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28.May.2018 / 08:57 am / Haga un comentario

Foto: Referencial

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Desde la llegada de Hugo Chávez al poder se inició la conspiración y el ataque a la Revolución de la embajada estadounidense. Nicolás Maduro y Hugo Chávez se han visto obligados a expulsar a un embajador, dos encargados de negocios, funcionarios y civiles y militares y a la DEA, acusados de intentos desestabilizadores

El presidente Nicolás Maduro anunció el pasado jueves al país en cadena nacional de radio y televisión, durante su investidura en la ANC como presidente electo, su decisión de expulsar al encargado de negocios de la Embajada de Estados Unidos, Todd Robinson, así como al jefe de la sección de política de esa embajada, Brian Naranjo. Ambos fueron acusados de injerencia en la política criolla y de andar metiéndose en los cuarteles en actividades de conspiración. Maduro en varias oportunidades lo había advertido.

“La Embajada de Estado Unidos es un nido de conspiración”, señaló recientemente.

La medida de expulsión de los diplomáticos es el último capítulo de las ya tensas relaciones entre el imperio del Norte y la patria de Simón Bolívar, vínculos que se han venido deteriorando paulatinamente desde que el comandante Hugo Chávez asumió el poder en 1999, dispuesto a construir una patria libre y soberana e independiente de cualquier poder hegemónico.

Todd Robinson se suma a una ya larga lista de diplomáticos estadounidenses y agregados militares que fueron invitados a irse de Venezuela por su vinculación, abierta o encubierta, con actividades conspirativas, “golpes suaves”, promoción de guarimbas, guerra económica e incitación a los militares venezolanos a que den un golpe, bajo el hiprócrita argumento de acabar con la dictadura, restaurar la democracia” y la libertad.

La salida de Robinson coincide con la imposición del Gobierno de Donald Trump de ajustar aún más el cinturón y cerco económico contra Venezuela, así como de las sanciones financieras dirigidas a asfixiar financieramente a Pdvsa internacionalmente.

Robinson, un funcionario diplomático afrodescendiente, periodista y experto en América Latina, duró muy poco en Venezuela. El 5 de diciembre de 2017, fue confirmado como el representante de los Estados Unidos en Venezuela, luego de desempeñarse como embajador en Guatemala hasta septiembre de ese año. Su mudanza a Caracas despertó ciertas suspicacias, ya que descendía de su cargo anterior como embajador a encargado de negocios. Pero mister Robinson venía a cumplir un trabajito y una encomienda, según sostienen analistas de prensa: echar al traste la Revolución Bolivariana.

A Robinson se le define como uno de esos diplomáticos estadounidenses especialistas en trabajar ante gobiernos incómodos de una manera limpia, es decir, si es posible, sin disparar un tiro, ni recurrir a métodos del pasado con golpes militares y dictaduras atroces.

“Guatemala fue en 2015 un polígono de prácticas. Allí probó este modelo cuyo propósito es intoxicar a la opinión pública y que la población piense que puede ser protagonista para cambiar cosas, pero cuidándose de que no vayan a tocar para nada el sistema… La bandera utilizada fue la lucha contra la corrupción y hacer creer a la gente que esa plaga es el origen de todas sus calamidades. Esta es la jugada maestra: utilizar algo que realmente existe, atribuirle la causa de los problemas, como la pobreza y las desigualdades, y lanzar a la población a las calles, con el apoyo de instituciones más o menos creíbles y de esta manera quitar de en medio a un gobierno que por una u otra molesta a Estados Unidos”, señala un artículo incluido en el portal web Cubadebate.

Robinson incluso ha declarado públicamente la opción abierta de golpe de Estado promovido por militares venezolanos.

Gringos, go home

Las relaciones entre Venezuela y Estados Unidos alcanzaron un punto álgido cuando el presidente Barack Obama, en marzo del 2015 ,declaró a Venezuela como “una amenaza inusual y extraordinaria”.

En septiembre del año pasado, el presidente Nicolás Maduro declaró que las relaciones con Estado Unidos estaban en su peor momento, luego de que Donal Trump había asomado la posibilidad de una invasión militar contra Venezuela.

Maduro dijo en conferencia de prensa que el objetivo de las élites estadounidenses es “ocupar militarmente y someter a Venezuela a los designios de sus trasnacionales y de los factores de poder”, pero descartó que su Gobierno vaya a ceder a los “chantajes” y a la “campaña de difamación mundial” que aseguró enfrenta Venezuela.

Por esos días, el Departamento de Estado de Estados Unidos, con la retórica que usualmente utiliza y el formato declarativo, expresó en un comunicado que mientras el Gobierno de Maduro siga comportándose como “una dictadura autoritaria” están dispuestos a colocar “todo el peso del poder económico y diplomático estadounidense” en apoyo al pueblo venezolano y su intento de restaurar su democracia.

En la seguidilla de roces diplomáticos, en marzo del 2013, Venezuela se vio obligada a expulsar de su territorio a dos agregados militares norteamericanos acusados de captar a oficiales criollos para sumarlos a un plan desestabilizador.

En septiembre de ese mismo año aplicó la misma medida a otros tres diplomáticos de la embajada, entre ellos a la encargada de negocios, Kelly Keiderling. Fueron acusados de relacionarse con la extrema derecha y propiciar el sabotaje eléctrico.
“Fuera de Venezuela. Gringos, go home”, señaló Nicolás Maduro durante un acto con militares.

A lavarse el paltó

Aunque la arremetida estadounidense contra Venezuela se intensifica con la llegada de Hugo Chávez al poder, ya en el siglo XIX, en 1818, todavía en los fragores de la guerra de independencia, el propio Libertador Simón Bolívar se vio precisado a darle un para’o al agente de los Estados Unidos de la América del Norte, señor B. Irving, cuando el ejército patriota detuvo dos embarcaciones de ese país que suministraban armas al bando español.

El Libertador se convirtió en el primer latinoamericano y venezolano en mandar al naciente coloso del norte a “lavar ese paltó” (aunque en ese tiempo no se usaba tal prenda de vestir). De aquellos años viene su consideración profética de que “Estados Unidos parece destinado por la Providencia a plagar de miseria a América Latina en nombre de la libertad”.

Chávez se refirió varias veces a este incidente leyendo la carta que Bolívar le dirigió al señor Irving.

Durante su mandato, el Comandante se vio obligado a tomar medidas drásticas y severas para frenar las constantes agresiones y conspiraciones tramadas desde la embajada estadounidense. Incluso los mandó a “lavar el paltó”, aunque en no pocas veces los aludió en términos más duros.

En una decisión sin precedentes. Chávez ordenó la expulsión de la DEA de Venezuela, también acusada de actividades conspirativas. Igualmente expulsó al embajador gringo Patrick Duddy en septiembre de 2008.

Un 24 de abril de 2005, Chávez puso fin a toda operación y a todo intercambio militar con Estados Unidos para ratificar el respeto a nuestra independencia y soberanía nacional.

Chávez expulsó igualmente a agregados militares que continuaban conspirando y ordenó que abandonaran la oficina de la que disponían en Fuerte Tiuna.

Correo del Orinoco

 

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