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4.Ene.2016 / 01:49 pm / Haga un comentario

Foto: Misión Verdad

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En Venezuela las leyes se dictan o promulgan en la Asamblea Nacional, esa instancia que hoy está en manos de los poderes proempresariales y prohegemónicos. Los revolucionarios de este país deberíamos estarnos preparando para analizar esas eventuales leyes y desconocerlas, en caso de que superen el filtro de la aprobación presidencial.

Sería incongruente y trágico aceptar dócilmente una legalidad que nos hiciera regresar a la ignominia de la Cuarta República, ese mamotreto de la historia que puede quedar superado en perversidad y decadencia por un engendro en proyecto: la Sexta República.

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Aquí arriba se dijo: “en caso de que (las leyes que vienen) superen el filtro de la aprobación presidencial”, porque la cosa es así. La Asamblea emite leyes y las envía al Poder Ejecutivo. Éste las devuelve aprobadas o con observaciones. De la misma manera, el Ejecutivo debe solicitar el visto bueno de la Asamblea para poder ejecutar algunas acciones de Gobierno. Si cada una de esas instancias del Estado se mantiene firme en su decisión de no permitirle a la otra cumplir su rol, en Venezuela será técnica y procedimentalmente imposible legislar (misión de la Asamblea) y gobernar (misión del Ejecutivo). Estaremos entonces a las puertas de una situación en la que el tercer actor, el más importante y decisivo de los factores del Estado (el Poder Popular, los ciudadanos, usted y yo) deberá fijar posición respecto a la legitimidad de las acciones de sus mandatarios.

Por ahí ya algunos analistas burgueses han comenzado a hablar de una eventual “crisis de Estado”. Cada quien llama a las cosas con el nombre que mejor le parece.

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En los ámbitos de la comunicación y de la política a nadie, o a muy poca gente, le gusta admitir que hay momentos en que la única opción decente es ponerse al margen o en contra de las leyes. Demasiadas clases o explicaciones acerca de lo que son la moral y su escurridiza hermana, la ética; muchas invocaciones del castigo terrenal o divino que le espera al que infringe las leyes y normas, han hecho que nos olvidemos de un detallazo: la historia no se movería, las sociedades se habrían anquilosado, las revoluciones no hubieran sido posibles, de no ser porque hubo personas y colectividades que decidieron romper un día con las malditas normas y las malditas leyes.

La esclavitud era la norma, lo legalmente establecido, en la Venezuela colonial; por ponerse en contra de ese estado de cosas fueron ejecutados José Leonardo Chirino y muchos otros. En su época los llamaban delincuentes; tuvo que llegar otra sociedad para que esos delincuentes fueran reivindicados como paladines de nuevos tiempos.

El caso es que nadie, o muy poca gente, anda por ahí diciendo “Eh, mírenme, yo soy un delincuente, ando haciendo cosas ilegales”. Pero si los promotores, gestores o germinadores de la Sexta República comienzan a hacer de las suyas y a imponer leyes contra el pueblo, habrá que declararse ilegal y actuar en consecuencia. En contra de las leyes. De ser activadores y constructores de instituciones pasaremos a ser criminales; probablemente ya nos espera el calificativo de terroristas. Habrá quienes estemos preparados para ese momento y esa circunstancia, y habrá quienes opten por amoldarse a lo que digan las “nuevas” leyes. La estrofa que truena “la ley respetando” es un lastre que pesa mucho sobre nuestro comportamiento ciudadano.

Decir “Me meo en tus leyes” puede sonarle muy feo incluso a gente que se considera revolucionaria sin saber o haber entendido exactamente qué cosa es una Revolución. Hoy los chavistas apoyamos por unanimidad y con entusiasmo el proyecto de Estado Comunal propuesto por Chávez. ¿Cuántos estamos dispuestos a seguir construyendo ese Estado Comunal incluso cuando la AN elimine de un plumazo la Ley de Consejos Comunales y la Ley de Comunas? ¿Tendremos fuelle para seguir construyendo la otra sociedad en la clandestinidad e ilegalmente, o nos plegaremos a las leyes burguesas que nos ordenarán cederle todo el aparato productivo a la empresa privada?

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Hemos hablado de un fantasma llamado “Sexta República” como si eso existiera. Ya sabemos que el nacimiento de ese monstruo sólo será posible si sus activadores asesinan al neonato que estamos levantando, llamado según la periodización de Chávez Quinta República. Digamos que, como sucede en la industria cinematográfica, la Sexta todavía no está en cartelera pero ya andan por ahí rodando los “trailers”. Y esos trailers anuncian una película de espanto.

Alguna gente cree que lo peor que ha pasado por el Gobierno han sido los adecos (del lado de allá dicen que lo peor somos los chavistas). Esa gente debería prepararse para descender a los infiernos de un Gobierno de empresarios y norteamericanos. No de chapuceros palabreadores marginales que le hacen el trabajo a los gringos y empresarios (eso fueron AD-Copei), sino de empresarios y ejecutores norteamericanos en el control directo de las instituciones y el aparato represivo-militar. No hemos visto llaga; hace muchos años que los venezolanos no presenciamos o padecemos en nuestro territorio desapariciones en masa ni genocidios.
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Como estos combates donde quedará inevitablemente lesionada la majestad del ordenamiento jurídico no se limitan al ámbito de la palabra o los movimientos tribunalicios, el año que comienza le plantea al pueblo chavista y a su Gobierno unos desafíos concretos, y en general bastante dramáticos, no aptos para amantes del confort. Estos desafíos deberían formularse sin complejos, a la luz de algunas evidencias provenientes de la República Argentina y de la jeta infecta de Ramos Allup y Julio Borges. Creo que esos desafíos, misiones y tareas se comprimen y desarrollan en dos:

1) Defensa del Gobierno Bolivariano, COMO SEA.
2) Creación y/o fortalecimiento de estructuras comunales/populares autosustentables, al margen del Estado.

El punto 1) está en marcha con toda la potencia de un Estado y un partido. El segundo es el más interesante de desmenuzar.

La creación o consolidación de formas productivas/organizativas dentro del esquema o concepto Estado Comunal debe seguir siendo prioridad del Gobierno, y por supuesto de nosotros, el pueblo chavista. La historia menuda de estos años nos está dando algunas lecciones, y una de ellas se titula: “NO PODEMOS SEGUIR ALIMENTANDO Y BLINDANDO ORGANISMOS DESTINADOS A PERMANECER DENTRO DEL ESTADO, PUES ÉSTE ES SUSCEPTIBLE DE CAER EN MANOS DEL ENEMIGO”.

Los argumentos más visibles en favor de esa lectura tal vez se llamen Ávila TV, Antv, Telesur. Creamos esas poderosísimas armas y hemos tenido que hacer maniobras leguleyas para que no caigan en manos de nuestro adversario histórico, autóctono o transnacional. Dice la Historia (y no sólo la menuda) que lo único perdurable o con vocación de permanencia es lo que se pone en manos de comunidades y organizaciones del pueblo. El fragmento del Estado tradicional que todavía está en manos del chavismo debería acelerar la creación de ese Estado u ordenamiento paralelo. Ese Estado en formación ya tiene parlamentos, bancos comunales y unos cuantos bienes patrimoniales. Parece que ninguno cuenta con una estructura militar o de seguridad suficiente para defender por las malas lo que por las malas vendrán a desbaratar las fuerzas de la reacción.

¿Para cuándo la discusión acerca de la real operatividad de las milicias del pueblo?

¿Para cuándo una transferencia masiva de bienes, medios de producción y organizaciones desde el Estado hacia el pueblo y sus formas organizativas?

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Las Comunas deberían ser estructuras capaces de sobrevivir al margen del Estado y del Gobierno, e incluso seguir funcionando como ámbitos de retaguardia y resistencia, a la hora de un colapso institucional, cuando el Gobierno Bolivariano cese en funciones constitucionalmente o por la fuerza. Deberíamos ser capaces entonces de crear y consolidar estructuras autosustentables y autosuficientes. Estamos en una etapa muy temprana de nuestra historia comunera, y esta es la razón por la que todavía existe un ministerio encargado de financiar el arranque de los proyectos productivos de las Comunas. Pero en un futuro sería una aberración que las Comunas y otras organizaciones y medios de producción siguieran dependiendo del financiamiento del Estado u otras entidades.

Recuerdo a un Chávez furioso porque el administrador de uno de los gigantescos hatos de Apure recuperados por el Gobierno le solicitó recursos para pagar la nómina. La réplica de Chávez fue más o menos en estos términos: “Hermano, el hato que usted administra debería estar tributándole al Gobierno con su producción lechera y cárnica”.

Por cierto que los terratenientes y latifundistas ya están haciendo lobby y metiendo presión para que sea derogada la Ley de Tierras, con lo cual los hatos rescatados por el Gobierno comenzarán a transitar el proceso de su “devolución” a familias y grupos de poder. ¿Aceptaremos ese retroceso histórico? Peor: ¿estaremos preparados para reivindicar las leyes de la Revolución y defender de cuerpo presente a los campesinos (que si con leyes a favor han sido masacrados imagínense ahora con leyes en contra)?

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Post data. Desde hace años es evidente el proceso de proscripción y criminalización del chavismo en las tribunas políticas, económicas y mediáticas internacionales. En estas últimas se está dando, también desde hace tiempo, un simpático formato de promoción de figuras insignificantes e inorgánicas, a quienes se promueve en la prensa más influyente de Europa y EEUU como grandes pensadores y analistas, con el único fin de darle validez a cualquier teoría enferma que formule contra el chavismo y contra los venezolanos.

Esto ocurrió en diciembre pasado en las páginas de Newsweek en español (http://nwnoticias.com/#!/noticias/venezuela-la-embriaguez-de-la-victoria). Un maldito racista nazi, idiota de academia, quien es profesor de la Universidad Simón Bolívar y hace un lustro andaba autopromoviéndose como “intelectual de izquierda”, ha sido entrevistado a propósito de sus opiniones sobre los resultados electorales del 6 de diciembre, y a propósito también de lo que él define como la destrucción del chavismo. Dice este bobo que el chavismo se ha dividido en tres pedazos: uno dirigido o encabezado por los ex ministros Navarro y Giordani, además del club Marea Socialista; otro conformado por los militares con Arias Cárdenas al mando (dime tú). Y el tercer grupo (y aquí vamos a autorizar para que suelten la carcajada incluso a aquellos que nos detestan, pero que al menos conocen el país en que vivimos), representado por quien escribe este artículo y por “El Cayapo, Misión Boves, colectivos, organizaciones populares”. Dice el estúpido en cuestión que “Este grupo es el más inefectivo políticamente, pero el más peligroso socialmente porque no acepta de buen grado los principios de la democracia representativa”.

Atención con la maniobra: todo el mundo en Venezuela sabe que ni Giordani ni Arias Cárdenas ni el hijo de Ezio Duque somos dirigentes ni representantes de nada trascendente o “peligroso” en nuestro país. Pero cuando usted da unas declaraciones en la revista más consultada de nuestro idioma en Estados Unidos, y es presentado por la entrevistadora como un “influyente catedrático venezolano”, la declaración de este pequeño hijo de puta deja de ser un chiste inofensivo y pasa a ser una delación, un fichaje, un señalamiento que le servirá de material de consulta a lo peor de la más grande industria del aniquilamiento de personas.

Volvemos arriba y redondeamos: ¿de verdad somos TAN peligrosos por opinar que las leyes burguesas deben ser desconocidas y confrontadas en el seno del pueblo? Chávez nos propuso ser voceros y participantes, no representantes ni representados. Entonces ya somos millones los peligrosos, los rebeldes, y esos millones no aceptaremos (tampoco) la representación de ningún echador de discursos.

José Roberto Duque

Misión Verdad

 

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