Opinión / Noticias

Por Irán Aguilera
La verdadera conciencia de clase no es un concepto abstracto que se adquiere en catecismos; es un proceso vivo. Los trabajadores y las trabajadoras la alcanzan cuando, desde su posición de clase, son capaces de identificar sus propios intereses con independencia. Sin embargo, esta conciencia serviría de poco —o peor, resultaría contraproducente— si no se comprende dentro de la complejidad concreta en la que se desarrolla toda lucha social.
En una nación como la nuestra, asediada por el imperialismo, la conciencia de clase impone el deber de ser conciencia situada. Esto significa que la lucha de clases debe situarse en el tablero real, en la lucha por la soberanía nacional, donde se juega el destino de la Patria. Es aquí donde se comprende que el enemigo no se reduce a un patrono local, sino que es un sistema global: ese imperialismo. Por ello, es imperativo integrar la lucha por reivindicaciones particulares con la lucha de toda la nación.
Aterrizando en la realidad, la clase trabajadora al comprender su papel fundamental en la producción dentro de la irreconciliable relación capital-trabajo, se topa, necesariamente, con una contradicción insoslayable: imperio-nación. Y esta es ineludible, pues avasalla. Es la forma principal en que se encarna la lucha de clases en la actualidad. Hoy vemos cómo ese imperialismo se despliega a escala global para imponer su dominación, donde las agresiones económicas y militares son sus puntas de lanza. No son frentes de lucha aislados. La liberación nacional y la liberación de clase son dos formas de la misma lucha contra ese enemigo común.
En el contexto de la Revolución Bolivariana hay que concentrarse en la defensa de la Patria frente a la agresión externa. Vital es cuidarse de no caer en las redes del «vulgar economicismo», trampa muy maliciosa que arma la derecha pro-imperialista con la intención de instrumentalizar las necesidades populares contra el Gobierno Bolivariano. Hoy esa extrema derecha busca manipular a la clase obrera enarbolando reivindicaciones demagógicas, cuando ese mismo sector, apátrida, sostiene como bandera las «sanciones», con las que pulverizó el salario y buscó la destrucción económica del país.
Hoy vemos también cómo la verdadera lucha consecuente se expresa, con mucha fuerza, en la Gran Peregrinación Nacional contra las medidas coercitivas unilaterales. Es la respuesta de un pueblo que entiende que esas “sanciones” han sido instrumento para pulverizar el salario y desmantelar las conquistas sociales logradas en Revolución. Con tales “sanciones” tratan de someter a Venezuela y, de paso, disciplinar a una clase trabajadora que decidió, desde hace 27 años, romper las cadenas opresoras.
Lo revolucionario es esta lucha en defensa de los más altos intereses de Venezuela, la cual, en la actualidad, está integrando a los más amplios y diversos sectores patriotas, en un incansable esfuerzo de búsqueda de consensos nacionales.
Poner fin a la agresión brutal que ya supera los 13 años es la única vía para consolidar la senda de la prosperidad social y el crecimiento sostenido que con mucho esfuerzo ha retomado el país, y que lo podemos ver de manera fehaciente en el histórico incremento salarial, anunciado el día de ayer, 30 de abril, por la presidenta encargada Delcy Rodríguez. Sin duda, la unidad inquebrantable en torno al Tricolor Patrio permitirá seguir avanzando y venciendo.
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Barcelona / Edo. Anzoátegui