Opinión

Foto: Archivo
Mal augurio para el emperador: la escalera mecánica que prometía llevarlo tranquilamente a un nivel superior, se detuvo de golpe. Solo segundos antes, un grupo de personas menos pesadas la había utilizado, sin que presentara falla alguna.
Ahora, ante tan acto de sutil sabotaje, los agentes del servicio secreto buscan, por los amplios pasillos de la Organización de las Naciones Unidas, al responsable de tan inesperada acción, que hizo sudar al grosero mandamás de Washington y a su elegante, pero silenciosa esposa.
Y la cosa no paró allí. La jornada, que como ya se ha ilustrado no comenzó de la mejor manera para el mandatario estadounidense, empeoró cuando quien desde los años 80 ha coqueteado con las cámaras de televisión tropezó una vez más con lo que parece fue una pequeña rebelión de las máquinas. El telepromter (pantalla en la que una persona puede leer un guion o discurso mientras parece hacer contacto visual con la audiencia) se negó a funcionar ante la presencia de Donald Trump durante su intervención en el debate general del 80° Período de Sesiones de la Asamblea General de la ONU.
Pero no solo le protestan a su manera los equipos electrónicos y artefactos mecánicos. También la opinión pública del país norteño comienza a mostrar señales de hartazgo y rechazo ante la gestión del catire copetudo. No hay una sola encuesta que, a la fecha, muestre niveles de aceptación superiores a las calificaciones negativas expresadas por los ciudadanos. En todos las consultas (Real Clear Polling, Gallup, Reuters/Ipsos, AP, The Economist, Rasmussen Reports, Morning Consult y American Research Group) el presidente es sujeto de reprobación de entre 51 y 59 por ciento por parte del universo medido, según el diario USA Today.
Las dificultades de Donald a lo interno de su nación son cada vez mayores. ¿Con quién no ha peleado aún este señor que solamente se oye a sí mismo? Son muchos los frentes abiertos por su conducta saturada de ignorancia, mentiras, soberbia, supremacismo y xenofobia. En fin, el personaje, que suma todos esos antivalores a una personalidad inestable y agresiva, emana tan mala vibra que, como vimos al inicio de esta nota, hace detenerse a una escalera mecánica y fallar a un telepromter.
Alfredo Carquez Saavedra
alfredo.carquez@gmail.com
Caracas