Memorias / Noticias

Foto: Archivo

El 3 de septiembre de 1905 nació en tierra barinesa el abogado, educador y poeta, Alberto Arvelo Torrealba. Nacido y criado entre poetas, Arvelo, con sus versos reflejó la hermosura e inmensidad de la flora y fauna del llano, además de expresar en sus letras las leyendas y costumbre propias del llanero venezolano.

Con su célebre poema Florentino y el Diablo, inmortalizó el duelo criollo entre el bien y el mal.

Hijo de Atilia Torrealba de Arvelo, una importante poetisa de la ciudad llanera y de Pompeyo Arvelo, cursó estudios de primaria en su ciudad natal y luego en Caracas culmina sus estudios de bachillerato en el año de 1927. Posteriormente estudió derecho y ciencias políticas en la Universidad Central de Venezuela (UCV).

Se le conoció como el “aeda del llano” y así publicó su primer volumen de versos, Música de cuatro, en 1928. Entre los años de 1935-1936 se dedicó a la docencia, impartiendo clases de castellano y literatura en varios colegios y liceos de la zona metropolitana de Caracas.

En el año de 1940 fue nombrado presidente del Consejo Técnico de Educación, en este mismo año también se publicó sus Glosas al Cancionero, que constituye un modelo de poesía con raíz popular y en donde, además, publicó la primera versión de su poema Florentino y el diablo. De la misma manera, durante varios años ocupó diversos cargos políticos como presidente del estado Barinas, miembro de la Corte de Apelación, embajador de Venezuela en Bolivia y en Italia, también fue ministro de Agricultura y Cría.

La gran popularidad de sus versos y escritos lo llevaron a recibir galardones como el Premio Nacional de Literatura, mención Prosa, por su ensayo: Lazo Martí: vigencia en lejanía. Otras obras destacadas de éste personaje fueron: Música de cuatro (1928), Cantas (1932), Glosas al cancionero (1940), Florentino y el Diablo (1940/1957) y Caminos que andan (1952).

Sin duda lo que marcó a Torrealba fue la riqueza creativa en cada una de sus creaciones, su sentir por el llano, sus versos que dibujan imágenes hermosísimas en la imaginación, aunque a menudo de difícil comprensión, estas nos reseñan la singularidad, simpleza y belleza de la naturaleza venezolana.

Con el mazo dando

 

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