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13.Oct.2025 / 10:37 am / Haga un comentario

Foto: Archivo

El comité noruego que asigna el Premio Nobel de la Paz persiste en su empeño en deteriorar cada año la imagen de un galardón que alguna vez pudo haber significado algo. Y este año sí que puso la torta concediendo el laurel a la guerrerista de extrema derecha (valga la redundancia) María Corina Machado.
Esta grosera decisión, tan grande y gruesa, presagia que, quizás, en 2026 los genios nórdicos tengan que escarbar bien profundo en la basura del mundillo político internacional para encontrar el expediente de Benjamín Netanyahu y así entregarle también a él el diploma, el medallón de oro y el millón de euros correspondiente a la “distinción” arriba mencionada.
Que se le haya dado el Nobel a la Machado, con todo lo devaluado del asunto, no fue una noticia muy bien recibida en la Casa Blanca. Mis fuentes que hacen vida en los pasillos contiguos al Salón Oval me cuentan que hubo gritos, insultos y golpes de escritorio. El emperador se quedó con el copete hecho y con un tono de piel más anaranjado que nunca, producto de la rabia y la frustración.
“Cómo es posible que, con todo lo que hemos hecho, con tanto apoyo financiero, logístico y propagandístico, esa señora me haga esto. Además, me hicieron a un lado por alguien que, aunque se crea ciudadana de mi país, es una hispana deportable, como cualquier otra de los espaldas mojadas que cruzan el río Bravo”, habría comentado el rey del norte. Tan indignado estaba que hubo que leerle comiquitas de Rico Mc Pato para que se calmara.
Tras la tormenta descrita por mis informantes habituales, la Casa Blanca emitió su opinión oficial sobre el tema que nos ocupa, con un tono que mezcla despecho y caradurismo: “El comité del Nobel interpuso la política a la paz”. Días antes, el mismo Donald Trump, en medio de su intensa campaña personal cuyo objetivo era quedarse con Nobel de la Paz, había predicho que se lo iban a dar “a alguien que no ha hecho nada”. Y, por cierto, a esa misma conclusión llegó también el presidente de la Federación de Rusia, quien añadió que decisiones como la comentada en esta columna han afectado la reputación del premio.
Tal vez lo sucedido deba leerse con la mirada orweliena de la novela 1984, donde la paz es guerra; y entonces, si esto es así, luce coherente que le entreguen su medalla y lo demás a quien lleva años invocando la muerte y la violencia.

Alfredo Carquez Saavedra

 

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