Opinión / Freddy Gutiérrez

Foto: Cortesía
Por Freddy Gutiérrez
“Todo aquel que desee saber qué ocurrirá debe examinar que ha ocurrido. Todas las cosas de este mundo, en cualquier época, tienen su réplica en la antigüedad”.
Nicolás Maquiavelo.
¡Un saludo revolucionario a mis estimados (as) camaradas! Como es costumbre, vengo con un nuevo análisis, pero, como este será el primer artículo de un seriado sobre este tema, iniciaré con esta pregunta: ¿Por qué piensan que debemos conocer la historia del pasado racista de Estados Unidos (EEUU)? Respuesta breve: porque, este legado no solo ha moldeado las estructuras sociales, políticas y económicas de ese país, sino que, también reverbera en las dinámicas globales de desigualdad, discriminación y colonialismo.
Comprender esos antecedentes es esencial para desmantelar narrativas de excepcionalismo estadounidense, confrontar las injusticias persistentes y promover una verdadera reconciliación global. Además, es una advertencia sobre los peligros del nacionalismo excluyente y la supremacía racial, -fenómenos que resurgen en movimientos contemporáneos en distintas partes del mundo-. Ignorar ese pasado implica normalizar la opresión y perpetuar sistemas de privilegio, mientras que, reconocerlo, permite construir sociedades más justas y equitativas.
Les cuento esto porque, comprobé como el pasado racista de EEUU, está íntimamente ligado a sus políticas antimigrantes actuales, ya que, ambas, se sustentan en la exclusión basada en la racialización y la jerarquización de ciertos grupos. Desde las leyes de exclusión de chinos en el siglo XIX hasta las políticas de «América primero» y la criminalización de migrantes latinoamericanos en el presente, el patrón recurrente ha sido la construcción de un «otro» indeseable (antes afrodescendientes, indígenas o asiáticos); hoy, mayoritariamente migrantes del Sur Global. Por consiguiente, esa aterradora realidad en la que me sumergí investigando, permite comprender mejor las recientes políticas racistas del gobierno estadounidense contra la población migrante.
Por ejemplo, ¿Sabían que, durante los años 30, el régimen nazi estudió meticulosamente las políticas raciales de EEUU para diseñar su propia maquinaria de segregación y exterminio? Como documenta el historiador James Q. Whitman en Hitler’s American Model (2017), Adolf Hitler, admiraba abiertamente las leyes de Jim Crow, llegando a elogiar en el primer libro escrito por él, Mein Kampf (Mi lucha), las restricciones migratorias basadas en raza impuestas por EEUU. Heinrich Himmler, por su parte, estudió el sistema de reservas indígenas y las leyes anti mestizaje como modelos de «pureza racial”.
Las leyes Jim Crow, fueron un conjunto de normas raciales que existieron en EEUU, entre 1877 y 1965, principalmente en los estados del sur, para mantener la segregación legal entre blancos y negros. Bajo el lema «Separados pero iguales», estas leyes imponían la división entre personas blancas y negras, negándose a estas últimas, derechos básicos como: el acceso al voto, educación y servicios públicos dignos, matrimonios entre diferentes etnias y juicios justos, permitiendo incluso, múltiples linchamientos atroces -ejecutados por grupos y sectas supremacista blancas-. El nombre «Jim Crow» viene de un personaje racista de espectáculos que ridiculizaba a los negros. Y, aunque la esclavitud “había terminado”, esas leyes mantuvieron un sistema de opresión hasta que el Movimiento por los Derechos Civiles (con líderes como Martin Luther King Jr.) logró eliminarlas en los años 60. Sin embargo, el racismo en EEUU continua fuertemente arraigado. Como señaló W.E.B. Du Bois en su libro -publicado en 1903-, El alma del hombre negro: «El problema del siglo XX es el problema de la línea del color». Y no solo fue en el siglo XX: estas políticas inspiraron el apartheid sudafricano (1948-1994), cuyo arquitecto, Hendrik Verwoerd, reconoció haber tomado «lecciones» de la segregación estadounidense.
Ante esto, cabe preguntarse, camaradas: ¿Cómo puede un país con un pasado racista tan profundo, presentarse hoy, como un modelo de diversidad e inclusión, mientras se erige en juez de otros pueblos, vilipendiado naciones y dando lecciones sobre supuestos «derechos humanos»? La dicotomía es clara: la construcción de EEUU como nación, se consolidó sobre los pilares de la supremacía blanca. El genocidio de los pueblos originarios permitió su expansión territorial, mientras que la explotación de mano de obra esclava africana enriqueció a una pequeña élite blanca y aristocrática. Este doble crimen fundacional -exterminio y esclavitud- no fue un accidente histórico, sino el cimiento mismo del poder estadounidense.
A pesar de todo lo descrito, la población negra siempre ha luchado y resistido frente a una estructura social diseñada en su contra. El arte y la cultura han sido sus métodos de expresión y rebeldía revolucionaria, como forma de informar al mundo y a los mismos ciudadanos norteamericanos sobre la necesidad de una convivencia democrática y la creación de un mundo verdaderamente igualitario. Para validar esto, voy a recomendarles libros, canciones, películas y documentales y si bien, algunos de esos contenidos pudieran tener sesgos y concesiones comerciales, son de fácil acceso para comprender el fenómeno.
En la literatura, por ejemplo, encontramos la brillantez del genial James Baldwin, sus angustias miedos y pensamiento revolucionarios quedaron registrados en un hermoso documental de Raoul Peck “Yo no soy tu negro” (2016), que narra la vida del famoso intelectual afroamericano. Por su parte, superestrellas como Harry Belafonte y Sidney Portier, fungieron como importantes figuras fílmicas que desafiaron una industria cinematográfica racista, que siempre utilizó a la población negra como una caricatura o un enemigo interno al que derrotar. En la lucha, abiertamente política se erige, por un lado, el sueño pacifista e integrador de Martin Luther King Jr., cuyo discurso se fundamentaba en la no violencia, la hermandad entre los pueblos y la posibilidad de una sociedad igualitaria construida a través del amor y la desobediencia civil.
Por otro lado, emergió la postura radical y revolucionaria de Malcolm X, quien, con su elocuencia incisiva y su crítica sin concesiones al sistema, denunciaba el racismo estructural y defendía el derecho a la autodefensa. Entre estos dos polos, las Panteras Negras (1966) representaron una síntesis práctica de resistencia, combinando programas comunitarios de asistencia social con una postura firme contra la brutalidad policial. Su plataforma de «Diez Puntos» no solo exigía el fin de la opresión, sino que proponía alternativas concretas como comedores infantiles gratuitos y clínicas médicas comunitarias, demostrando que la revolución podía construirse desde lo cotidiano.
Para profundizar sobre lo anterior, les recomiendo la película «Judas y el mesías negro», dirigida por Shaka King, que, no se limita a narrar la historia del carismático líder del Partido Panteras Negras, Fred Hampton, sino que inteligentemente la entrelaza con la perspectiva de William O’Neal, el informante del FBI que infiltró su círculo íntimo. Esta dualidad narrativa, lejos de diluir el mensaje, lo intensifica, exponiendo las complejas dinámicas de poder y las devastadoras consecuencias de la opresión sistémica. Podrá verse, como se destruye física y moralmente, paso a paso, a todo un movimiento social, en una película que, no solo ilumina un capítulo crucial de la historia afroamericana, sino que, también resuena con dolorosa actualidad, invitando a la reflexión sobre las tácticas de desestabilización y la persistente lucha por la igualdad racial. Se trata de un cine visceral y trascendente, una obra que, sin duda alguna, perdurará en la memoria.
En el ámbito cultural, el blues, el soul y el jazz, se convirtieron en poderosos vehículos de denuncia. Billie Holiday, con su estremecedora «Strange Fruit» (1939), musicalizó el horror de los linchamientos con una crudeza que resonó en la conciencia nacional. Para ilustrar esto, aquí les dejo un fragmento de la letra de esta canción…
Fruta Extraña
Strange Fruit
Los árboles del sur dan frutos extraños
Southern trees bear strange fruit
Sangre en las hojas y sangre en la raíz
Blood on the leaves and blood at the root
Cuerpos negros balanceándose con la brisa del sur
Black bodies swinging in the southern breeze
Extraña fruta colgando de los álamos
Strange fruit hanging from the poplar trees
Escena pastoral del galante sur
Pastoral scene of the gallant south
Los ojos abultados y la boca retorcida
The bulging eyes and the twisted mouth
Aroma de magnolias, dulce y fresco
Scent of magnolias, sweet and fresh
Entonces el repentino olor a carne quemada
Then the sudden smell of burning flesh
Aquí hay fruta para que los cuervos devoren
…Here is a fruit for the crows to pluck
Para que la lluvia los junte, para que el viento los seque
For the rain to gather, for the wind to suck
Para que el sol los pudra, para que caigan de los árboles
For the Sun to rot, for the trees to drop
Aquí hay una cosecha extraña y amarga
Here is a strange and bitter crop (…)
La historia de esta cantante puede verse en la película “The United States vs. Billie Holiday” (2021), dirigida por Lee Daniels. Es un retrato crudo y apasionado de la legendaria cantante de jazz y su persecución por parte del gobierno estadounidense. Se denuncia el racismo sistémico y la instrumentalización de la guerra contra las drogas, en una cinta que demuestra el coraje de una artista que se negó a ser silenciada. Se trata de una obra significativa, digna de ser vista.
Otro estremecedor caso: Nina Simone, la «sacerdotisa del soul», quien transformó su arte en arma política con canciones como «Mississippi Goddam» (1964), respuesta visceral al atentado de la iglesia de Birmingham que mató a cuatro niñas negras. Aquí un trozo de este tema…
Mississippi Goddam
Maldición de Mississippi
(…) Ponte de pie ser contado con todo el resto
Stand up be counted with all the rest
Porque todo el mundo sabe acerca de Mississippi
For everybody knows about Mississippi goddam
Te hice pensar que estaba bromeando, ¿verdad?
I made you thought I was kiddin’ didn’t we
Líneas de piquet
Picketlines
Boicots escolares
School boycotts
Tratan de decir que es un complot comunista
They try to say it’s a communist plot
Todo lo que quiero es igualdad
All I want is equality
Por mi hermana mi hermano mi pueblo y yo
For my sister my brother my people and me (…)
Hay que recordar también a Sam Cooke, con «A Change Is Gonna Come» (1964), que, capturó tanto la desesperación como la esperanza de una generación que anhelaba justicia, con este conocido tema, del cual les dejo una parte…
Un Cambio Va a Venir
A Change Is Gonna Come
(…) Ha sido muy duro vivir, pero tengo miedo de morir
It’s been too hard living but I’m afraid to die
Porque no sé qué hay allá arriba más allá del cielo
Cause I don’t know what’s up there beyond the sky
Ha tardado mucho, mucho tiempo en venir
It’s been a long, a long time coming
Pero sé que llegará un cambio, oh sí lo hará
But I know a change gonna come, oh yes it will
Voy al cine y voy al centro de la ciudad
I go to the movie and I go downtown
Alguien sigue diciéndome que no te quedes
Somebody keep telling me don’t hang around
Ha pasado mucho, mucho tiempo
It’s been a long, a long time coming
Pero sé que vendrá un cambio, oh sí lo hará
But I know a change gonna come, oh yes it will
Luego voy a ver a mi hermano
Then I go to my brother
Y digo: Hermano ayúdame, por favor
And I say: Brother help me please
Pero me acaba derribando
But he winds up knockin’ me
De rodillas otra vez
Back down on my knees (…)
¿Qué piensan que pasó con las personas y los artistas aquí mencionados?
¡Continuaré con este álgido tema en mis próximos artículos!
Un abrazo fraterno camaradas.
PD: Todas las canciones se consigu
en con subtítulos en YouTube, por favor, escúchenlas.
Freddy J. Gutiérrez González
@freddygutierrezgonzalez