinco bases son los elementos que han permitido que la revolución no solamente perdure, sino que se consolide, algo que no ocurre en otros procesos progresistas.
A propósito de colaboración entre pueblos hermanos. Ustedes tienen una relación importante con el Movimiento Sin Tierra de Brasil, no de ahora, sino desde el comienzo de la revolución, en intercambio, en la presencia de asesores del MST para el tema de semillas, para la lucha contra los transgénicos. ¿Cómo está ese tema de pelear contra las corporaciones de los transgénicos que tanto hacen en el continente para destruir la Tierra?
Bueno, fíjense, nosotros tenemos una tremenda oportunidad. Cuando vemos al MST, que tiene decenas de años peleando contra un sistema opresor, con persecuciones y dificultades, han mantenido su posición y la han fortalecido. Para nosotros, su resistencia y convicción son un ejemplo a seguir. Pero en Venezuela hemos tenido una tremenda fortuna, y es que desde que llegó el comandante Hugo Chávez, todas estas iniciativas y propuestas se han podido convertir en políticas de Estado.
Cuando comenzamos a pelear contra la intromisión de las transnacionales en la agricultura extensiva y contra el intento de meternos las semillas transgénicas y los paquetes tecnológicos llenos de venenos, el primero que dio un paso adelante fue el Presidente. El comandante Hugo Chávez impulsó todo un movimiento para generar una Ley de Semillas que prohíbe el uso de semillas transgénicas en Venezuela. Esto no pasa en ninguna otra parte del mundo. Aquí el pueblo organizado siente un tremendo respaldo para hacer realidad sus propuestas. A veces perdemos la perspectiva, notando que la necesidad de estar en resistencia permanente no es solo dentro de Venezuela, pues formamos parte de un sistema global muy poderoso. Pero aquí podemos hacer cosas que en otras partes del mundo no se pueden hacer, como que el pueblo organizado asuma capacidades de gobernar, tome decisiones y emita pronunciamientos oficiales en su comuna.
Entonces, para nosotros, la relación con los compañeros y compañeras del MST es muy importante porque nos permite no perder la perspectiva del escenario de lucha permanente. Situarnos siempre en resistencia, nunca a la defensiva, siempre a la ofensiva. Estamos siempre empeñados en fortalecer esas relaciones. Fíjese, para este evento del Congreso Mundial por la Madre Tierra vienen cerca de doscientos movimientos sociales de cincuenta y tres países, movimientos sociales que están en lucha, están en resistencia, y vienen a Venezuela a ver cómo aquí, estando en lucha y en resistencia, convertimos estas ideas en políticas de Estado.
Antes nos estabas hablando de cómo el tema medioambiental se va construyendo en las siete transformaciones, pero en la visión de la construcción del Estado Comunal. ¿Cómo lo explicaría a la gente de Europa o de otro lado del mundo capitalista?
Bueno, fíjense, hemos estado organizando nuestro territorio en una nueva configuración político-administrativa. Además de veinticuatro estados y trescientos treinta y cinco municipios, ahora tenemos cinco mil trescientos treinta y seis ámbitos territoriales pequeñitos, donde están entre doscientas cincuenta y mil doscientas familias por comuna. En ese espacio se han establecido las Salas de Gobierno Comunal, que es desde donde se ejerce el gobierno en ese territorio. Dentro de la Sala de Gobierno Comunal hay siete ámbitos de poder, uno por cada una de las siete transformaciones del Plan de la Patria. Una de esas transformaciones es la transformación Ecosocialista con Ciencia y Tecnología.
Entonces, en cada Sala de Gobierno Comunal hay un Consejo Ecosocialista conformado por voceras y voceros electos que ejercen la autoridad ambiental en esa comuna. Grupos de comunas tienen políticas comunes por subregión, y luego las agrupamos por regiones y nacionalmente. Es decir, no hay un fraccionamiento del Estado, sino que el Estado tiene una desconcentración del poder. Aunque la política es centralizada, el ejercicio de esa política es desconcentrado y cada quien en su territorio se da cuenta de que allí mismo puede ejercer política.
Por ejemplo, una cosa sencillita: en mi comuna hay alguien que inicia una actividad de deforestación. Lo normal en un estado burocrático es hacer una denuncia que viaja a la capital, y cuando se devuelve al sitio, el deforestador ya acabó con el bosque. Si el ejercicio de la autoridad ambiental es local, desde la Sala de Gobierno Comunal, los voceros del Consejo Ecosocialista detienen la acción inmediatamente y comienzan a trabajar en un plan de manejo de ese bosque de manera coordinada. No es que no se deforeste, es que se deforeste organizadamente con una visión de sustentabilidad, y que entendamos que lo que hacemos afecta a los demás y lo que hacen los demás nos afecta a todos. Entonces, es mucho más fácil tener el control territorial si el poder se ejerce de esa manera. Es la teoría del «queso rallado» de nuestro maestro Aristóbulo Istúriz: si usted tiene un bloque de queso de cincuenta kilos, es facilito que alguien se lo quite, pero si ese queso usted lo raya y lo distribuye, ¿cómo lo recoge después? Eso es el ejercicio de la democracia real en el territorio, y lo vamos a hacer.
Hoy Venezuela esta pasando por un ataque muy fuerte del imperialismo que nos hace recordar lo que pasó después de los decretos ejecutivos del Comandante, cuando se acabó con la pesca de arrastre, retomando el rumbo de la soberanía en la mano de los pueblos, y vino un golpe de estado. ¿A qué punto están estos logros? ¿Hasta dónde ha llegado la revolución bolivariana, considerando que las llamadas sanciones hicieron mucho daño, también en ese sentido, al tener que abrir al capital privado y todo?
Claro, fíjate, nosotros hemos aprendido de todos esos ataques. Hay un manual de agresiones, y creo yo que el noventa y nueve por ciento de lo que está allí escrito nos ha fortalecido. Por eso es que, con más de mil cien medidas coercitivas unilaterales que pretendían paralizar el país, nosotros hemos logrado avanzar y el sistema económico venezolano se ha fortalecido. Hoy, más del noventa y cinco por ciento de lo que comemos lo producimos en el territorio. Antes eso no era así, y en el marco de las agresiones nos hemos visto obligados a desarrollar nuevas maneras de hacer las cosas. Nos hemos autodemostrado de lo que somos capaces. El pueblo venezolano hoy es mucho más fuerte de lo que era hace veinticinco años y hemos tomado acciones concretas.
El Imperio, cada vez que ve avances, trata de detenerlos. Les fue, vamos a decir, fácil en el año 2002, porque teníamos un montón de traidores y apátridas aquí en Venezuela que facilitaron esas acciones y permitieron un golpe de Estado que después el propio pueblo y nuestra Fuerza Armada revirtieron rapidito. Hoy ellos no tienen esa fuerza internamente. En las encuestas hechas luego de esta amenaza insolente del gobierno estadounidense, el noventa y tres por ciento del pueblo venezolano está en contra de una agresión militar. El otro siete por ciento, como nos explicaba ayer el capitán Diosdado Cabello, se compone de un cuatro por ciento de personas que no opinan (los que decimos «no sabe, no responde», que catalogamos como temerosos o cobardes) y solo el tres por ciento está de acuerdo con una invasión. Esos son los traidores. Además, es un tres por ciento que no tiene liderazgo, que está totalmente decepcionado, y cuyos negociantes ladrones ya no están dentro del país.
Es decir, no tienen fortaleza interna. La única opción que tendrían es una agresión externa, y se les está complicando porque todo el mundo está pendiente. Un país chiquitico de treinta millones de habitantes, que no tiene armas nucleares, que es territorio de paz, va a ser agredido por la potencia más terrible y asesina de la historia de la humanidad. El mundo está pendiente y nosotros sabemos que es así. Les repito como comenzamos: no nos importa, somos chiquiticos, pero tenemos moral y tenemos la sangre de libertadores. Los genes de Bolívar están vivos en nuestras venas. Que nos dejen quietos. Nosotros tenemos un proyecto demasiado hermoso y estamos convencidos de que lo vamos a seguir desarrollando.
Este decreto de Trump tiene sesenta días para poder agredir a Venezuela con el tema del terrorismo y el narcotráfico. ¿Qué salida puede tener?
Primero, yo creo que el gobierno de los Estados Unidos está enredado. Ellos mismos abrieron un camino que ahora no saben cómo cerrar. Tienen plena claridad de que si dieran un paso adelante con una agresión bélica, iniciarían un camino de no retorno. No sería una cuestión de dos o tres días, sería una jornada muy larga, y en las jornadas largas ellos siempre han salido perdedores, y lo saben. Yo espero que prive la sensatez y que esas actitudes no pasen de bravuconadas. América Latina y el Caribe es un territorio de paz, y debemos hacer todo lo necesario para que así se mantenga.
¿Después de este Congreso Mundial, qué propuesta va a llevar Venezuela a la COP 30, desde el punto de vista de los movimientos populares?
Lo otro que vamos a llevar nosotros a la COP 30 es, principalmente, con toda humildad, explicar nuestro modelo. La crisis climática no se puede combatir desde los gobiernos ni desde las empresas. La crisis climática solo se puede combatir desde los pueblos. El pueblo organizado en su territorio, con acciones concretas y con la construcción de métodos propios adaptados a sus condiciones. Tenemos un modelo muy sencillo pero muy hermoso, diseñado por el presidente Nicolás Maduro. En cada comunidad, la gente desarrolla lo que llamamos el Mapa de Soluciones (cuáles son las circunstancias, los problemas y las soluciones) y luego se construye la Agenda Concreta de Acción (cómo priorizamos y cómo resolvemos esos problemas) desde la propia comunidad con la ayuda del Gobierno.
Estamos convencidos de que eso solo se puede hacer desde el Poder Popular organizado. En Venezuela tenemos la fortuna de que el Poder Popular organizado tiene el apoyo del Gobierno nacional y una guía que es el Plan de la Patria. Insistiremos en llevar este ejemplo, que cada vez da mejores resultados, a estos escenarios. No es desde los gobiernos, no es desde las corporaciones transnacionales, es desde los pueblos como se puede afrontar. Esa es la posición que vamos a llevar, además de todas las recomendaciones que arroje este extraordinario Congreso Mundial por la Madre Tierra, que seguramente será muy enriquecedor.
Por Carlos Aznárez y Geraldina Colotti, Resumen Latinoamericano