Noticias / Opinión / Stella Lugo

30.Ago.2016 / 07:12 am / Haga un comentario

Foto: Archivo

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La amenaza es la constante del accionar político en la derecha venezolana, identificada, ahora, como Mesa de Unidad Democrática (MUD). Desde que inició del proceso revolucionario, desde la elección del Comandante Supremo, Hugo Chávez, como Presidente de la República, ha mantenido una actitud chantajista, por la incapacidad de sobreponerse a la derrota de su hegemonía sobre el control del Estado que sostuvo en base a represión y manipulación durante más de cuarenta años.

La lógica popular que produjo la elección del Comandante Chávez como Jefe de Estado, y el destierro electoral de los partidos tradicionales AD y COPEI, debe ser reivindicada, para preservar la paz de nuestra Patria, las libertades democráticas y las profundas transformaciones alcanzadas durante estos 16 años de Revolución Bolivariana.

Es urgente y necesario mirarnos en el espejo del continente: Argentina, Brasil y Bolivia enfrentan una agresiva ofensiva de sus derechas, empujadas por la garra filuda del imperialismo estadounidense. En esos países, como en nuestra Venezuela, se levantaron los pueblos y eligieron gobiernos progresistas que cambiaron en pocos años los indicadores de miseria, pobreza, desempleo, analfabetismo, acceso a la salud, participación política y, sobre todo, oportunidades, libertades, percepción de paz.

Sin embargo, Argentina cayó nuevamente bajo el control del gobierno por parte de la derecha, producto de toda la ofensiva que desde los EEUU se emprendió para posicionar nuevamente a los antiguos cómplices y perpetradores de una de las más horrendas dictaduras que vivió América Latina.

Manipulando la interpretación colectiva lograron borrar la memoria histórica de una buena franja de la población electoralmente activa. Ahora, el pueblo argentino revive pesadillas: represión contra el movimiento popular, cárcel para líderes sociales que apunta a símbolos de lucha: Milagros Salas, dirigente indígena, y Hebe de Bonafini, luchadora incansable contra la barbarie de las desapariciones. Además, contrarreformas que tiran al suelo derechos para las y los trabajadores, estudiantes, campesinos y el ejercicio periodístico.

En la misma óptica se proyectan los acontecimientos en Brasil, donde no lograron manipular la lógica electoral, pero posicionaron un golpe de Estado parlamentario para despojar de la Presidencia a Dilma Rousseff. El autoproclamado Presidente interino, Michel Temer, no esperó un día de mandato cuando enristró su odio contra espacios que resumen reivindicaciones profundas: cultura y mujer. Esos fueron sus primeros flancos, para luego enfocarse contra los trabajadores y trabajadoras.

Ahora, el pueblo brasilero está en la calle, peleando lo que hace muchos años no tenía que pelear: derecho al trabajo, salarios dignos, capacidad adquisitiva, libertad para protestar, y muy especialmente: respeto a su decisión soberana en las urnas, pues la voluntad de millones eligió a Dilma como Presidenta, hecho que un puñado de congresistas quieren desconocer.

Y, nuestra hermana Bolivia, ahora en duelo, tras el asesinato con alevosía del Viceministro de Régimen Interior, Rodolfo Illanes, a manos de un grupo de mineros, que se levantaron violentamente contra decisiones soberanas del Gobierno de Evo Morales que buscan proteger a los trabajadores de la minería que laboran contratados por cooperativas; evitar que las transnacionales vuelvan a tomar control de las concesiones para la explotación de los recursos mineros y normas de protección al ecosistema.

Los mismos dedos que mueven los hilos de los retrocesos en Argentina y Brasil, mueven los hilos de estos hechos en Bolivia y están tras las marionetas que en Venezuela amenazan con manchar el mes de septiembre con sangre.

Por eso, desde este espacio semanal que ofrezco al pueblo falconiano para el análisis y discusión profunda de hechos que se van demarcando, en mi deber como primera autoridad política del estado, llamo al ejercicio de la memoria colectiva y al sacudón de la conciencia popular contra la macabra intención de la MUD, ya develada, de generar hechos violentos, tragedia para nuestro pueblo;  tan sólo para posicionar en la esfera internacional la matriz de que en Venezuela hay “dictadura”, “crisis humanitaria”, y justificar una intervención extranjera en nuestro suelo.

Estamos convencidas y convencidos de que nunca más se repetirá el 11 de Abril, nuestro pueblo jamás volverá a ser carne de cañón de los antiguos Adecos y Copeyanos, disfrazados hoy de MUD; mucho menos vamos a volver a ser pisoteados por los designios del imperialismo estadounidense. Hemos decidido ser soberanos, libres e independientes, y así seguiremos siendo.

En septiembre como en abril y como siempre, saldremos fortalecidos. ¡Venceremos!

 

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